17/08/2015 Psicoanálisis

“La adolescencia está ligada a la época; la pubertad, según Freud, no”

En El adolescente actual. Nociones clínicas, la psicoanalista y editora Damasia Amadeo de Freda expone ese concepto -y sus articulaciones pertinentes- en las obras de Freud y Lacan, diferenciando la adolescencia de la pubertad, en este caso como el segundo momento de la vida sexual del sujeto.

Por Pablo E. Chacón


El libro, publicado por la editorial de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), lleva un prólogo de Jacques-Alain Miller.

Esta es la conversación que la autora, miembro de la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP), sostuvo con Télam.

- T : En principio, ¿cuál es el adolescente freudiano si Freud mismo evita el uso del término adolescente? ¿Freud adolescente es una clave? ¿Freud mismo no habla de pubertad -incluso como etapa crítica- pero cuidándose de generalizar, hasta en el mito de la horda?
- DA : Freud utiliza el término adolescente. Es cierto también que, al menos en las versiones de sus textos en castellano, utiliza también otros términos como joven, muchacho o muchacha. Son muchos los ejemplos en los que encontramos el término adolescente: en el caso Dora, en Un trastorno de la memoria en la Acrópolis, en Tótem y tabú, entre otros.
Sí, Freud adolescente es una clave que nos permitiría orientar ciertas investigaciones sobre el destino de dicha noción a partir de los efectos de los progresos de la ciencia.
En Freud encontramos una diferencia muy marcada entre pubertad y adolescencia. La pubertad implica un corte, un momento preciso en el tiempo, en el cual se producen transformaciones biológicas y psíquicas. Freud descubre y teoriza las consecuencias psíquicas que la biología introduce en la pubertad e indica que los seres humanos tienen que empezar dos veces la vida sexual, la primera vez en la niñez y la segunda en la pubertad. Esa es una indicación muy precisa de Freud. En cambio, en sus textos, la adolescencia se refiere más bien a un momento de pasaje y de desidentificación, sin dar mayores precisiones. La adolescencia sería más bien una posición subjetiva marcada por múltiples variables.
Sería interesante investigar el camino que ha hecho en los últimos tiempos la palabra adolescente. Tal vez el adolescente contemporáneo no sea el mismo que el adolescente freudiano. La adolescencia está ligada a la época, la pubertad, según Freud, no.
- T : ¿Cómo entiende el psicoanálisis los síntomas contemporáneos en función del declive del Nombre del Padre, precisando que la psicología estructura su organización discursiva alrededor del Padre y el psicoanálisis alrededor de la pluralidad de los nombres del padre?
- A : En Freud, la función del padre es central. En Lacan, hay una redefinición del padre; el padre pierde consistencia, lo cual crea un orden de significación diferente.
El problema que se le plantea al psicoanálisis es la nueva definición del síntoma introducida por Lacan. Ya no se trata del síntoma como una satisfacción sustitutiva, sino como aquello que le permite a la estructura real, simbólica e imaginaria mantenerse anudada. El síntoma contemporáneo tiene esa función, la de reparar un lapsus -como Lacan lo indica- en unos de los tres registros.
- T : ¿Qué paso da Lacan respecto de Freud en relación al padre? ¿Podría entenderse, también, si se leyera La psicología de las masas... como un anuncio de la mutación que la masa freudiana experimenta en tiempos de los Unos-solos?
- A : Creo que su propuesta de lectura de La psicología de las masas… es muy acertada. Tal vez vivamos en la época de una masa de Unos-solos, lo cual no quiere decir que los Unos-solos no constituyan una masa ordenada por un significante que los orienta. En el fondo, no hay dispersión. Mi idea es que hoy en día la religión cumple la función de aglutinar los Unos-solos. Es por eso que hay hoy guerras de religiones en el mundo. Seguramente haya detrás la ilusión de una religión Una.
- T : ¿De qué trata la adolescencia prolongada? ¿Algo que ver con el empuje al consumo, es decir, con una política?
- A : Es más prolongada la adolescencia y también es más prolongada la vejez; la vida misma es más prolongada. Este hecho está ligado al progreso de la ciencia. La ciencia permite prolongar la vida, luego, cada etapa va a extenderse en el tiempo. Quizá la niñez sea la única etapa que tienda a acortarse. Aunque, hasta no hace tanto tiempo, la niñez se abandonaba para dar paso rápidamente a la adultez. Hoy, la adolescencia abarca una porción muy importante del tiempo de la vida, y vemos cómo repercute en lo social. Por ejemplo, en el campo del saber, la formación profesional es cada vez más larga. Y esto incide directamente en el retraso de la entrada en la adultez.
El progreso de la ciencia va de la mano de la técnica, y esta, a su vez, se introduce en el mercado. Ciertamente, el adolescente es un público privilegiado para la política de consumo propia al capitalismo. Y si la adolescencia se prolonga, es bienvenida para dicha política.
- T : Si fuera así, la adolescencia sería una suerte de categoría social. Las nuevas tecnologías de la comunicación, la violencia extrema, las comunidades de pertenencia, la militancia, las politoxicomanías, ¿también serían, entonces, categorías sociales?
- A : La adolescencia es una categoría social que debe ser completada con los elementos freudianos de la pubertad. Es lo que me demuestra mi experiencia.
Lo que usted llama categorías sociales, que como bien sabe hay muchas más, tienen una función muy precisa que es la de reagrupar bajo un nombre una multitud de Unos. Lo social –como indica Lacan- viene a suplantar la carencia de la función del Nombre del Padre.
- T : Oscura es la diferencia, si existe, entre adolescente femenina y adolescente masculino ¿Cómo pensar eso en una época que borronea las diferencias, al menos, en la superficie?
- A : Es verdad que hay una tendencia a borrar las diferencias. Aparece el unisex, día a día se multiplican los géneros. Los progresos sociales deben haber contribuido a la situación actual: los feminismos, las luchas por la igualdad de derechos. El declive del Nombre del Padre no está desvinculado de este movimiento y contribuye a desdibujar la diferencia hombre-mujer. Y es cierto también que los adolescentes son quienes mejor reflejan esa borradura en la diferencia sexual. Lo que no se puede medir completamente hoy en día son las consecuencias del borramiento de la diferencia. (Télam).-

pch