26/03/2015 en Salta

"Tiempo de paz", buen ejercicio escnico mendocino en la XXX Fiesta del Teatro

Los actores mendocinos Gustavo Torres y José Kamelmajer presentaron en la XXX Fiesta Nacional del Teatro que se cumple en Salta esa obra, una adaptación de un texto de Bosco Brasil, comedia con toques de farsa sobre la intolerancia y el abuso.

Por Hctor Puyo

Enviado especial

Los actores mendocinos Gustavo Torres y José Kamelmajer presentaron en la XXX Fiesta Nacional del Teatro que se cumple en Salta la obra "Tiempo de paz", adaptación de un texto de Bosco Brasil, comedia con toques de farsa sobre la intolerancia y el abuso.

Con gran trabajo del dúo -Kamelmajer fue mejor actor protagónico y Torres mejor secundario según el Festival de Estrenos 2014 en su provincia-, ubica su acción el 30 de abril de 1945, día de la muerte de Hitler, cuando un refugiado europeo intenta migrar a la Argentina.

El individuo llega con una gran valija vacía -dice que sólo trae recuerdos y el sueño de establecerse como agricultor- y es interrogado por un funcionario de aduanas que lo somete a vejaciones varias y lo transforma, aun para el espectador, en objeto de sospecha.

En un arranque de xenofobia extrema, supone que la guerra que está por terminar es una guerra ajena, europea, lejana, y él ha quedado a cargo de ese puesto -la Argentina acaba de declarar tardíamente su beligerancia al Eje- a raíz de que sus superiores se han esfumado.

El recién llegado urde diversas estrategias para convencer a su adversario y finalmente termina confesando que es actor -Kemelmajer luce un entrenamiento físico notable, entre otras virtudes-, por lo que por la riqueza de su experiencia escénica el personaje sobrepasa al otro embrutecido.

Todo es sospecha, violencia y encasillamiento en el funcionario, que no puede entender las frases de William Shakespeare y otros clásicos que emite el extranjero y que para él son señales de alguna culpabilidad racial que se le está ocultando.

Clausewitz -un apellido que remite al del teórico de la guerra- está sin embargo impedido de atravesar el poder de aquél, que curiosamente nunca fue a una iglesia ni a un teatro y responde con un odio burocrático a las necesidades humanas del otro.

La obra fue interpretada en Buenos Aires hace más de una década por Arturo Bonín y el recordado Norberto Díaz, pero siempre deja flotando la duda de quién es ese personaje con perfil fascista y prejuicioso que de algún modo representa al argentino de esos años.

En la Fiesta que finaliza el domingo también se vio "¿Quiénhay?", una recurridísima comedia ingenua de Raúl Kreig en versión del grupo Ideart Teatro, de Santa Cruz, en la que en una vivienda rural cinco hermanas supersticiosas no se animan a abrir la puerta ante enérgicos llamados.

La pieza tiene sus debilidades al ser sacadas del mundo del autor santafesino y varias veces no se la supo interpretar, pero el director Javier Rivelli halló recursos para hacerla verosímil y bastante disfrutable.

Por su lado, "El fruto", de la rosarina Patricia Suárez, fue presentada por un elenco de La Plata integrado por cuatro actrices, en una versión larga, larguísima, dirigida por Rafael Garzaniti, también responsable de luces y escenografía.

A medidados de la década del 40 del siglo pasado, una chica de un pequeño pueblo bonaerense sueña con ser estrella en Buenos Aires, pero queda embarazada de un galán en fuga y concurre a una modista y abortera para interrumpir su estado.

Ello dará lugar a una serie de intrigas y competencias amorosas con una amiga apasionada por cierto rufián y dejará al descubierto secretos familiares sobre romances frustrados, traiciones y varias formas de la simulación y la mentira.

Presentada en la Fiesta como un homenaje a la mujer, la pieza se enriquece con tangos y valses de la época y se encuadra en un género lábil que va del melodrama al folletín, cuya gran virtud de puesta es ese vestido de novia blanco al que nadie apela y que significa el sueño de entonces de llegar al matrimonio en estado de pureza.

Se destacó la buena dicción, emisión y vocalización de las intérpretes -Julieta Mora, Leticia Ramos, Florencia Zubieta, Karina Yalungo- en una sala grande como la sala Jaime Dávalos y en una etapa del teatro nacional donde a los actores no siempre se les entiende lo que dicen.