11/07/2015 La cancha peronista

El historiador Raann Rein compila un libro sobre el peronismo y el deporte

Para Juan Domingo Perón "en el ambiente deportivo desaparecen las diferencias y nace una camaradería que forma una grandeza de alma que es lo único que los hombres deben conquistar", dice el historiador Raanán Rein, compilador del libro La cancha peronista. Fútbol y política" (1946-1955).

Por Guillermo Lipis

Editado por la Universidad Nacional de San Martín, el volumen incluye una serie de artículos que se ocupan del peronismo desde su mirada del deporte, y en particular del fútbol, "campo académico poco transitado aunque, exceptuando la revolución mexicana y la cubana, es poco probable que haya otro asunto político de interés más estudiado en América latina", dijo Rein refiriéndose a este movimiento popular que comenzó por la década del 40.

El libro está dividido en dos partes: una primera que incluye estudios que ayudan a entender lo sucedido en los clubes de fútbol y una segunda que profundiza el vínculo del peronismo, o Perón, con el mundo del fútbol, y en particular de los clubes.

Los ensayos están escritos por Claudio Panella, Julio Frydenberg, Jorge Troisi Melean, Rodrigo Daskal, Jorge Luis Bernetti, Mariano Gruschetsky, Franco Damián Reyna, Alex Galarza, Daniel Sazbón y Lucie Hémeury.

"Perón veía en la promoción del deporte un instrumento para la desarrollar la integración nacional, una herramienta para enarbolar valores y conceptos identificados con el justicialismo", precisó el compilador, antes de su llegada a la Argentina, donde presentará el libro.

La primera parte de esa década peronista (1946-1955) se caracterizó por ser "una fiesta deportiva" en la que el Estado ayudó a la reorganización de las entidades deportivas a través de subsidios y fomento de actividades.

Rein recuerda que el 18 de noviembre de 1951 se retransmitió por televisión, por primera vez, un partido en directo en Argentina sólo una semana después que Perón ganara su segundo período presidencial: San Lorenzo y River Plate empataron 1 a 1 en la cancha de los «Santos de Boedo»”.

Pero no fue el único objetivo de Perón: "los clubes, hacia la segunda parte de su gestión, representaron sociedades civiles emergentes que funcionaron como espacios de integración social y cultural para una gran variedad de grupos sociales y étnicos".

"Esas nuevas instituciones, explicó el investigador israelí -único extranjero integrante de la Academia Nacional de Historia argentina- crearon condiciones para incorporar a otras actividades como el vóleibol, básquetbol, danzas, patinaje y bibliotecas populares para los integrantes de las familias de barrios y pueblos".

Respecto a la relación directa entre fútbol y política, el libro demostró que es "un vínculo anterior a la llegada del peronismo. Los clubes necesitaron siempre de los favores de las autoridades para adquirir terrenos, construir estadios, o saldar deudas. Y los políticos, sin distinción de ideologías, buscaban la oportunidad para obtener apoyos y votos", afirmó Rein.

Y ejemplificó con el ascenso, en 1914, de Defensores de Belgrano a la primera división, cuando venció a Burzaco por 4 a 1. El club celebró el logro con la participación de José Tamboroni, el radical que años después fue el candidato presidencial por la Unión Democrática que enfrentó a Perón en las elecciones de 1946.

También recordó cuando la revista El Gráfico, en 1930, publicó un comentario sobre Juan Gil, un jugador de Chacarita Juniors que, junto a otros seis jugadores, eran empleados del Departamento Nacional de Higiene a cargo del radical Tiburcio Padilla, quien en 1962 fue ministro de Salud Pública, previo paso como presidente 'funebrero' en los períodos 1927-1933 y 1940-1941.

En el libro también se recuerda a los hermanos radicales Bidegain, quienes predominaron en San Lorenzo y bajo cuya influencia política lograron desalojar a Huracán de Boedo. Cabe recordar que Pedro Bidegain fue diputado nacional por la UCR, presidente de la institución y que el estadio del Nuevo Gasómetro lleva su nombre.

Uno de los pocos clubes que logró mantenerse equidistante de los poderes de turno fue Vélez Sarsfield, mencionó Rein. Y bajo la dirección de José Amalfitani (entre 1941 y 1969) mantuvo una buena relación con el peronismo y conservó cierta autonomía.

Pero el peronismo no estuvo exento de profundizar este tipo de vínculos y manejaron el concepto de "democratización del bienestar". 

Talleres de Remedios de Escalada tenía tradición socialista, "y en la campaña electoral de fines de 1945 Perón pidió hablar en su estadio pero el presidente de Talleres se negó. Sin embargo, a fines de 1947 el club pidió y recibió un importante préstamo del gobierno bonaerense; y en 1952 José Zenón Baldi le dio al club una impronta peronista", contó el compilador.

También recordó que Estudiantes de La Plata "ha sido un club asociado con el antiperonismo aunque no hubo problemas en que en su sede se presentaran los delegados de la CGT, pero no se distribuyó La razón de mi vida, de Eva Perón".
Su descenso de 1953, a la segunda categoría, algunos estudiosos afirmaron que fue debido a esa negativa, a pesar de que al año siguiente volvió a ascender.

Luego, Rein citó el caso de Gimnasia y Esgrima La Plata, "un club caracterizado por la lucha interna entre peronistas y antiperonistas"; River Plate, que formó un vínculo estrecho con el gobierno nacional a través de Ramón Cereijo y la frecuente presencia de Perón en el club" o Boca Juniors, "cuyo apoyo peronista tuvo un alto impacto".

Un párrafo aparte merece el vínculo del peronismo con Racing Club, considerado por Jorge Luis Bernetti como "el estadio más peronista" ya que su construcción se realizó cuando al club se lo conocía con el sobrenombre de «Sportivo Cereijo», entonces ministro de Hacienda y permanente colaborador de la institución, sobre todo por sus aportes monetarios, afirmaron Julio Chiappetta, Gustavo Goñi y Miguel Bossio, en uno de los artículos. 

La profundización del uso del fútbol en la cultura popular también se vio expresada, en esta década peronista analizada, en el cine nacional, en la que se realizaron -incluso luego- innumerables películas que tenían al fútbol como eje central de sus argumentos.

Algunos éxitos de taquilla, tal como los definió Rein, fueron "Pelota de trapo", de Leopoldo Torres Ríos (1948), que glorificaba a los pibes y a los potreros; "Con los mismos colores", de Carlos Torres Ríos (1949), que reflejaba el lazo entre la identidad nacional y los barrios pobres; "El hincha", de Manuel Romero (1951), un homenaje a la hinchada trabajadora o el "El hijo del crack", de Leopoldo Torre Nilsson y Leopoldo Torres Ríos (1953), que revaloraba los roles tradicionales del honor y la familia.

Rein, para concluir, recordó una frase de Perón: "La verdadera utilidad del deporte está en su práctica, sin embargo el espectáculo es también necesario porque educa, forma ambiente y estimula. Deseo para mi patria un pueblo de deportistas... todo está en marcha y depende de los argentinos alcanzarlo".