02/07/2015 teatro

"La Pilarcita", disfrutable ejercicio sobre el imaginario provinciano

La obra de María Marull, responde a ese mundo provinciano que suelen mostrar la autora y su melliza Paula, que ancla su acción en la inocencia y lo bucólico, y que con buen elenco se ve en El Camarín de las Musas, los viernes a las 21.

Por Hctor Puyo



Hay dos amigas (Paula Grinzpan, Lucía Maciel), la primera dueña de una humilde hostería en un pueblito correntino y la segunda su informal empleada, que en el sopor de un verano albergan a una mujer de la ciudad (Luz Palazón) en vísperas de una suerte de carnaval en festejo de la Pilarcita, figura religiosa local de presuntos milagros.

La mujer llega desde la ciudad de Santa Fe y por sus modales las chicas la tildan de "porteña", aunque luego se sabrá que está allí a la espera de curación para la salud del hombre que la acompaña -que nunca se ve-, víctima de algún mal y que, aclara, no es su marido.

La relación entre las locales y la visitante se tensa y se distiende según las circunstancias, va creciendo a medida que la mujer va despojándose de sus tapujos y ofrece indicios de su situación, lo que sirve para que la candidez de sus anfitrionas se vaya apropiando del asunto.

Así es que las conversaciones entre las chicas resultan lo más contundente, porque la autora y directora Marull tiene un oído especial para captar esa cadencia provinciana donde todo parece ocurrir a lo largo de una tarde eterna.

Gran parte de ese clima es lo que trataban de preservar los personajes de "Vuelve", de Paula Marull (Rosario, 1974), aunque el entorno era más amenazador que lo imaginado, y aquí lo que hay es un retorno al escenario de origen.

Allí Grinszpan y Maciel se apropian del habla del lugar, filosofan con la simpleza de sus orígenes y provocan carcajadas auténticas, sobre todo la segunda, cuyo "physique du role" es formidable.

Ella quiere ser la estrella del desfile de comparsas, se calza un vestido de gran vedette y ensaya los pasos que supone triunfadores, lo que le aporta un lucimiento adicional que debería ser visto por los jurados de ciertos certámenes teatrales.

Hay también un hermano guitarrista (Julián Kartun) que intenta competir en concursos de canto durante el festejo carnavalesco-religioso e improvisa unas rimas deshilachadas que las chicas repudian, que no agrega gran cosa pero tiene su gracia.

Funciona menos la parábola sobre la mujer, de nombre Selva, referida a la circunstancia de la invasión -propuesta por alguna tradición oral- porque de hecho la vuelta de tuerca de su incursión en el festejo no tiene, al igual que en "Vuelve", la mejor resolución.

Gran parte del clima dispuesto en escena, esa sensación de lentitud en el tiempo, se debe a la expresiva y simple escenografía de Alicia Leloutre y José Escobar, que, con el concurso de las actrices jóvenes y la autoridad de Palazón, logra un espectáculo sumamente disfrutable.
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