10/03/2015 Télam em Pantalla Pinamar

“Showroom”, la prometedora incursión de Fernando Molinar en la ficción

El filme del habitual documentalista argentino tuvo su bautismo público anoche en la sala Oasis 1 durante la 11a. edición de Pantalla Pinamar, para relatar la historia de un hombre que no quiere caerse de la clase media y para ello debe cumplir con su pequeño infierno.

Por Héctor Puyo

Sin trabajo, el individuo (Diego Peretti), deja a su familia en el Delta del Paraná, tiene dificultades con su mujer (Andrea Garrote) y a toda costa desea volver a establecerse en Capital, para lo cual se emplea como vendedor en el "showroom" de un edificio, que es para él una jaula de oro y asimismo un padecimiento que parece no tener fin.

Comedia dramática con toques de absurdo, permite a Peretti desarrollar su habitual perfil de neurótico querible y odiable al mismo tiempo, y es una sesgada crítica a cierta clase media de amplias aspiraciones económicas y corto vuelo social.

"Showroom" se conocerá en Buenos Aires y algunas capitales provinciales el 30 de abril, participará en el próximo Festival de Punta del Este y tiene una amplia agenda, con voluntad de emular otros títulos del cine nacional de recorrido exitoso.

Sobre su experiencia de pasar del documental -"Rerum Novarum", "Cuba plástica", "Mundo Alas" entre otros-, a la ficción, Molnar describió su experiencia como "muy interesante; aprendí bastante de mis colegas y de los actores, desde ya que acostumbrado al documental uno extraña sentarse a editar cien horas de filmación, cosa que en la ficción está más limitado al juego creativo del montaje".

En diálogo con Télam y otros medios de prensa, y en compañía del productor Nicolás Batlle, reconoció que "la gimnasia documental siempre lo enriquece a uno como director y a mis casi 40 años me permite llegar a filmar ficción con una seguridad mayor".

"En esta película creo que no se notan los posibles 'vicios' del documental, pero me cuesta mucho despegarme de la cámara y eso de estar frente a un monitor, aislado como en una cámara Gesell no me termina de cerrar; prefiero jugar con los actores frente a la cámara, sentirlos cerca", explicó.

Consultado por esta agencia sobre su trabajo con Peretti, un actor de conocidas características, Molnar dijo que la relación con el actor "fue muy espontánea, natural y de mucho respeto mutuo, aportó muchísimo a la conformación del personaje y a la estructura de la película, hemos trabajado el guión conjuntamente e hizo devoluciones increíbles".

"Lo que intentamos fue descargar su personaje de esa imagen pública de muchos espectadores que lo siguen por sus comedias, y creo que le encontramos un tono que para mí resulta fascinante -estimó-, y a través de todas sus facetas demostró ser un profesional increíble".

Molnar calificó el trabajo de su protagonista como "muy solidario con el resto del elenco", lo que le alivió a él los miedos de trabajar con "un actor de esa talla, pero creo que elegirlo fue la mejor decisión que tomamos con los productores y el resultado está a la vista".

Sobre su salto del documental a la ficción, el director resaltó su "necesidad de contar precisamente esta historia, no tenía otra vía narrativa para contarla y encerrar al protagonista en esa maqueta que es una especie de departamento modelo que él trata de vender, y donde todo parece maravilloso pero nada funciona, la única manera de lograrlo era tal como se hizo".

"No es que primero pensé en hacer una ficción, sino que apareció la historia de esa pérdida de calidad de vida y la premisa fue que la película estuviera en hombros de Peretti, aunque en un momento el guión -compartido con Lucía Puenzo y Sergio Bizzio- mostraba un montaje paralelo con su vida en el Tigre con su mujer y la vida de él en Capital, pero me daba la sensación de hacer una película demasiado fácil o menos distinta", señaló.

Apuntó que uno de sus objetivos era "la necesidad del personaje de pertenecer a una clase social que se le escapa, porque incluso en su desprecio a los obreros que lo rodean, él no consigue la felicidad ni la relación humana que tienen los trabajadores entre sí".

"Él no se relaciona con las personas cercanas a él y le cuesta relacionarse con ese grupo de amigos del bar de clase acomodada, creo que la necesidad de 'pertenecer' en esta sociedad argentina hace que las personas se vayan automatizando y terminen comportándose como robots", redondeó.