13/03/2015 fbrica recuperada

El Museo IMPA abre sus puertas por un da para dar cuenta de la cultura del trabajo y la identidad obrera

El Museo IMPA, la primera fábrica recuperada de la ciudad de Buenos Aires que funciona en forma autogestionada desde fines de los 90, abrirá mañana sus puertas en una única jornada que invitará a recorrer la cultura del trabajo y la identidad obrera que marcaron a ese emblemático espacio, devenido desde fines de aquella década en un polo productivo pero también educativo y cultural.

Distinto a cualquier museo típico, el del IMPA, por razones edilicias, solo abre un día al mes (también una vez al mes lo hace para visitas coordinadas previamente). Mañana, de 15 a 19 con entrada gratuita, será la primer apertura del año y contará con la puesta en escena de dos obras de Teatroxlaidentidad, "La entrevista" y "Una estirpe de petisas". 

El museo ubicado en Querandíes 4290 del barrio de Almagro, donde funciona la fábrica metalúrgica, nació en 2010 con la intención de "hacer una recuperación crítica de la historia de IMPA, que está en pie desde 1928 y fue pasando por un montón de transformaciones a medida que el país también cambiaba", cuenta a Télam su directora, Margarita Robertazzi.



Recuperar una historia colectiva fue el motor que impulsó, casi por azar, a llevar adelante este proyecto y desde entonces se lo ideó como un museo vivo, "vivo porque se arma y desarma, porque se construye con las voces de los protagonistas y trabajadores que están siempre en movimiento, pero también porque la fábrica está viva, funcionando acá mismo", dice su responsable.

Máquinas que ya no se usan, objetos de producción exhibidos en vitrinas, fotografías de propietarios, legajos de trabajadores, imágenes de tiempo atrás, como la de Perón cuando estuvo en la sede Impa Quilmes, y publicidades, como las de las famosas bicicletas Ñandu que fabricaban ahí mismo, son algunas de las piezas que componen el repertorio del museo, acompañado por paneles que relatan por períodos la historia de esa industria.

Claro que a esa memoria se la cuenta desde la perspectiva de los obreros y no de los patrones. "Es una historia contada desde abajo, desde las voces de sus protagonistas, que son miembros de la clase trabajadora, por eso además de la historia de la fábrica nos interesa documentar las luchas de los trabajadores", explica Robertazzi.

Es que como anticipa la directora, IMPA, hoy además de ser una industria es una empresa social, que ensambló, entre otros, un centro cultural y un bachillerato popular de cara a la comunidad, "es una fábrica que pasó por distintos formatos y cada uno de esos cambios debieron hacerse para que la fábrica sobreviva", adelanta.

De ahí, que el museo proponga un relato por etapas: "La primera, entre el 28 y 45, fue cuando era una empresa privada muy pujante, de punta, también por cómo se expandió: empezó siendo un tallercito y pasó a ser una fábrica con varias sedes, la de Almagro es la única que queda en pie. Y mientras IMPA era esa empresa de primera línea había también conflictos y huelgas como la del 42...", ejemplifica.

La segunda etapa de esta historia que araña casi los 90 años, se da con un cambio en la composición societaria, "quien compra las acciones era un magnate europeo que en el contexto de la Segunda Guerra cae en una lista negra por considerarlo un aliado de los nazis y después de él cae la fábrica. A poco días del gobierno peronista, IMPA se expropia, cada sede tiene un destino y la de Almagro quedó como empresa nacional".



La decisión de nacionalizar la empresa, explica, tiene que "ver con que pueda continuar y no quede en manos de los aliados. Se transformó en nacional desde el 45 al 61 y siguió siendo una empresa muy importante, productora de las famosas bicicletas Ñandu que Evita y Perón regalaban a los niños. Ser obrero implicaba la posibilidad de una condición social ascendente, se valoraba mucho".

Luego del peronismo, "con el gobierno de Frondizi se intenta cerrar la fábrica. La victoria fue que no se cerró -desliza Robertazzi-, fue una lucha de los trabajadores; perdieron seguir siendo una empresa nacional pero siguieron funcionando ésta vez como cooperativa".

Siempre resistiendo por la lucha de sus trabajadores, IMPA sin embargo, "no fue una excepción en la historia del país con sus políticas neoliberales, estaba en una situación muy calamitosa, sin materia prima", recuerda Robertazzi, hasta que a fines de los 90 recibió un duro impacto, que volvió a transformarla.

El resultado fue que "un grupo de trabajadores y militantes populares logró la recuperación de la cooperativa el 22 de mayo de 1998 y desde entonces es empresa recuperada y autogestionada, en la que todos los trabajadores ganan lo mismo y las decisiones se toman en asamblea, con todas las dificultades que implica sostener una relación horizontal...".

Esos obreros que dieron batalla a las políticas neoliberales y transformaron IMPA en una empresa de tono social, educativo y cultural, considera Robertazzi, "saben que son lo que son porque no tuvieron más remedio que recuperar la fábrica, de lo contrario hubiese cerrado. Esta cuestión identitaria permite conservar mas claramente la experiencia de la lucha porque lo hicieron por necesidad".

De esos períodos -empresa privada, nacional, cooperativa y recuperada- da cuenta el recorrido por este museo, que rescata una memoria vinculada a la identidad obrera, siempre cambiante a partir de las circunstancias políticas y económicas, al tiempo que funciona también como un valioso testimonio colectivo sobre los procesos de industrialización y más tarde de desindustrialización que vivió el país.

Es que como resume la directora del museo, IMPA "está en la memoria colectiva, en el barrio, en la identidad obrera. Y no sólo con una mirada nostálgica de ese proceso de industrialización, sino como una mirada a futuro, que esto siga, crezca, se mantenga".