17/06/2015 discos

"Leonardo Favio es el artista argentino ms grande que hay"

Lo aseguró Daniel Melero, el influyente músico que acaba de editar su disco "Piano volumen 2", donde se pone en el rol de cantante y "crooner" repasando canciones de su repertorio, solo acompañado por un piano.

Daniel Melero
Daniel Melero


Melero no solo se refiere a la visión social que Favio aportó desde su cine, sino que además destaca la carrera del artista mendocino como compositor y cantante y lo marca como influencia a la hora de colocarse en un rol de cantante, alejado del instrumentista.

"Hace mucho que funciono ya como un cantante y te podría decir que soy parte de la composición. Yo casi ya no toco instrumentos, hago procedimientos de los instrumentos de los demás y tal vez la dirección artística final, que también lo hago en colaboración. Soy una marca donde muchos artistas colaboran y que nos conviene seguir usándola para no remontar todo de cero", añadió el músico durante un reportaje concedido a Télam.

Editado por Ultrapop, el disco lo muestra a Melero acompañado por Yul Acri a cargo de todos los pianos, interpretando canciones como "Líneas", el exquisito "Sangre en el volcán", arreglado como un bolero o una cortavenas caribeña, además de las gemas pop "Melodías románticas" y "Canciones de moda", donde Melero parece hermanarse con Favio, Tony Bennet o el mismísimo Serge Gainsbourg.

Melero reveló que junto a su banda grabó la canción de Yoko Ono, "Kiss Kiss Kiss" incluido en el disco "Double Fantasy" del dúo John Lennon-Yoko Ono para el álbum "Canciones Prohibidas", organizado por Ministerio de Cultura de la Nación, que compila melodías censuradas por la dictadura militar.

-¿Cómo surgió "Solo Piano 2"? 

-Después de "Disco", se me ocurrió (porque era una ocurrencia, todavía no era pensamiento) que tal vez, como con Yuli hacemos habitualmente shows con piano, había que hacer un registro de eso y que si quedaba bueno, por ahí eso era lo que convenía, hacer un corte, porque el año pasado hice tres álbumes nuevos y otros 12 como productor.
Se llama "Piano 2", pero es muy distinto a "Piano". Este no es purista, no tiene la idea de un pianista y un cantante. Mi voz tiene efectos y está conectada a efectos raros.

-¿Te sentís cómodo probándote como vocalista?
-No me siento a prueba nunca. Si me siento a prueba, no hago las cosas. Sé que más o menos a partir de los 40 años me empecé a sentir un cantante. Antes cantaba mis canciones y de a poco fui dejando de tocar instrumentos, aunque eventualmente toco. 

-¿A partir de sentirte cantante empezaste a escuchar vocalistas de todos los estilos?
-No, no hago eso. Escucho los que siempre escuché. Para mí Leonardo Favio es el artista argentino más impresionante que hay, en todo lo que engloba: la persona y su visión social. Me parece que el legado a lo que es lo argentino seguro es Favio, es muy importante.
Pero siempre escucho algo para crear algo, no creo en lo original, que las ideas vengan del éter. Las ideas que vinieron del éter fueron las pinturas rupestres y el control del fuego, pero después es muy pretencioso pensar que sos un creador que hacés algo completamente original. Creo que es en el conjunto de las cosas que uno aprende, que se forma un estilo. Pero esos estilos son conjugaciones, mal ejecutadas muchas veces, de cosas que te influencian.

-Siempre fuiste un romántico…
-Sí y las letras siguen siendo románticas. La diferencia es que antes, hasta "Travesti", tenían más momentos de pasión, pero ahora son más de amor. De joven entendía más hacer canciones de pasión, con un péndulo de amor y de odio y en general las canciones que son consideradas de amor tienen que ver con eso. Parecería que en el amor no hay conflicto y eso no es cierto, en el amor existe el compromiso con el conflicto y en las pasiones se rompe el acuerdo, hasta lo rompe el que reclama.
Yo creo que a partir de un tiempo empecé a escribir canciones más de amor. De todas maneras romántico fui siempre y te diría que también melancólico, pero nunca nostálgico (que muchas veces es tratado como lo mismo y son cosas distintas). Yo no tengo nostalgia de volver a viejos buenos tiempos, aunque me da melancolía pensar en esos tiempos.

-¿Cómo tomás que vengan artistas latinoamericanos que te convoquen porque sos un músico argentino trascendente?
-No sé si me llaman por eso. Para mí me llaman por la música que escucharon o por otros. Yo parecía que era casi un músico de Capital Federal, hace muy poco que de manera consistente voy al interior del país y es una sorpresa encontrar con que me estaban esperando. Y más cuando, por ejemplo, me escriben al Facebook desde otros países.

-¿Y cuál es tu rol como productor?
-Me considero un resaltador de virtudes, como productor no tengo un estilo, no hay un sonido que me caracterice. Yo prefiero ser así, sino fabricaría chorizos. Entonces, para mí cuando me envían música y está la posibilidad de emprender algo en conjunto, lo primero que veo es qué me gustaría resaltar. Muchas veces hablando surge mucho más lo que quieren hacer que lo que te enviaron, porque en general los demos contienen mucho miedo. Un miedo que, igual, la música está obligándote a que lo trates de vencer.
Lo que trato de hacer al momento de grabar es, sobre todo, producir un ambiente en el que el respeto no emerja a partir de un nombre adquirido. Colaborar con las mejores decisiones que se puedan tomar es lo que te da autoridad, sino sería el pelotudo de Melero que se cree alguien.

-¿Te animás a cualquier sonido?
-Sí, imagínate que mi gama va de Los Brujos a baladistas. Inclusive, los dos discos de Shaman y Los Hombres en Llamas para mí son de las mejores cosas que hice y es folclore, folclore del espacio, pero folclore.
O ahora hicimos un disco con Gillespi, que ya no es de jazz. Él es muy enigmático, también es cósmico y a la vez tiene algunas canciones de rock.

-En un disco así, de alguien como Gillespi, ¿el groove es imprescindible?
-A mí me gusta también la ausencia del groove (risas). Pero yo le doy mucha importancia al ritmo cuando está, y le doy tanta importancia que en muchas no está, pero son muy melódicas al mismo tiempo. Es como si fuera una transmisión cósmica la que tiene.