15/07/2015 Federico Finchelstein

“El fascismo es una consecuencia de la teología política moderna”

En El mito del fascismo, el historiador Federico Finchelstein ajusta una teoría del fascismo como un sistema político capaz de borrar la diferencia estructural entre mito y logos apoyándose en las ideas de Sigmund Freud y Jorge Luis Borges, quienes pensaban, por diferentes vías, que la autenticidad de la que se jactaban sus ejecutores, no sólo era refractaria a la crítica sino que en sí misma era un mito.

Por Pablo E. Chacón

El libro, publicado por la editorial Capital Intelectual, continuará analizando ese fenómeno en sucesivos volúmenes.
 
Finchelstein nació en Buenos Aires en 1975 donde se graduó en la Universidad de Buenos Aires (UBA), y completó su formación (su doctorado) en la Universidad de Cornell en 2006.
 
Esta es la conversación que sostuvo con Télam.
 
T : ¿Qué quiere decir El mito del fascismo? Si el fascismo también fuera una ideología, se debería deducir que las ideologías son mitos o míticas.
FF : El fascismo es por sobre todo las cosas una ideología en su sentido más radical, es decir es una idea que quiere explicarlo todo. En este sentido, como noción absoluta que no requiere ninguna demostración, el fascismo es un mito político. Los creyentes en el fascismo no requieren pruebas, solo tener fe en la mitología fascista. Esta es precisamente la forma en que Freud y Borges consideraron al fascismo. El fascismo como una idea religiosa del mundo que disuelve las fronteras entre pasado, presente y futuro y que por lo tanto deja de lado la historia para pensarse como mito. El fascismo entiende la política como una proyección, como una exteriorización de los deseos más íntimos del líder y piensa en términos míticos que el líder expresa a través de sus intuiciones lo mejor de una nación. En el fascismo el líder es pensado como divinidad. Tanto el slogan fascista de Mussolini siempre tiene razón, o aquel nazi del principio del Fuhrer, reflejan esta característica central del fascismo que concibe al líder como un héroe contemporáneo, un héroe casi omnipotente. Un héroe que no tiene porque explicar sus acciones o justificarlas más allá de sí mismo.
 
T : Seguramente sabés que Claude Lévi-Strauss pensaba que el mito era un nudo entre la naturaleza y la cultura. ¿Qué pensás al respecto, en la perspectiva de tu investigación?
F : Históricamente el mito ha sido caracterizado por ser la antítesis de la razón. Más allá de Lévi-Strauss, tanto Freud como Borges pensaron esta relación entre la política moderna y el mito y cómo el fascismo pretendía eliminar toda diferencia entre la cultura y los instintos. Mythos y Logos representan dos mundos, dos formas de pensar al mundo radicalmente diferentes. La irrupción del anti-racionalismo abre las puertas conceptuales a la re-idealización del mito político. En el marco moderno de esta relación binaria entre razón y anti-razón, el fascismo es el capítulo más extremo en historia del mito político. Esta crítica anti-ilustrada del lugar de la razón en la política forma parte de la genealogía del mito político moderno. Prefigura el lugar del mito en la  teología política moderna y se da primero en un marco amplio de crítica al legado de la ilustración, al secularismo y a la razón como bases de la política y el pensamiento.
 
T : ¿Por qué Freud y Borges? El Freud de Psicología de las masas es sumamente pesimista respecto de la idolatría en el campo de la política. Sin embargo, la política contemporánea parece una competencia en un mercado de figuras.
F : El estudio del mito político moderno se desarrolla al calor de la irrupción de las masas en la política moderna pero en el periodo de entreguerras; la política de masas no solo es democrática sino que también se convierte en fascista en muchos países. En este marco he decido estudiar a Freud y a Borges pues ambos coincidieron no solo en señalar las dimensiones míticas de la política moderna en general (es decir aquellas políticas basadas en la fe en el líder y no en programas políticos concretos) y sus potenciales alejamientos de la razón y de una participación ciudadana activa, sino que también decidieron enfatizar de forma convergente pero también muy diferenciada, la relación última entre mito político y fascismo. Es decir, para ambos el fascismo es una consecuencia última de la teología política moderna, de una política sin programa y basada en el deseo y la fe. En mi opinión, Borges y Freud analizaron cuestiones centrales de la ideología fascista en tanto mito de la política. Por supuesto que no fueron los únicos en hacerlo. De hecho, los fascistas mismos pensaron al fascismo de esta manera aunque en un marco normativo claramente diferente. Para ponerlo en términos simples: para los fascistas, esta ideología mítica y sus consecuencias violentas y asesinas eran algo bueno. El libro que actualmente estoy escribiendo, mi próximo libro, analiza esta situación en el fascismo mismo aunque también sigo las ideas anti-fascistas sobre el mito del fascismo en el pensamiento de (Theodor W.) Adorno y (Max) Horkeimer, Ernst Cassirer, Hannah Arendt, Walter Benjamin y José Carlos Mariátegui entre otros pensadores y observadores críticos del fascismo en su momento clásico. Mi libro sobre Freud y Borges representa una primera etapa de una investigación más amplia sobre fascismo y mito político.
 
T : En ese sentido, es más difícil ejercer una crítica sobre los programas políticos que sobre las figuras (cargadas de una idolatría) empujadas por los medios masivos de comunicación. ¿Esto es así?
F : Freud y Borges temen el dominio de la irracionalidad en la política moderna y vieron en el fascismo una consecuencia extrema de esta situación. Ambos identificaron esta irracionalidad con la confluencia entre mitología e ideología.
Tanto para Borges como para Freud, la política del mito moderno es aquella que reemplaza actores políticos por figuras heroicas, cuyos meritos son mágicos…son carismáticos. En este marco de teología política, de religión política, no se ve a los programas políticos como algo necesario. La fe reemplaza al pensamiento. La cuestión de los medios de comunicación no era tan central para estos autores en el periodo de entreguerras aunque ambos llamaron la atención sobre el poder de la propaganda como forma de afianzar narrativas de tipo mítico.
 
T : Una maniobra como la marcha sobre Roma de Mussolini, ¿podría ser posible en una época como la actual, purgada de héroes pero saturada de figuras?
F : Yo creo que en el mundo contemporáneo presenciamos maniobras de este tipo todo el tiempo, en el sentido de eventos o actos políticos que son presentados, no tanto como resultados de ideas o programas políticos, sino más  bien como efectos concretos de ideologías o intuiciones míticas. Yo no distinguiría tanto entre héroes y figuras. El carácter mítico o épico de los actores y actos políticos es ciertamente moderado en relación al pasado fascista pero no es inexistente.
 
T : Finalmente, ¿por qué los mitos antiguos tendrían una autenticidad que estos dispositivos más actuales, que también parecen tocados por el ala de la muerte?
F : Muy buena pregunta... La idea de autenticidad  es de época pero también es parte de un argumento político anti-fascista. La idea de la mitología fascista como impostación. De todas formas, tanto para Freud como para Borges, en los mitos antiguos no se da una relación tan perniciosa entre el aparato mítico y el mundo de la política. Claro que ellos están pensando en el fascismo como marco de esta comparación. Para ambos el fascismo representa un intento de imposición de los mitos heroicos en el mundo contemporáneo, un intento de imposible vuelta a un pasado imaginado cuyas consecuencias son catastróficas. Para Freud y para Borges, la política del mito está basada en ficciones sobre la realidad pasada, el presente y el futuro.