03/08/2015 68va. edición

El director Benjamín Naishtat compite en “El movimiento” en el Festival de Cine de Locarno

El cineasta argentino competirá en la sección Cineastas del Presente del festival en Suiza, con una película en blanco y negro, en la que Pablo Cedrón encarna al líder de un grupo de fanáticos sanguinarios que recorren la pampa en la década de 1830.

Benjamín Naishtat competirá en la 68va. edición del Festival Internacional de Cine de Locarno con “El movimiento”, una película urgente, filmada en sólo diez días, contextualizada en un momento anárquico y salvaje de la Argentina.

"El movimiento", de Benjamín Naishtat

La nueva película de Naishtat, que había debutado en 2014 en Berlín con su ópera prima, “Historia del miedo”, participará entre el 5 y el 15 de agosto próximo en Locarno, donde los cortos argentinos “Gulliver, de Maria Alché, “La novia de Frankenstein”, de Agostina Galvez y Francisco Lezama, y “Nueva vida”, coproducción dirigida por el boliviano Kiro Russo, competirán en la sección oficial.

La participación argentina en el festival suizo se extiende también a dos de los jurados oficiales, que tendrán entre sus miembros a la productora Agustina Llambi Campbell, en la competencia de cortos (por su presencia se proyectará además en Pardi di Domani, “La patota”, de Santiago Mitre, que ella coprodujo), y el crítico cordobés Roger Koza, en la competencia de óperas primas.

“El movimiento” es el resultado de una invitación que el Festival de Cine de Jeonju, en Corea, le hizo a Naishtat para participar del Jeonju Cinema Project 2015, tras ganar en 2014 el primer premio en ese certamen con su filme anterior, y a partir de ahí -con un presupuesto de 90 mil dólares- el cineasta comenzó una carrera para investigar, escribir un guión, reunir a los actores, filmar y terminar la película en sólo cuatro meses.

“Es una historia situada en una especie de tierra de nadie en un momento fundacional de la Argentina donde el protagonista intenta encarnar todo a la vez, las reglas y la autoridad, sabe qué hay que hacer, cómo hacerlo y cree que él tiene que hacerlo, sufre una especie de cosa mesiánica”, dijo Naishtat, que tuvo a “Aguirre, la ira de Dios”, de Werner Herzog, como “referencia para pensar un poco las motivaciones y reacciones del personaje”.

En una entrevista con Télam, el realizador recordó que “tenía gran curiosidad por esa época de la desorganización nacional, en 1835, durante el auge de La Mazorca, una época muy bárbara de nuestra historia. Investigando para otro proyecto, me dio mucha curiosidad que ese grupo rosista fue muy reivindicado en los '70 por grupos peronistas de derecha como Tacuará, por ejemplo”.

“A partir de ahí me lancé a investigar una época que no conocía, donde todavía no había una constitución unificada ni una idea de Estado Nación, ni existía la noción de Argentina. Era un momento de guerras intestinas, 30 años de idas y vueltas donde se funda el país como lo conocemos y también una forma de concebir el poder y la política, con líderes muy personalistas y poderosos”, explicó. 

Después de investigar durante dos meses con la ayuda y la guía de la historiadora Milena Acosta, Naishtat escribió un guión sobre ese momento histórico de anarquía política en el que un hombre ilustrado, pero psicópata y sanguinario, recorre la pampa desértica en busca de seguidores para engrosar las filas de lo que él denomina “el movimiento”, un grupúsculo de asesinos con ambición de poder.

“Este personaje interpretado por Cedrón es una especie de psicópata que al mismo tiempo es muy sensato e intenta empatizar con la gente. En ese sentido, la película es un retrato casi grotesco de un político de aquella época, que se presenta como la encarnación de todas las esperanzas, y que en realidad está incubando una sed de poder y de afirmación de su personalidad”, señaló el director. 

Filmada en un rotundo blanco y negro, en pocos escenarios muy despojados, la película transmite una atmósfera oscura y ominosa donde los protagonistas son la noche, la peste, el desierto y la opresión, y donde todos los personajes parecen perdidos e indefensos en un espacio salvaje en el que reina la ley del más fuerte y la locura.

“La racionalidad va cambiando con el tiempo y en aquel momento existían grandes dementes, como un tal general Estomba que se hacía llamar Demóstenes y que fusilaba a la gente disparándoles con un cañón. La racionalidad es relativa y depende de cada momento histórico”, opinó Naishtat sobre la locura que envuelve a sus personajes.

Para Naishtat “es una película bastante experimental hecha en unos plazos casi irrealizables. Fue una propuesta del Festival Jeonju, donde había ganado el premio principal del festival con 'Historia del miedo'. El tema es que me avisaron muy sobre la hora y tenía sólo cuatro meses para realizarla, lo cual parecía una locura pero era una oportunidad que no podía darme el lujo de rechazar”, señaló.

“Tuve la suerte de que los actores se comprometieron totalmente con la propuesta y, aunque creo que sufrieron bastante, al mismo tiempo siento que fue una experiencia distinta para ellos, porque estábamos filmando todo el tiempo, sin pausa y sin descanso, y con tomas muy largas para que ellos pudieran desarrollar sus personajes”, sostuvo el cineasta.

A la hora de evaluar los pro y los contra de trabajar tan apurado, Naishtat consideró que “se creó en el rodaje una intensidad medio frenética que se trasladaba a la actuación y al ritmo del equipo que se sentía muy bueno, porque todo fluía mucho y muy bien, y había algo muy orgánico de todo un grupo comprometido con una causa”. 
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