13/08/2015 Elvio Gandolfo

La mujer de su vida

En La mujer de mi vida. Notas y margaritas, el narrador, poeta y periodista cultural Elvio Gandolfo recopila la mayor parte de los textos que publicó en la revista homónima, trufados, la mayoría, de un singular sentido del humor y una envidiable oportunidad para decir su verdad de manera inquietante pero jamás agresiva.

Por Pablo E. Chacn

El libro, publicado por la editorial marplatense Letra Sudaca, está dedicado al escritor Sergio Olguín, gran animador de proyectos culturales y autor de novelas diversas, uno de los ideólogos de aquella revista y de varias otras.
 
Gandolfo nació en Rosario en 1947; vivió en su ciudad natal, en Buenos Aires y en Montevideo. Junto a su padre, Francisco, dirigió y editó la revista El lagrimal trifurca. Colaborador de la mayoría de las aventuras intelectuales de esta zona del continente, entre sus libros se destacan Dos mujeres, Ferrocarriles Argentinos, Cuando Lidia vivía se quería morir y El año de Stevenson. Primer trimestre.
 
Este es el diálogo que sostuvo con Télam.
T : ¿Cuál es la mujer de tu vida, Gandolfo?
EG : Cuando tuvimos que elegir la tapa, yo había apartado fotos de Claudia Cardinale (vestida de cowboy y con un rifle), de Jeanne Moureau (joven, en un auto viejo con el vidrio de la ventanilla partido), las dos en blanco y negro. Y una de Marilyn Monroe sin nada de glamour, melancólica, en colores. Increíblemente, uno de los dos editores había elegido la misma, y esa fue la que pusimos. Por otra parte todo varón, si tiene suerte (la tuve) tiene una primera mujer de su vida que es la madre. En el propio libro hay un texto acerca de las mujeres de mi vida. No quiero quemarlo con más datos. Búsquenlo y leánlo.
 
T : ¿Cómo nació la idea de esta antología? ¿Hubiera dado para hacerla más amplia?
G : Al tener tiempo libre adicional cuando dejé de trabajar en el diario El País, me puse a buscar material de las distintas revistas en las que trabajé. Me gustaron las columnas de la revista La mujer de mi vida, y la armé, sacando unas pocas por razones de desajuste temporal. O sea que no habría dado para hacerla más amplia.
 
T : ¿Por qué creés que casi ya no existen las revistas culturales? ¿Es culpa, digamos, sólo de la revolución digital?
G : Ha habido una gran promoción del fin de lo impreso, y una gran disposición a creerlo, aunque los tirajes concretos en libros siguen siendo altos. Es un fenómeno parecido -aunque distinto- al del cine: nunca se recaudó tanto, y nunca tuvieron un nivel más boludo las películas tomadas en su conjunto. Hay algunos blogs (desde la ciudad sin cines), o revistas (Paco) que se pueden mirar. Entre otras causas creo que todos estamos consumiendo tantos dvds o netflixes o música digital o e-books, que cuando podríamos pensar en hacer una revista, nos quedamos dormidos de puro cansancio.
 
T : ¿Algún libro tuyo en gateras?
G : Hace un par de meses terminé una novela que quedó bastante bien, todavía sin título. Medio corta, medio autobiográfica. Y voy escribiendo de a poco el segundo trimestre de El año de Stevenson, mi libro de poesía.
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