11/06/2015 Aniversario

A 80 aos del final de la Guerra del Chaco, que desangr a ambos pases sin lograr sus objetivos

La Guerra del Chaco (1932-1935) tuvo como primer detonante el enclaustramiento de Bolivia luego de perder su litoral marítimo a manos de Chile, y su desesperada búsqueda de una salida al Atlántico a través del río Paraguay, cuyas dos orillas controlaba el país homónimo, y como segundo a los intereses de las petroleras estadounidense Standard Oil y la británica Shell, en el marco regional de la rivalidad de Brasil y Argentina.

Desde 1928, cuando se registraron las primeras refriegas por el Chaco Boreal o Gran Chaco, que se suponía con un enorme manto de petróleo, al final de la guerra se registraron unos 100.000 muertos entre bolivianos y paraguayos, pero ninguno de los dos países obtuvo sus objetivos.

Ni Paraguay consiguió capturar la zona petrolera boliviana en el río Parapetí y sus adyacencias, ni Bolivia pudo expandir su territorio hasta las márgenes del río Paraguay, donde apenas obtuvo un puerto franco y libre tránsito para sus mercaderías, en el tratado final de paz de 1938.

En cambio, los grandes vencedores fueron las dos potencias regionales al firmarse los tratados de vinculación ferroviaria entre la ciudad boliviana de Santa Cruz de la Sierra-Yacuiba en la frontera con Argentina, y Santa Cruz de la Sierra-Corumbá, con Brasil.

Las petroleras estadounidenses decidieron a comienzos de los años 20, concentrar su interés en América del Sur, encabezadas por la Standard Oil of New Jersey

Los dos países obtuvieron, además, enormes concesiones para explotar petróleo en la zona que, según se comprobó, jamás apareció en gran volumen comercial.

El Gran Chaco en disputa eran 297.938 kilómetros cuadrados de territorio, las tres quintas partes de Paraguay, de donde obtenía un tercio de sus rentas por la ganadería y las líneas ferroviarias que transportaban el quebracho.

Las petroleras estadounidenses, enfrentadas a problemas internos en su país, a la explosión de la nacionalización de los hidrocarburos en México y a la difícil rivalidad con los intereses británicos en Medio Oriente, decidieron a comienzos de los años 20, concentrar su interés en América del Sur, encabezadas por la Standard Oil of New Jersey.

De hecho, en 1929 las inversiones mundiales en exploración y explotación de las petroleras estadounidenses saltaron en la región del 17 al 34 por ciento de su total.

También hubo fuertes indicios de que tanto la Standard Oil como la Shell rivalizaron, directa o indirectamente, para que el general José F. Uriburu, el 6 de septiembre de 1930 derrocase al presidente radical Hipólito Yrigoyen, quien se disponía a nacionalizar toda la producción petrolera del país.

Precisamente Yrigoyen, en su segundo mandato (1928-1930) rechazó la construcción de dos oleoductos bolivianos financiados por la Standard Oil desde el departamento de Tarija a puertos sobre el Paraná, en Formosa, Rosario o Campana, con lo que terminó por cerrar la opciones de La Paz y la petrolera estadounidense para acceder al Atlántico sin ocupar el Chaco y la margen derecha del río Paraguay.

El rechazo argentino no obedecía a las influencias británicas, como se llegó a decir, sino a los avances de la política de nacionalización petrolera que encaraba el general Enrique Mosconi al frente de la estatal YPF y al temor, en ese marco, a la invasión del mercado interno que desataría la Standard, sobre todo con la ilusión de la época en los enormes yacimientos del Chaco Boreal.

A mediados de 1931 Bolivia suspendió sus relaciones con Paraguay y ocupó un año después el puerto avanzado de ese país Masamaklay con lo que recrudecieron las refriegas, se generalizaron, y de hecho se formalizó el inicio de la guerra.

A mediados de 1931 Bolivia suspendió sus relaciones con Paraguay, un año después se recrudecieron las refriegas y se formalizó el inicio de la guerra

La visita del presidente brasileño Getulio Vargas a Buenos Aires, su encuentro con su par argentino Agustín P. Justo en 1935, y la concertación entre los dos mandatarios, permitieron que los dos beligerantes, ya exhaustos y en situación desastrosa después de dos años de guerra, acordasen firmar el el protocolo del cese del fuego del 12 de junio de 1935, con que concluyó. 

Los dos mandatarios se reunieron con los representantes de los países mediadores -Estados Unidos, Brasil, Argentina, Chile, Perú y Uruguay- y lograron también la convocatoria a la Conferencia de Paz, con sede en Buenos Aires, que finalizó con el tratado de paz del 21 de julio de 1938.

Alemania fue, entre las grandes potencias, la que más aprendió de una guerra que usó por primer vez en forma exclusiva vehículos a tracción mecánica, en gran medida la aviación y las pistolas ametralladoras, según Luiz Alberto Moniz Bandeira, en su documentado libro "Argentina, Brasil y Estados Unidos, de la Triple Alianza al Mercosur".

Erwin Rommel aprendió del general paraguayo José Félix Estigarribia, que llegó a invadir Santa Cruz, alcanzó Camirí y capturó la refinería de petróleo que abastecía de fuel a Bolivia, con lo que cambió el curso de la guerra, relata el destacado intelectual brasileño.

Las fuerzas paraguayas iban por todos los yacimientos petroleros de la Standard Oil, pero en ese momento la Liga de Naciones, con fuerte predomino norteamericano, suspendió el embargo de armas a Bolivia y el vecino país sufrió sus primeros reveses y tuvo que detener su avance.

El presidente Justo (1932-1938), cuyo cuñado era Carlos Casado, dueño de una empresa propietaria de vastas extensiones de tierras en el Chaco Boreal, nombró canciller al abogado de esa compañía, Carlos Saavedra Lamas, quien sería el ejecutor de la política argentina en la Conferencia de Paz, claramente volcada hacia los intereses paraguayos.

De hecho, el jefe de la representación de Estados Unidos en esa conferencia, William Spruille Braden, que había obtenido la concesión petrolera de 2 millones de hectáreas en la cuenca boliviana del Bermejo, vecina a la no menor de la Standard Oil, criticaba a Saavedra Lamas por prolongar las negociaciones para ampliar la influencia argentina en el Gran Chaco. No obstante, por su actuación en este conflicto, y por el Pacto Antibélico de 1933, el diplomático fue galardonado en 1936 con el Premio Nobel de la Paz.

Pero durante el conflicto armado, la petrolera norteamericana vendió combustible a bolivianos y paraguayos, en un comportamiento tan cuestionado en La Paz, que cuando el coronel boliviano David Toro derrocó al presidente José Luis Tejada (1935-1936) confisca un año después las propiedades de la Standard Oil en el país.

Gran Bretaña, propietaria mayoritaria de la Royal Dutch Shell, también vendió gran cantidad de armamentos y municiones, incluso aviones, tanto a Bolivia como a Paraguay, y lo mismo hicieron Estados Unidos, Alemania, Francia y Bélgica.