08/08/2015 En primera persona

Fernando Aínsa, rastreador de utopías

Tras cuatro décadas de investigación sobre el tema de la "utopía" como pensamiento alternativo y motor de la historia, el escritor uruguayo Fernando Aínsa, resume el camino de sus indagaciones en el ensayo "Los senderos de la utopía también se bifurcan", incluido en el libro En primera persona. Testimonios desde la utopía.

Por Jorge Boccanera

Aínsa da cuenta en este volumen -coordinado por la ensayista y catedrática argentina María González de Oleaga para NED, sello de editorial Gedisa- de una búsqueda que fue plasmando en una obra copiosa, con libros como Los buscadores de la utopía; Necesidad de la utopía; Del topos al logos y La reconstrucción de la Utopía

Nacido en España en 1937 y nacionalizado uruguayo, Aínsa, poeta, ensayista y narrador, que ha reflexionado sobre los imaginarios utópicos inscriptos en la literatura y en la búsqueda de una identidad americana, mantuvo el siguiente diálogo con Télam.

Telam: ¿Cuándo empezó a escribir e investigar sobre este tema?
Aínsa: Cuando creí descubrir en la ficción y la poesía latinoamericana una intención utópica, idea que fui articulando en artículos y plantee en forma orgánica en Los buscadores de la utopía, de 1977. Allí rastree en cuentos y novelas esa búsqueda raigal en lo más profundo del continente -selva, llanos, pampa y montañas- o en los reflejos que se reenvían América y Europa a través de la ficción transnacional, cuando no cosmopolita de muchas de sus mejores páginas.

T: ¿El término "utopía" posee hoy una connotación peyorativa?
A: Ha pasado a ser sinónimo de prospección de lo imposible, quimera irrealizable, proyecto desmesurado que, aunque pueda ser positivo desde un punto de vista teórico, resulta inactual y no puede ser tenido en cuenta. 
En la acelerada demolición de sueños y esperanzas con que se ha identificado el post-modernismo, la función utópica que acompañó la historia del imaginario individual y colectivo fue arrojada al baúl donde se ofrecen en saldo ideologías empobrecidas. Aunque si miramos hacia atrás, desde el ángulo de la historia de la utopía, vemos al siglo XX como desbordante de ideas y proyectos; movimientos artísticos, vanguardias exuberantes, manifiestos radicales; un siglo profundamente ideologizado y de pensadores fuera de lo común, talentos explosivos y polémicas apasionadas.

T: Resulta más que evidente el vínculo entre imaginación y utopía.
A: La vertiente de la literatura utópica ofrece esa "extraña luz de delirio, luz del sueño y pasión que sobrevuela sobre las masas en los momentos de rebelión", con que Pierre Mabille define "lo maravilloso utópico", que exprime la necesidad de sobrepasar los límites impuestos por nuestra estructura como un modo de llegar a una más grande belleza, una más grande potencia, un mayor placer.

Desbordando el marco de lo racional, el componente imaginario y lo artístico literario invitan a una lectura utópica de la ficción donde la ilusión artística brinda una prefiguración de la realidad significada en una proyección que va más allá de lo dado. Al encontrar la dimensión de lo "maravilloso utópico" creí superar el gastado "real maravilloso" o el "realismo mágico", nombres de una cierta visión de América. 

T: Dado que el tema lleva a hablar de transformación y de lucha, ¿cuál sería para usted la relación entre utopía y revuelta social?
A: En diferentes momentos de la historia de América Latina se han planteado "modelos utópicos" como el estado indo-cristiano de la utopía misionera de Bartolomé de Las Casas y Vasco de Quiroga, los proyectos educativos de Simón Rodríguez, los de Sarmiento en Argirópolis, el socialismo utópico del siglo XIX en México, la "ciudad anarquista americana" de principios del siglo XX, muchas páginas de Ricardo Flores Magón, Manuel Ugarte, José Enrique Rodó, Rafael Barrett, Manuel González Prada y José Carlos Mariátegui.

Todos ellos demostraban cómo la función utópica es consustancial de la historia de América Latina, como lo es su literatura.

T: ¿Podría explicar los conceptos de utopías positivas y negativas?
A: El "soñar despierto", según Ernst Bloch en El principio Esperanza, que caracterizó buena parte de la historia del pensamiento utópico del siglo XX, se ha transformado en un inventario de decepciones y toda intención utópica reenvía a la triste realidad de utopías realizadas o de utopías negativas del tipo de Nosotros de Eugene Zamiatin, Un mundo feliz de Aldous Huxley, o 1984 de George Orwell. Lo que ha permitido que se confunda sin rigor el fin del "gran relato de la historia" con el "fin de las utopías", tras un siglo en que proliferaron ambos.

T: Usted señala que el motor de la utopía subyace en los mitos fundacionales, pero allí la Conquista avanzó por su sed de codicia.
A: No sólo codicia, felizmente. La conquista de América es además integradora de muchos de los mitos que habían presidido el pensamiento clásico y medieval; como el de la Edad de Oro y las variantes del mito del Paraíso, el judeocristiano (Canáan, Tierra prometida, Nueva Jerusalén, Paraíso perdido), el de las religiones orientales y el pagano (Islas bienaventuradas, Edén, Jardín de las Delicias, Campos Elíseos) y las formulaciones populares y materiales del país de Jauja o el de Cucaña que subyacen en la invención de la utopía y en muchos de los mitos americanos. América se convirtió así en "el nuevo vivero de imágenes" de Occidente -según la feliz expresión de José Lezama Lima- y en su territorio se reinventaron los mitos fundacionales del imaginario clásico y medieval.

T: ¿Las luchas sociales están motorizada por el espíritu utopista?
A: No toda utopía se propone desembocar en una revolución y una toma del poder. El pensamiento utópico existe desde antes de ser asociado a lo revolucionario. Mayo del 68 no culminó en una revolución, pero fue una rebelión anti autoritaria que provocó profundos cambios en la sociedad. Sus efectos se pueden rastrear hoy en las costumbres, el lenguaje, la música, la pintura y la literatura; en la práctica libre del sexo; en las nuevas preocupaciones de la humanidad: formas de democracia directa, ecología, feminismo, derechos humanos y de minorías, movimientos alternativos alrededor de la idea de que "otro mundo es posible", verdadera consigna de muchos de los movimientos "alternativos" actuales.