24/05/2015 Semana de Mayo

Un largo derrotero ligado a las luchas por la independencia y a los conflictos contemporáneos

El sable corvo del general José de San Martín tiene tras de sí un largo derrotero ligado a la historia argentina, tanto en las luchas por la independencia como en los conflictos internos que surgieron tras su proclamación.

Asimismo, está atravesado por los hechos contemporáneos que vivió el país hasta el día de hoy, cuando fue trasladado desde el Regimiento de Granaderos hasta el Museo Histórico Nacional.


El sable fue adquirido por San Martín en su estancia en Londres, poco después de dejar España y antes de embarcarse a Sudamérica.

San Martín armaría a su regimiento de granaderos con armas similares, ya que las consideraba ideales para los ataques de carga de caballería.

Tras el retiro de San Martín en Europa, el arma quedó en la ciudad de Mendoza en manos de una familia amiga.

Antes de morir San Martín legó su sable al gobernador Juan Manuel de Rosas.

Mariano Balcarce le escribió a Rosas: Como albacea suyo, y en cumplimiento a su última voluntad me toca el penoso deber de comunicarle esta dolorosa noticia, y la honra de poner en conocimiento la siguiente cláusula de su testamento: "El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la Independencia de la América del Sur le será entregado al General de la República Argentina, Don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que tentaban de humillarla"

Años después, desde su exilio en Inglaterra, Rosas, escribe: "Su excelencia el generalísimo, Capitán General don José de San Martín, me honró con la siguiente manda: La espada que me acompañó en toda la guerra de la Independencia, será entregada al general Rosas por la firmeza y sabiduría con que ha sostenido los derechos de la patria. Y yo, Juan Manuel de Rosas a su ejemplo, dispongo que mi albacea entregue a su excelencia el señor Gran Mariscal Presidente de la República paraguaya (Francisco Solano López) y generalísimo de sus ejércitos, la espada diplomática y militar que me acompañó durante me fue posible sostener esos derechos, por la firmeza y sabiduría con que ha sostenido y sigue sosteniendo los derechos de su Patria".

 Una vez enterado de la muerte del mariscal paraguayo, Rosas decidió legar el sable a su amigo Juan Nepomuceno Terrero, y tras su muerte a su esposa y luego a sus hijos e hija por orden de edad. La espada pasa así a posesión de Máximo Terrero y Manuelita Rosas tras la muerte de Rosas, ya que Juan Terrero ya había muerto anteriormente.

En 1896 Adolfo Carranza, director del Museo Histórico Nacional, solicita a ambos la donación del sable de San Martín, a lo cual acceden. El mismo fue enviado entonces de Londres a Buenos Aires, a donde llega el 4 de marzo de 1897 y es depositado en el Museo Histórico Nacional.

El sable permaneció allí hasta el 12 de agosto de 1963, día en que fue robado por Osvaldo Agosto -quien ideó el plan y estuvo a cargo de su parte operativa-, Manuel Gallardo, Aristides Bonaldi y Luis Sansoulet, todos integrantes de la Juventud Peronista comandada por Envar el Kadri, Jorge Rulli y Héctor Spina.

El objetivo fue dar un claro mensaje a las Fuerzas Armadas y al régimen que había proscripto al peronismo.

Y entregar el sable a Juan Domingo Perón, exiliado en Madrid.

La misión no pudo cumplirse y el sable fue devuelto al Museo y nuevamente sustraído en agosto de 1965 por otro grupo de la Juventud Peronista que lo reintegró al Ejército en 1966.

El dictador Juan Carlos Onganía dispuso en 1967 que el arma quedara bajo custodia del Regimiento de Granaderos, hasta que hoy fue trasladado al Museo Histórico Nacional por resolución del gobierno encabezado por Cristina Fernández de Kirchner.