14/05/2015 escenarios

La Musaranga: "De lo individual a lo colectivo y viceversa"

La Musaranga, compañía de artes y oficios que nació hace 25 años como un trabajo barrial en la localidad bonaerense de San Fernando, sigue expandiendo su universo poético y militante y, todos los viernes a las 20.30, monta su circo criollo con marionetas y títeres en el Teatro Popular (Chile 2080, CABA) para acompañar al cantante y compositor Juan "Tata" Cedrón en el espectáculo "El Puchero Misterioso y después…".


En su búsqueda "sin pretensiones y de sentir que uno presta las manos a las cosas", según describió Pedro Hasperué -fundador junto a Alejandro Cantarella- La Musaranga llega los viernes al mediodía en su colectivo a la sala del barrio de San Cristóbal para armar con tiempo la kermés y la puesta circense que a la noche se convierte en el escenario perfecto para el Cuarteto Cedrón.

El año pasado la Compañía Nacional de Autómatas fue invitada por el "Tata" para embarcarse en esta aventura casi altruista, todo un desafío estético y artístico, al que La Musaranga responde con el aplomo de su trabajo sostenido en el tiempo.

"El 'Tata' nos marca un camino pasado y futuro, al que hay que responder y volcar todo al 'Puchero' ", dijo en charla con Télam Pedro, quien destacó la admiración profunda que sienten por el músico, como dice Tuñón, “en la vida y en la obra”.

"Cada función, para nosotros, es como armar la carpa que solemos montar, como desde hace años, los segundos sábados de cada mes en la plaza de San Fernando, pero trasladada al Popular y ni más ni menos con el 'Tata'.

“Si bien la relación con el Tata y, también, con Miguel Praino (vilolista y miembro de Cuarteto Cedrón desde hace 50 años), es entrañable y cariñosa, no confundimos los porotos y sabemos bien la oportunidad que tenemos de aprender de ellos, en eso somos verticalistas, estamos alineados a lo que el Tata proponga, para nosotros es un antes y un después".

Un rasgo característico de La Musaranga es la utilización de objetos domésticos en desuso -corchos, tapitas, botellas de lavandina, termos- para hacer sus juguetes, marionetas y los autómatas (muñecos a moneda adentro de una caja), que son los protagonistas de sus espectáculos artísticos, algunos encarnan a figuras del arte popular argentino como Leonardo Favio o Nelly Omar.

Si bien Pedro prefiere evitar atarse a las palabras, a la hora de definir a la compañía toma la idea de la vieja sociedad de fomento: donde, entre tantas cosas, se hacían campeonatos de truco y el que perdía ponía una bolsa de cemento para ir levantando las paredes del club".

Y en ese ejemplo aparece la propia lógica de La Musaranga, que va de lo individual a lo colectivo en forma pendular, “no somos una compañía de circo, ni de teatro, lo explicamos -si hiciera falta- como una compañía en construcción de tercera posición", aclara.

"La cosa es que intentamos desarrollar la estrella propia, pero enseguidita intentamos volcarlo al conjunto, avisamos que no es propia, es de otro también -continúa- y que viene atada al piolín de la identidad".

"La compañía se va armando como un picado: alguien se va arrimando, va viendo el hacer de los libros, los juguetes, la herrería, las funciones, la carpintería, los muñecos, la música, la costura, 'falta uno, adentro', se suma, y así se va haciendo, sin apuro", se explaya.

En la "Sociedad de fomento La Musaranga" - ubicada en Beccar-, donde funcionan los talleres internos de la compañía: encuadernación, fotografía y electrónica con los autómatas, se realiza una juntada para escribir y otra para hacer juguetes, ensaya la orquesta Niminisá, y se construyen los muñecos, las escenografías, el vestuario y se hacen los denominados "asados plenarios".

Ese mundo estético que propone La Musaranga, no es resultado de una inspiración personal, si no que está en la dinámica de la cultura popular argentina. Y para ahondar en ese concepto, Hasperué citó a su compañero y actor Roberto Iriarte -creador del "Circo más chico del mundo" y 'secretario general' de la compañía-: "la búsqueda artística está en mirar más para los costados, de a poquito, cada tanto, a ritmo de vals, que en la búsqueda de la novedad cada dos días.

Unas 20 personas le ponen el cuerpo y el corazón a la compañía, y todos lo hacen después de una jornada laboral y en los días francos, alimentando las ideas fuertes que sustentan al grupo: "Educar las manos, templar el corazón y aclarar el pensamiento".

La historia comenzó hace 25 años -contó Pedro- con talleres de pintura, muñecos y murga en el barrio de San Roque, para el día de la madre y el día del niño.

"Yo venía de la escuela técnica de tornería mecánica y la hermana de un compañero, asistente social de la municipalidad, me propuso dar talleres en el barrio San Roque -cuenta-. Fui sin saber bien que hacer con los pibes. Después empezamos a hacer unas funciones con los chicos que tenían entre 8 y 10 años, el Flaco Ale (Cantarella) se sumó ahí nomás, después hicimos se armó el elenco de San Roque".

"Hoy esos chiquitos, ya grandes, tienen hijos, y tres o cuatro de ellos, por suerte, siguen en el grupo”, comenta Pedro y enseguida agrega: No venimos del mundo artístico, tampoco es una virtud. Como todos, nos fuimos dando cuenta, probando, armando y viendo”.

"De todas maneras -acota- la resultante de todo son los espectáculos artísticos como el Circo Neocriollo, una versión de Juan Moreira con muñecos, y el Circo de Piolines, que son marionetas de hilo, el Caballito Pinto, el Teatro de Sombras, el ventrílocuo, la orquesta, los autómatas, en definitiva, la carpa entera, y nada más. En definitiva, que todo lo anterior, sería el contrapiso del asunto”.