15/06/2015 Juan José Saer

Saer, por Juan Becerra

A diez años de la muerte del escritor, ensayista y poeta Juan José Saer, su colega Juan Becerra lee al autor de El entenado según el peso en su propia literatura, la pasada y la presente, donde aparece de manera fantasmática, sin desaparecer: pasar por Saer, pareciera decir Becerra, no es una experiencia susceptible de perderse u olvidarse.

Por Pablo E. Chacón



Becerra nació en Junín en 1965. Su último libro, El espectáculo del mundo, acaso sea una exploración al mundo mítico que sostiene con su escritura.
 
Esta es la conversación que sostuvo con Télam.
 
T : ¿Cómo pensás impacta la lectura de Saer en tu producción, si es que eso puede mensurarse?
JB : Creo que primero impacta de frente y, más tarde, cada vez más de perfil. Pero es difícil medir esa admiración porque como en toda relación edípica lo que primero tiene la fórmula de la emulación luego tiene la del rechazo. Es la parábola de la influencia. Por lo tanto, creo que en mi caso ha impactado y luego ha dejado de impactar, aunque sin desaparecer. Digamos que Saer es, para mí, menos un padre que un fantasma, sin que por eso haya dejado de ser un lector eternamente agradecido de su obra.
 
T : ¿Por qué se descubre a Saer relativamente tarde en la Argentina?
B : Sin dudas, porque nunca intentó sostener una figura de escritor precoz o excéntrica, por afuera o por encima de su obra. Siempre confió en la lentitud de la literatura, y en el triunfo exclusivo de los libros. En eso actuó como lo haría un escritor anónimo.
 
T : ¿Es que había algo refractario en su prosa, su poesía?
B : No creo. Su prosa es barroca y llana al mismo tiempo. Si es refractaría lo es sólo al lector refractario a la literatura.