03/08/2015 Gabriel Beluci

“El psicoanálisis como práctica responde a un real que Freud llamó malestar”

En El sujeto en la estructura, el psicoanalista Gabriel Belucci despliega una idea que nació en la cabeza del teórico marxista Louis Althusser que retomada por Jacques Lacan -una flor en el desierto de la estructura- recompone el campo de saber de una práctica que opera sin metalenguaje, que no es una cosmovisión pero que permite la entrada de un concepto tan singular como el de real.

Por Pablo E. Chacón

El libro, publicado por la editorial Letra Viva, es parte del trabajo -junto a otros colegas, como Luciano Lutereau- que el especialista  lleva adelante en la Diplomatura en Fundamentos Clínicos del Psicoanálisis de la UCES.
Este es el diálogo que Belucci sostuvo con Télam.
 
T : El título de este libro es inquietante, pareciera una suerte de oxímoron. ¿Cómo han pensado la posición del sujeto para que pueda ser localizado en la estructura (que suele ser concebida como a-subjetiva o anónima)?
GB : La idea de una estructura sin sujeto, en efecto fue planteada, específicamente por (Louis) Althusser, en el contexto de una lectura estructuralista de Marx. Esa tesis lleva al extremo, paradójicamente, los efectos de la ciencia moderna, que después de (Alexander) Koyré y de Lacan podemos pensar como un campo de saber formal que forcluye al sujeto, es decir que el sujeto no tiene cabida allí. Sin embargo, el psicoanálisis reintrodujo el sujeto en ese campo de saber, razón por la cual no se lo puede definir estrictamente como una ciencia, aun cuando está en una relación constitutiva con ese campo. Dar cuenta del sujeto en la estructura es entonces uno de los modos de pensar la especificidad de nuestra práctica. No se trata ya del tipo clínico o de una operatoria que sería formulable como un para todos, sino de la singularidad de un caso en transferencia. 
 
T : Cada capítulo remite a un tópico central de la clínica psicoanalítica, en principio, a cada una de las llamadas estructuras clínicas. ¿Cuál es el sentido de volver a escribir sobre un tema que ya ha sido tan trabajado hasta el punto de que una palabra más parece redundante?
B : El libro comienza, justamente, con un epígrafe de Macedonio Fernández, que de algún modo apunta a esa posible objeción: Todo se ha escrito, todo se ha dicho, todo se ha hecho, oyó Dios que le decían y aún no había creado el mundo, todavía no había nada. También eso ya me lo han dicho, repuso quizá desde la vieja hendida Nada. Y comenzó

Estamos convencidos de que repensar no equivale a una repetición inerte. En el retorno sobre los grandes conceptos, anudados a lo que decanta de la práctica y del propio análisis de cada analista, en ese espacio es donde se reinventa el psicoanálisis. Cada uno de los autores, de distintas maneras y con su estilo propio, retoma esa tensión fecunda entre los conceptos y la experiencia en la que lleva ya un camino recorrido, en distintos ámbitos clínicos (neurosis, psicosis, perversión, clínica con niños). Por otra parte, y dado que este libro es fruto del trabajo en la Diplomatura en Fundamentos Clínicos del Psicoanálisis, de la UCES, responde también a un esfuerzo por trazar ciertas coordenadas fundamentales para orientar a quienes se acercan a la práctica del psicoanálisis en esos ámbitos, incluso como referencia para lecturas e investigaciones futuras. En ese punto se propone un tratamiento relativamente orgánico de los temas, aun en la diversidad de enfoques.
 
T : El último capítulo del libro está dedicado a la posición del analista, ¿qué particularidades tiene ésta para ustedes?
B : Eduardo Said, autor de ese último capítulo, la sitúa apelando a una referencia freudiana crucial, como lo es la abstinencia. El psicoanálisis como práctica responde a un real particular, que Freud llamó malestar, y que relacionó con lo que no anda, la Versagnung, eso que suele traducirse por frustración. Lacan, por su parte, ubicó en el hueso mismo de lo real la no-relación sexual, es decir, que no hay complementariedad posible entre los sexos, ni un Otro que nos pueda garantizar. Si las distintas estructuras clínicas son modos de responder a eso, la experiencia del análisis se caracteriza por abrir el camino hacia otras respuestas ante lo real. La abstinencia es lo que hace posible que ese camino se abra. Consiste, en lo esencial, en no dar consistencia a aquellas respuestas que conllevan un sacrificio del sujeto al Otro, eso que Freud conceptualizó como masoquismo. En ese punto, la posición del analista, sostenida en una función que Lacan nombró deseo del analista, introduce la diferencia con respecto a la estructura. El deseo del analista -Lacan lo enuncia así- es un deseo orientado a la diferencia. La cuestión es cómo esa posición se modula en la singularidad de cada análisis y de cada momento, pero también en la particularidad de cada estructura. No es lo mismo apuntar, en la neurosis, a causar el movimiento del deseo, con su borde en el goce y la inevitable emergencia de la angustia, que acompañar, en las psicosis, la posible elaboración de una suplencia ante los efectos de la inoperancia del padre. Los distintos textos que componen el libro apuntan a abrir esos matices.
 
T : El libro nace de un espacio universitario. ¿Cómo piensan la relación entre psicoanálisis y universidad respecto de la trasmisión?
B : Se ha discutido mucho, y con razón, la problemática relación entre psicoanálisis y universidad. Creemos que se trata de una tensión que puede ser fecunda. La universidad como modo de organización social apunta a la puesta en funciones de un saber que en cierto sentido rechaza la ignorancia, y en este punto el psicoanálisis puede ejercer una saludable crítica de ese modo de lazo. Está claro, por otra parte, que el saber que se enseña en la universidad no podría nunca fundar, por sí mismo, la habilitación de un analista. Sin embargo, es un hecho que sin ese saber —que a veces llamamos referencial— la formación de los analistas podría deslizarse a un inmediatismo peligroso. Otro modo de plantear la cuestión sería partir de una paradoja. Si Lacan insistió tanto en diferenciar el psicoanálisis de la psicología, es verificable que históricamente el surgimiento de las carreras de Psicología siguió en varios países las líneas directrices esbozadas por Freud en su Psicoanálisis profano. Lo cual quiere decir que, sin recubrirse, no se trata de campos antagónicos. La universidad puede, de hecho, facilitar un primer encuentro con el saber del psicoanálisis, y eso no es algo desdeñable. 
 
T : Para concluir, ¿cuáles son los próximos proyectos del equipo de trabajo?
B : En lo inmediato, estamos trabajando en un segundo libro, que abordará la compleja cuestión de lo actual y lo contemporáneo en psicoanálisis. Es otro modo de poner en tensión la referencia a la estructura. Nos interesa deslindar aquello que remite a la particularidad de nuestra época y sus repercusiones en los modos de padecimiento (bulimia, anorexia, adicciones, etc.), por un lado, y lo actual, que en la historia del psicoanálisis remite a ciertas manifestaciones clínicas que delatan un particular fracaso de la defensa (pasaje al acto, acting out, etc.). Aun cuando haya un nexo entre ambas dimensiones, es importante separarlas. Mientras lo contemporáneo supone una coordenada eminentemente temporal, lo actual interroga los límites de la estructura. En esta dirección continuará nuestro trabajo.