19/06/2015 Escenarios

"El amante de los caballos", potica propuesta en la inauguracin de una nueva sala portea

“El amante de los caballos”, poético unipersonal con Ana Scannapieco, dirigido por Lisandro Penelas, desde textos de Tess Gallagher, inauguró las funciones en Moscú Teatro Escuela.

Por Laura Ferr

El nuevo espacio se encuetra ubicado en el barrio porteño de Villa Crespo, a cargo de Francisco Lumerman y el mismo Penelas, donde las propuestas de formación conviven con una cuidada grilla de obras.

Una hija conmovida, aunque no devastada frente a la muerte de su padre, visita recuerdos fundacionales de ese vínculo para construir identidad a futuro, en "El amante de los caballos”, obra que inaugura la programación de la flamante sala porteña, que se estableció donde antes funcionaba un taller de revelado de fotos.

Los acordes del chamamé aportan algo del orden de lo festivo al bello cuento de amor e infancia que puede verse los sábados, ambos temas recorridos con dinamismo desde la puesta, un collar de acciones y pensamientos que siguen su propia lógica, sin descuidar la emoción, lejos de ser concebidos como un invernadero de recuerdos estáticos.

La dirección funciona como un sutil mecanismo de relojería, capaz de dibujar los movimientos, los susurros -elemento clave en la pieza- para trazar una suerte de coreografía actoral, donde cada gesto que Scannapieco entrega con maestría comulga con la belleza de la dramaturgia.

La pregunta de cuándo una despedida vital puede transformarse en el encuentro consigo mismo insiste a lo largo de una trama amable, con momentos de humor absurdo y tierno.

El diseño de luces de Soledad Ianni, que a veces decide hacer brillar elementos simples como un manojo de ramitas o la pava matera; junto a la música Hernán Crespo, crean un universo poético poblado por entrañables jugadores, borrachos, criaturas amantes de lo original.

Scannapieco entrega un trabajo maravilloso, atravesado por los distintos colores que hacen a las muertes y epifanías cotidianas y se mueve con la destreza de una bailarina, por momentos frágil, en ocasiones pícara y, en otros, todopoderosa.

La actriz construye instantes conmovedores, especialmente al interpelar al público una y otra vez con la mirada, como marcando la necesidad de los otros, de la fuerza colectiva para transformar el pasado en futuro.

Los textos de la estadounidense Gallagher, reunidos en el libro homónimo de 1987, fueron escritos a instancias de su compañero, el escritor Raymond Carver, quien la alentó para que encarase la ficción en prosa, ya que ella venía de la poesía, fueron el disparador de la obra.

La geografía de breves secretos y anécdotas cotidianas que parecen susurradas en los pasillos de la casa onde fue escrita la obra se prestan para la intimidad generada por el pequeño espacio de la sala, casi un living de una casita donde se hace teatro.

La pieza luego de una hora se detiene en el punto justo, cuando la angustia del relato puede transformarse en impulso, evitando regodeos en el dolor y dejando a los espectadores con esa exquisita sensación de que el buen teatro simplemente sucede.

Las funciones se realizan los sábados, en Camargo 506, a las 20.30, mientras que el mismo día a las 23 y los domingos a las 17.30 se puede ver “El amor es un bien” a partir de “Tìo Vania” de Chejov, escrita y dirigida por Lumerman, soberbio actor en “Emilia”-, desde el sábado 4 de julio.