14/07/2015 exposicin y libro

La presencia de la ausencia en blanco y negro

La muestra retrospectiva de Adriana Lestido en el Museo Caraffa, reúne las distintas series de la fotógrafa, más de 30 años y honduras que se ven reflejados en su libro: Lo Que Se Ve.

Por Viviana Ponieman



Muchos de estos trabajos se vieron en el Museo Nacional de Bellas Artes el año pasado para la presentación del libro editado por Capital Intelectual, viajaron a Sudáfrica como parte del envío argentino para la semana de intercambio cultural, antes fueron a Photoespaña, y al museo Castagnino de Rosario.

Si bien las fotos son las mismas, el montaje es un desafío ya que cada lugar tiene su espíritu, entonces hay que zambullirse en un proceso complejo y rico donde se ponen a dialogar las imágenes de un modo diferente, aquí cuenta con la mirada experta de Juan Travnik.

Así se reunieron 147 imágenes que funcionan en conjunto conectadas por textos de Sara Gallardo, John Berger, Alejandra Pizarnik, Clarice Lispector, Carl Jung, Raymond Carver y Pedro Salinas, que son como el aceite para mover el engranaje  del sentido.

La artista señala que “El objetivo de esta muestra es profundizar en el sentido de mi mirada. Enlazar los distintos ensayos que realicé a lo largo de mi camino como fotógrafa y poder contar una sola historia. Llegar a expresar el hilo conductor que une toda mi obra. El sentido de mi vida, quizás. La raíz.”



Esto se ve reflejado con creces, sobre todo por una marca de autor, una sensibilidad y una mirada llana, sin impostaciones ni imposiciones. “Lo que se ve” a través de esta muestra es la relación que la autora entabla con las protagonistas, el equilibrio que encuentra entre involucrarse y no interferir.

Pone el foco en los márgenes pero no como tema de estudio sino iluminando la extrema humanidad que los habita. Y nos da la posibilidad de ser testigos.

Los diversos ensayos fotográficos realizados desde los años 80, abordan distintos aspectos de la maternidad. Las primeras series poseen un marcado acento social como en “Hospital Infanto Juvenil” (1986-88) donde presenta una visión del mundo de los niños en un entorno hospitalario; o con “Madres adolescentes” (1988-90) refleja la soledad y el miedo de una maternidad precoz en una casa de acogida.

“Mujeres presas” (1991-93) es el resultado de convivir durante un año, una vez a la semana, con las mujeres de la cárcel número 8 de La Plata.
Si bien sus trabajos son duros trasmiten mucho más que el infierno al que estas mujeres se ven sometidas.

Es posible hacer muchos recorridos, elegir algunas imágenes que ya son íconos, como  la emblemática de 1982 donde una mujer con una niña en brazos y un pañuelo blanco en la cabeza, reclama por su marido desaparecido, en la Marcha por la Vida; que abría la exhibición en la sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta en 2008.



Lestido reconoce en ella su carácter fundante y siente que otra de sus fotos claves es aquella, de la serie carcelaria, en que una mujer cuchillo en mano mira directo a cámara. En general a todos les impresiona  el cuchillo, “sin embargo a mí me impresiona más la cara, el cuchillo le da peso a la mirada, pero a mí me interesa la cara”. Confiesa 

Con la serie de Madres e hijas (1995-99) se pregunta y nos pregunta acerca de la relación tal vez más conflictiva que existe, al menos para las mujeres.

Son trabajos de una intimidad extrema, donde casi nadie mira a cámara, en cambio nos sentimos intrusos espiando otros abrazos, que nos dejan fuera, y donde la relación ya no es con la autora sino excluyente entre madre e hija.

Si bien todas las series son protagonizadas por mujeres, y podemos sentir en sus cuerpos tanto el encierro como la capacidad de sobrevivir; en la tristeza se percibe el encadenamiento a sus hombres, escrito en sus brazos y en el de las niñas el nombre tatuado como bandera.

Donde  se puede ver literalmente y en forma indeleble, lo que la autora se preguntará después: las marcas de la madre en el cuerpo de las hijas.



En El amor (1992-2005) y Villa Gesell (2005) la fotógrafa sale a buscar la presencia de la ausencia, tal vez la figura del hombre que no aparece en sus imágenes. 

Se abre el encuadre y Lestido se sumerge en el paisaje, lleno de bruma de y melancolía, donde un cráter en la tierra puede señalar nuestros propios agujeros.
Hay otra posición frente al mundo, hay más aire, tal vez producto de una situación más abierta más libre, de otro tiempo, donde no hace falta señalar tanto, donde el cuerpo a cuerpo deja lugar a la naturaleza.

La artista rescata de Sara Gallardo el título para el libro, y toma conciencia de su forma de trabajar. Elige el blanco y negro por ser más medular sin distracciones, como si fueran sueños, “lo que me gusta es lo que se ve a través mío, como fundirme con el corazón de lo que estoy mirando”. Revela.

La autora funciona como una médium, que nos da la posibilidad de ver lo que no logramos mirar, ella está en las fotos, pero de un modo que se disuelve en la escena, descargada de sí misma, como un borramiento del yo, atenta en su lente a la relación que entabla con los fotografiados.



Así lo expresa John Berger en una afectuosa carta: “Lo que hace que tu trabajo sea tan inusual y misterioso es la naturaleza de tu presencia (la de la fotógrafa). Aquello que vemos suceder –existir– lo hace como si no estuvieras ahí. Nadie da la impresión de estar siendo fotografiado. Y sin embargo, al mismo tiempo, cada imagen ha sido elegida y recolectada con tanto amor y compasión. Estás absolutamente ahí con aquello y aquellos a quienes estás fotografiando, ¡y a la vez no estás ahí en absoluto!”

“Son como profecías de aquello que ya ha sucedido. Y la lente es una curiosa forma de telepatía”. Concluye el autor con su inconmensurable sensibilidad.

La artista que fue la primera en ganar la beca Guggenheim en fotografía del país, sigue trabajando en sistema analógico, esto le permite mirar los rollos, rebuscar hasta encontrar algo en los contactos, tomarse todo el tiempo hasta descubrir la vida de la imagen, su respiración.

De ese modo surge este expresionismo monocromo que va directo al hueso, su mirada un estilete que dibuja realidades pasadas y futuras, que deambula por los carriles del presente y como ella misma dice citando a Rilke:“Lo único que valida la creación es la necesidad”.

“Adriana Lestido indaga en la vida a través de la fotografía y así abre una falla en el misterio cotidiano por la que es posible espiar y reconocerse. Asomarse a esa grieta es un desafío filoso. Puede que la hoja despelleje a quien ve, lo deje en carne viva. Pero así se cerraría el círculo del arte. Así es como algo, después de este recorrido, se habrá movido dentro.” Escribe Marta Dillon.



La fotógrafa construye así un espiral inconsciente de la falta abrupta, desde la imagen de madre e hija en la Plaza de Mayo, hasta descubrir la ausencia del hombre en sus trabajos, cuando cae en la cuenta que tal vez está hablando de su amor de juventud, Guillermo Willy Moralli, secuestrado y desaparecido por la dictadura el 18 de julio de 1978 y "fuente de inspiración y de luz" de su trabajo.
Entonces nombra la herida de una generación que se expresa a lo largo de 30 años.

Y que en esta elipsis que va desde el grito de madre e hija en la plaza, imagen fundante que marcó toda su obra posterior, pasando por los encierros, hasta los brumosos paisajes del amor, que aunque se presenta como última serie tiene registros que abarcan toda la trayectoria, donde la autora se permite el juego del lente y el fuera de foco.

Fotografía el mar, nos muestra un cráter en la tierra, un agujero que se abre a nuestros pies, narra así el vértigo, la gran herida, las ausencias de nuestra historia colectiva, en su propia historia.

Ya no habla sólo de la de la ausencia sino de qué hacer con ella, qué se puede construir después, la mirada ya está fuera del cuerpo.



Tal vez lo que estas imágenes evoquen y  provoquen, no es la falta de amor, o del hombre, sino por el contrario, el camino de la resiliencia, de cómo sobrevivir sin ahogarse en el dolor del golpe, de la pérdida.

Cómo se hace? Adriana pone el foco en las mujeres, en las madres niñas, incluso en las presas, en la fortaleza de seguir viviendo, en la potencia de sus ojos.

En síntesis la mujer y su circunstancia y con ellas la fotógrafa va elaborando su propia  historia y la nuestra, hasta llegar hasta aquí, a los paisajes abiertos que nos cuentan la misma historia.

Entrevista: Adriana Lestido, las fotos imperdibles de su muestra en el MNBA


La exposición “Lo que se ve”, Fotografías 1979-2007  de Adriana Lestido se puede ver en el Museo Caraffa, de la ciudad de Córdoba, y en el libro editado por Capital Intelectual.