24/03/2015 César Mazza

“Apuesto a reinstalar la lectura en el corazón de la práctica analítica”

En La lectura y sus dobles, el psicoanalista César Mazza apuesta a una escritura trufada de referencias culturales que incomodan a una lectura desde el sentido común poniendo en valor una intertextualidad capaz de provocar la contingencia de una nueva lectura y un nuevo texto.

Por Pablo E. Chacón

El libro, publicado por las ediciones El Espejo, en Córdoba, está en las vías abiertas en su momento por la revista Escrita, de la que acaba de publicarse una edición facsimilar.
 
Mazza es profesor en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), codirector de la revista Exordio, miembro de la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP).
 
Esta es la conversación que sostuvo con Télam.
T : ¿Por qué La lectura y sus dobles? El psicoanálisis ¿es una experiencia de lectura?
M : La lectura y sus dobles apuesta a reinstalar el tema de la lectura en el corazón de la práctica analítica. La lectura es una de las operaciones del análisis que se puede ubicar en dos puntas: tanto en el lazo específico entre analizante y analista con la interpretación, como así también en la lectura de los textos fundamentales. Estas dos puntas requieren de un trenzado que cada lector irá haciendo sin implicar que una tenga mayor jerarquía sobre la otra. La interpretación, por ejemplo, toma la palabra del analizante en su valor de texto cifrado, de codicilo, dirá Lacan (una marca cuyo contenido es ignorado por el sujeto) para localizar los significantes amo y en consecuencia desprenderlos de su goce-sentido. A su vez, en la lectura de los textos exploramos distintas operaciones que se empalman y redoblan la primera acepción, por ejemplo la alienación activa. ¿Cuando el lector está en condiciones de dejarse incautar o sorprender por un texto? Sólo cuando un sujeto puede hacer un paréntesis, al uso de rutina, el texto tendrá el valor de sujeto supuesto saber. Es decir, cuando no se le antepongan las significaciones ya establecidas propias de la pertenencia a un campo disciplinar. En ese sentido, el lector analítico siempre comienza casi de cero y es un recienvenido. El problema surge de entrada cuando predomina la posición del lector que se las sabe todas, cuando se ubica en el lugar de crítico potencial. En este punto se comprueba una vez más lo que Borges escribe sobre la supersticiosa ética del lector en la literatura: cada vez hay menos lectores en el sentido inocente del término, cada uno se va convirtiendo, por la imposición de las etiquetas indiscutidas (de la moda o de la Koiné) en opinólogo, al estilo de los que se reproducen en los mass media. La no entrada al texto, en este caso al discurso de la enseñanza de Lacan, es sencillamente una alienación donde no se deja de estar apegado al narcisismo de las pequeñas diferencias. Posición subjetiva en la que se efectúa un salteo anticipado, una desuposición anticipada del saber. Se tratará, según la exquisita fórmula de Macedonio Fernández, de un mutismo pasivo: un no leer por sí solo. Porque el verdadero modo de no leer y vengarse de haber leído tanto es escribiendo...
 
Varias figuras se exploran en el libro: la del comentador viviente según Eric Laurent; el d’escolar de Germán García; la del recienvenido que se tensiona con el precoz (dos figuras que extrapolamos de Macedonio Fernández) etcétera.
 
T : ¿Existe un desdoblamiento retroactivo cuando uno vuelve sobre lo que escribió? Si es así, ¿cuál es la lógica que opera?
M : Sí, hay un desdoblamiento respecto de lo que ya se dejó en el trazo escrito y en la envoltura denominada libro. Tal vez el libro, una vez que queda olvidado, fundamentalmente por uno mismo, comienza a volverse éxtimo a la vanidad del autor. Momento fecundo porque la lectura retroactiva no deja de tener un efecto de novedad. Lleva tiempo aprender y encontrarle un valor de uso a lo que se captó en su momento. A su vez, no dejo de subrayar los procedimientos que anoté en La lectura…: el de Borges en Kafka y sus precursores, lo encontramos en Oscar Masotta, Jacques-Alain Miller y Germán García, por ejemplo. El lector, en el sentido fuerte del término, es aquél que crea a sus precursores. Así en ese movimiento un Lacan trazó las coordenadas de su lectura de Freud donde el retorno a Freud emplazó en París y en la lengua francesa el nuevo centro del psicoanálisis. Es decir, que inventó un nuevo lugar para el psicoanálisis, en otra lengua y en otro contexto. Miller sugiere que su lectura, en ocasión de editar Autres Écrits (2001), guarda una afinidad con el célebre copista Pierre Menard. Entonces, la repetición de escribir El Quijote, llevada a cabo por Pierre Menard, en un francés de comienzos del siglo XX, es una innovación, no se trata de un reflejo mimético sino que esa repetición produce un significante nuevo. A su vez, me gusta ensayar esas conexiones: encuentro en Oscar Masotta una versión de esta misma operación en la fórmula: allí donde repito, traiciono y allí donde quiero transformar no hago más que repetir. Creo que es la lectura inaugural de Lacan en lengua castellana, un capítulo del libro está dedicado a recorrer este movimiento. El tema del original y la copia, de la mimesis identificatoria versus la apropiación de un discurso. En la apropiación pasaríamos de comprar en una cultura central -¡como si tan sólo se tratara de un saber precocido!- a una vital innovación utilizando los recursos que se puedan extraer de nuestra lengua. A posteriori del libro me aboqué a otras experiencias de publicación: una página web (sinthomaycultura.com), la revista Exordio. El psicoanálisis en la cultura y la edición facsimilar de la revista escrita. En una cultura de importación como la nuestra -donde fácilmente se cae en ser presa de operaciones de prestigio- apuesto, con estas iniciativas, a crear un archivo. Según Boris Groys, un archivo funciona como contexto específico de comparación, entonces: ¿cómo dilucidar qué es lo nuevo sino contamos con esta referencia, los recursos naturales de una cultura? Un archivo donde se delinea el emplazamiento del psicoanálisis en la trama de nuestra cultura, tal vez pueda despertar más de una resonancia.
 
T : ¿Qué tiene que ver todo esto con una cura?
M : El juego propuesto consiste en seguir determinados momentos claves de un análisis considerando el pasaje de la lectura a la letra, como resto fecundo. Así, al comienzo, una vez que se instala la sofistica del sujeto supuesto saber, el analizante puede contarse historias de hirco siervos: por ejemplo, los dichos escuchados en su familia funcionan como oráculos, una discordia entre los padres tomará para el sujeto, que la padece como espectador, un aire de baja comedia o de tragedia. La angustia marcará el desasimiento de estas historias, momento crucial porque ya no hay guión del cual uno se sostenga. Entonces, puede ocurrir que se tome distancia del texto y el lector se ubique en la falta de texto. Recién ahora el deseo nacerá del derrumbe, tal como Roberto Jacoby tituló una exposición en su Retrospectiva en el Museo Reina Sofía (2011). Condiciones propicias para que el sujeto se fabrique un nuevo modo de vivir la pulsión con los restos de su historia, con lo que queda del héroe que imaginó ser en la gran hazaña. Hecho y desecho de vez en vez el modo de vivir la pulsión, al estilo de un bricolage, funcionará como sinthoma que ya no servirá a ningún aparato del destino ni del goce mortificante.
 
T : ¿Cómo diferenciar la cura analítica de otras terapéuticas?
M : La experiencia analítica no se sostiene en ningún metalenguaje. De esta manera, un análisis no va detrás de algún sentido, llámese la realidad, el éxito, la curación, la felicidad, la normalidad. Al revés, lo desarma encontrándole una operatoria a ese afecto que no miente, la angustia. Por ejemplo, podemos considerar que en el acto de la interpretación se va desarmando el goce fijado en el sentido. La orientación se efectúa por lo real, que es un au-sentido (ausencia-sentido: condensación del francés entre absence y sens). Lacan realiza, en un contundente golpe poético, una torsión de la lengua con este neologismo conceptual para agujerear y vaciar la pareja sentido-sinsentido. Entonces ni sentido ni sinsentido sino ausentido. Este ausentido marcará el trayecto -sin ninguna meta- de lo singular en cada paciente que se decida a hacer la experiencia del análisis. ¿Cómo se podrá traducir ese singular en un lazo? Es una de las claves de la pragmática analítica.
 
Una vez más recurrimos a Macedonio para decir que las terapias, como el realismo en el arte, pertenecen al género del arte culinario: el arte de alimentar al otro... con sentido. El análisis se puede ubicar del lado de un arte sin copias de la realidad, tratará con los trozos de real.
 
T : ¿Cuál es el punto de real susceptible de ser mordido que indica que ese, cualquier analizante, está en posición de analista?
M : Podemos ubicar en el comienzo de un análisis lo real en el síntoma puesto en cruz, dirá Lacan, para impedir que las cosas marchen. Se trata de un real clasificado. En esas condiciones el síntoma es padecido como un goce ruin, sólo capaz de mortificar y hasta de sumergir al sujeto, según una frase de Lacan en su Tesis, en la amargura que se experimenta a causa de la propia inutilidad. El análisis dará la posibilidad de descifrarlo, de desclasificarlo, hasta el límite de lo no interpretable. Tal vez, el genio del dispositivo le dará ocasión a alguien (se dedique o no a atender pacientes) a inventarse un valor de uso. Entonces, aquello que fue segregado en el síntoma como inútil encontrará una forma, una instalación en tanto valor de uso. Por supuesto que esta reubicación implicará un nuevo estado civil fabricado con lo inclasificable, con lo singular del síntoma. A su vez, en cuanto al valor de uso, un objeto o un hacer pueden ser útiles sin que necesariamente se constituyan en mercancías. Es decir, que el valor de uso siempre es en singular: no se cambia un traje por otro ni un valor de uso por otro idéntico, dirá Marx.
 
T : Para El imperio de las imágenes, ¿qué preparás, y qué prepara Exordio?
M : La revista Exordio pertenece al Programa de Lectura e Investigación Psicoanálisis en la cultura del CIEC. Dentro de la nutrida agenda de la AMP participaremos primero en el XI Seminario Internacional del CIEC, Cómo vivimos hoy, con Fabián Fajnwaks, analista de la Escuela de la Causa Freudiana de París como invitado. En este seminario presentaremos un trabajo respecto del problema de las clasificaciones diagnósticas en el mercado de la salud.
 
El próximo VII ENAPOL nos provocó a trabajar la cuestión de la imagen y la letra. Venimos desplegando tres líneas de investigación. Una ligada a lo visual en el ultimísimo Lacan que pretendemos articular, según las referencias de Miller, con el dossier Escritores/Pintores de la revista escrita (Edición facsimilar, T2 Ed. EDUVIM, Córdoba 2013). A partir de tres formas (el caligrama, el emblema y la miniatura) donde se plantea el intrincado tema de la letra y la imagen. Esta línea de trabajo nos permite, por ejemplo, ubicar el nudo borromeo como un emblema de Lacan.
 
La segunda línea de trabajo viene desde el año pasado, desde el coloquio La importancia de Aby Warburg para el psicoanálisis, con las intervenciones de Germán García y de los investigadores universitarios Aaron Saal y Luís García. Por último, venimos tras las pistas de algunos performers. Consideramos el caso de la performance 58 indicios sobre el cuerpo, realizada en Buenos Aires, por el artista experimental Emilio García Wehbi. Comprobamos cómo desde el arte se pone en acto la afirmación de Lacan: se tratará de extinguir la noción de lo bello para ubicar otro tipo de resonancia.
 
En la performance, exponen cien cuerpos desnudos que no se amoldan ni se someten a ninguna forma o estética prefigurada, se ensaya con la posibilidad de sustraerse a los imperativos de la moda y de la moral que predican sobre cual sería la forma aceptable o bella de un cuerpo. Instalar cien cuerpos sin domesticar juega con la chance de que la imagen toque la singularidad al escaparse del acoplamiento masivo-individual. Que los cuerpos no se reduzcan a una mercancía golpea, puntual y evanescente, a nuestra rutina perceptiva, para mostrarnos que un cuerpo es algo no hecho y que se puede ir haciendo en cada ocasión. Estas acciones disolventes de algunos artistas tal vez puedan arrojar alguna luz de lo que sería un corte quirúrgico en la experiencia. 
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