16/07/2015 Carlos Gamerro

La capacidad de la literatura para producir sentido y transformar la realidad

"Tengo el sueño de que este libro ayude un poquito a que volvamos a recurrir a la literatura para pensar no sólo el país sino a nosotros mismos", dijo el escritor y crítico Carlos Gamerro en la presentación de su nuevo libro, "Facundo o Martín Fierro", donde piensa la tradición literaria argentina a partir del planteo de lo que hubiera pasado si en vez de elegir la obra de Hernández como nuestro libro nacional hubiésemos elegido la obra de Sarmiento.

Por Juan Rapacioli

El libro, publicado por Sudamericana, que rescata el valor de la literatura como una experiencia que produce sentido y puede transformar la realidad, fue presentado en el auditorio del Malba por la académica Soledad Quereilhac y el autor, moderados por el periodista Gerardo Rozín. 

A partir del "Martín Fierro" (1872), sostuvo Gamerro, "se pueden encontrar todas las posturas principales que van a tener luego el pensamiento y la política argentina; de hecho, todos quieren tenerlo de su lado: los nacionalistas, los fascistas, la izquierda, los liberales. Es equivalente a lo que sucede en la historia con San Martín". 

"Como se dio cuenta Borges -apuntó- se puede usar al 'Martín Fierro' para justificar cualquier cosa. En su texto 'Nuestro pobre individualismo', del 46, postula el libro de Hernández como una barrera contra el avance del peronismo, al que veía como una fusión local del fascismo y el comunismo; después, en los 70, se da cuenta que los peronistas se lo apropiaron y lo usan para justificarse a sí mismos". 

Para el escritor, "con Sarmiento pasa otra cosa: todos quedamos presos en el esquema de sus dicotomías. Sarmiento siempre va a estar de uno de los dos lados; no conozco ningún intento, hasta ahora, de usar el 'Facundo' para justificar el peronismo. Creo que el 'Martín Fierro' es un poco el territorio donde se juegan todos estos juegos". 

"Del mismo modo que propongo que la literatura produce realidad a nivel general, también lo hace en lo individual. El sueño que tengo es que este libro ayude un poquito a que volvamos a recurrir a la literatura para pensar no sólo el país sino a nosotros mismos", expresó el autor de "El nacimiento de la literatura argentina y otros ensayos". 

Y señaló que "recurrimos a la historia, al periodismo, a la sociología, al psicoanálisis, aunque la literatura perdió un poco ese lugar. Al menos para mí sigue siendo el instrumento más poderoso que el hombre ha inventado para entenderse a sí mismo, entender sus ideas y las sociedades que construye". 



Luego, el escritor contó que el libro está dedicado a su hijo Tomás, "que ayer cumplió tres años: el deseo es que crezca en un país, no que sea mejor -todos siempre queremos un mejor país, y está bien quererlo-, sino que sepa leer un poco mejor su buena literatura". 

"Creo que todos los que están acá aman la literatura, así que el deseo es que volvamos a pensar la realidad social y las vidas privadas desde ahí. No digo que dé respuestas, muchas veces lo que hace es decir: 'mirá, no hay respuestas, bancatelá'", terminó Gamerro. 

Quereilhac, por su parte, consideró que "es muy nuevo el uso que Carlos hace del lenguaje de la crítica y de la crítica en sí misma. Uno de los grandes méritos del libro es que cumple con algo que no todos los libros de crítica cumplen: es muy legible para un lector que no sea del palo de letras, un lector que quiera profundizar un poco más en los ejes de lectura con los que uno puede completar un texto". 

"Nadie necesita de la crítica para disfrutar una novela, pero muchas veces la crítica ilumina zonas de la literatura que uno solo quizás no hubiese pensado. Muchas veces la crítica le da palabras a sensaciones y efectos de lectura que se sienten en el estómago", graficó la docente. 

Para Quereilhac, "hay sensaciones que producen los textos que uno quizás no puede producir en palabras, y críticos como Carlos realmente ayudan a que uno pueda contar eso que vivió frente a un libro". 

"Es un libro profundamente borgeano -apuntó-, sin ser imitador de Borges en ningún sentido; está atravesado por la obra de Borges, no sólo en sus ficciones, sino en la forma en que Borges entendía la lectura en la literatura. Carlos es un lector muy atento a la obra de Borges, y retomó a lo largo de todo el libro propuestas borgeanas de lectura". 

Desde el principio, dijo la crítica, Gamerro "toma una sentencia de Borges, que pertenece a la dimensión de los 'what if', esa literatura de 'qué hubiera pasado sí', y la sentencia de Borges es una pregunta que Carlos con meticulosidad cuenta: dice que nuestra historia sería mejor si nuestro clásico no hubiera sido el 'Martín Fierro' sino el 'Sarmiento'. 

"Lo interesante es la elección de un libro y otro como representativo de nuestra cultura, de nuestra sociedad y nuestra historia. La idea de que ese libro puede definir el avatar histórico, que puede influir en el destino de un país. Carlos hace una advertencia: que juguemos a que los libros cambian la historia, pero ese juego es en parte una ficción y en parte no", reflexionó Quereilhac.

En tanto afirmó que Gamerro "encuentra el punto justo para leer la gravitación que han tenido algunos libros en nuestra tradición literaria y también en la forma que interpretamos la realidad". 

"Carlos pertenece a la tradición de aquellos que se han dado cuenta de que por más que la realidad tiene engranajes muy complejos, los libros no son sólo productos de la cultura, a veces también producen sentido en la cultura. A partir de ahí la interpretaciones que se hacen de determinados ejes o tópicos de nuestra tradición, cambian", apuntó. 

Además, en la presentación, Gamerro leyó partes de un capitulo del libro, titulado "Borges o Perón", donde, entre otras cosas, dice: "No hay, en la Biblioteca de Babel lugar para 'La razón de mi vida'. No habrá nunca un cuento en que Aramburu y Perón sean, para Dios, iguales. Nunca habrá un Otto Dietrich zur Linde peronista". 

"Cuando de peronismo se trata -escribe Gamerro-, Borges se abstiene de ensayar la lógica combinatoria; éste equivale, para él, a una configuración fija de elementos, no pasible de permutación alguna; así, renuncia a lo que constituye uno de los aspectos más fulgurantes de la mente borgeana, su capacidad imaginativa: 'Yo no puedo imaginarme a un peronista'.