08/06/2015 J. Rodolfo Wilcock

Un outsider retorna al circuito literario argentino

J. Rodolfo Wilcock, un outsider inclasificable de la literatura argentina, portavoz del 'secreto Borges' en Italia, adonde se rehace como escritor y accede a un nicho negado de este lado del Atlántico, tutelado por escritores como Italo Calvino, retorna al circuito local con El caos, un libro de cuentos tan extraños y desconcertantes como su figura y su vida literaria.

Un tullido abandonado entre caníbales; cerdos transparentes que devoran amantes; enanos sin humanidad visible; un hombre que avanza por la playa como perro apaleado: latigazos en la espalda y una gruesa cadena ceñida a la cintura sostenida por otro hombre... los personajes y situaciones que plantea Wilcock y que recupera La Bestia Equilátera son al menos inhabituales, surreales. 

La obra de este ingeniero nacido en 1919 en Buenos Aires, traductor y poeta autodidacta que en 1957 cambia Argentina, la lírica y el castellano por Italia, la prosa y el italiano, será abordada por su apoderado, Ernesto Montequin, y el titular del sello que la edita, Luis Chitarroni, el próximo miércoles a las 19 en el Malba, sobre Figueroa Alcorta 3415.

Tras un breve paso en la construcción del Ferrocaril Trasandino, Wilcock abandonó la ingeniería y se dedicó a la literatura, vivió de escribir y traducir críticas para los diarios y realizó poesía como visitante asiduo del Grupo Sur, que lo recelaba y no le daba un reconocimiento que le llegó rápidamente cuando dejó el país y se hizo amigo del núcleo fuerte de la literatura italiana.

Esa operación -emprendida tal vez a la manera inversa de Gombrowicz, que de Polonia se instala en Argentina adonde crea un nicho literario capaz de admirarlo- le otorgó la esperada reputación en forma repentina, y de poeta inadvertido del Grupo Sur en Buenos Aires pasó a ser recibido en los círculos literarios más refinados de Italia, como portavoz del Grupo Sur.

"Eso es lo que necesitaban allá, a este hombre como de otro planeta y casi destinado a la extinción, autor de un español que pareciera perfecto para traducir al inglés isabelino", dice Chitarroni a Télam

"El -asegura el editor- estaba en esa única y delgada lí­nea, que trasladada a la prosa revela un gran tesoro, un lenguaje muy rico y moderno, si aún es moderno experimentar".

El caos así lo demuestra, con textos complejos como "Escriba", otros que van casi arrogantemente contra la tradición argentina del cuento, como "La fiesta de los enanos"; y narraciones enrarecidas a la medida de "Los donguis", cuya acción se debate en Parque Lezama con bestias incoloras deshaciendo en sus fauces a los amantes desechados.

Un gran francotirador que escribe: "Semejante tributo a la locura, ¿no nacerá acaso de un í­ntimo repudio de la justicia, de un afán eterno e intermitentemente resurgente de injusticia y desorden, que en otros tiempos se explayaba en guerras y crí­menes, y que en estos lustros de paz y de decencia busca inconscientemente las deshilvanadas sentencias de Casandra, sus gritos, sus premios y sus castigos para que el rayo enceguecedor del azar golpee el metal y sus engranajes y acelere su marcha tediosa?".

Los motivos de la retirada de Wilcock de Argentina son igual de nebulosos que esos textos, tanto como el mito de su propia muerte: 'de un paro cardíaco mientras leía libros sobre cardiología'.

Por un lado se presume que buscaba un reconocimiento difí­cil de obtener en América -Italia contaba con un nicho literario muy refinado del que Argentina carecí­a-, y por el otro, esa misma cosmogonía popular, asume razones oscuras, ilícitas o pasionales.

"Wilcock tiene esa condición perfecta de outsider en la que aún legalizado, homenajeado y atendido sigue siendo outsider, no hay modo de encausarlo o asimilarlo", dice Chitarroni; y en esa línea se inscriben obras por fuera del libro que ahora edita La Bestia. 

"Hechos inquietantes" sería un libro de noticias hiperbolizadas, resume el editor; El estereoscopio de los solitarios y La sinagoga de los iconoclastas serían invenciones al modo de las biografías supremas de Borges; y El ingeniero, novela que reeditará La Bestia, está construida por cartas a una anciana y, de tanto en tanto, el relato de actos de canibalismo.

La importancia de El caos reside en que es el primer peldaño de esa obra narrativa admirable que construyó durante 21 años en Italia, adonde vivió hasta su muerte en 1978, "escrito casi de un modo anfibio, con cuentos en castellano, otros en italiano y otros traducidos al castellano, como el que le dedica a Silvina Ocampo 'en tan raro castellano'", describe Chitarroni.

En estas páginas, continúa, "se ve su transformación, esa doble operación en la que pasa de la poesía e intenta agotar los recursos del cuento convencional casi desaforadamente; un doble trabajo con la lengua que produce la fijación de la perplejidad, donde deja de saberse el idioma original de cada texto y se reproducen las versiones".

"Un fenómeno que se ve en muy pocos escritores -advierte Chitarroni-, pueden ser los "Two english poems" de Jorge Luis Borges; el juego que establece con el ruso, el francés y el inglés Vladimir Nabokov; o el irlandés Samuel Beckett cuando deja el inglés por el francés, lengua de la cual conoce menos palabras.

"La ignorancia a veces te ayuda a decantar la idea, la palabra abarcativa, menos represora, por ahí­ es la que mejor funciona; y tanto en Borges, como en Wilcock y en Beckett se advierte que la imprecisión, a veces, es una precisión adicional", grafica. 

Misterioso, solitario, outsider, esta tercera edición aumentada de es uno de los referentes más importantes y vivos de la narrativa argentina, como El juguete rabioso, La invención de Morel, y Ficciones.