26/02/2015 fallecimiento

A los 87 aos, muri la cineasta alemana Marie-Louise Alemann

La artista, de 87 años, quien residía en la Argentina desde 1949 y es considerada una pionera del cine experimental en el país, falleció en la ciudad de Buenos Aires, según confirmó el Instituto Goethe porteño, el lugar donde había iniciado su carrera como realizadora.


"Se fue una gran amiga de la casa, una mujer incansable en su búsqueda de la esencia de la vida y de las imágenes que transcienden. Una joven de espíritu", informó el Instituto Goethe, donde Alemann estuvo a cargo de la progamación de cine entre 1979 y 1985, donde presentó el joven cine alemán de los '70 a través de la obra de Rainer Werner Fassbinder, Werner Nekes, Werner Herzog y Werner Schroeter.

"El mundo es un espejo en el cual cada humano se ve sólo a sí mismo, porque de la realidad él filtra sólo aquello con lo cual tiene afinidad"


Marie-Louise Alemann
Fotógrafa, periodista y artista plástica, madre de la actriz Katja Alemann, Marie-Louise fue una de la pioneras del cine experimental al formar, en 1967, el "Grupo Cine Experimental Argentino" en la sede del Instituto Goethe, espacio que sirvió como punto de encuentro, formación, exhibición e intercambio de ideas y experiencias entre los nombres más destacados del experimentalismo cinematográfico argentino.

Su figura y su obra fueron rescatadas en el filme "Butoh", de Constanza Sanz Palacios, que fue exhibido en el Bafici como un retrato de esta contemporánea de otros artistas experimentales como Narcisa Hirsch, Walter Mejía y Claudio Caldini, pertenecientes a una vanguardia de cineastas que a partir de los 60 exploraron formas de representación abstractas y cercanas a la performance, la pintura, la música y la poesía.

"El mundo es un espejo en el cual cada humano se ve sólo a sí mismo, porque de la realidad él filtra sólo aquello con lo cual tiene afinidad", afirma Alemann en un momento de la película, y añade: "Siempre he pensado que el mundo exterior no existe y yo tengo que investigar hacia adentro, dentro mío".

Y es que el documental de Sanz Palacios revela hasta qué punto los trabajos de esta cineasta -madre de la actriz Katja Alemann- hablan de sí misma y de sus circunstancias sentimentales o emocionales, con una mirada que interpela a la cámara y al espectador acerca de la percepción y el paso del tiempo.

Nacida en 1927 en Alemania, Alemann llegó al país en 1949 desde Checoslovaquia, luego de escapar junto a su familia de la llegada del ejército estadounidense a Berlín durante la Segunda Guerra, conflicto en el cual la ciudad quedó hecha escombros a causa de los bombardeos y algunas imágenes de destrucción y muerte quedaron grabadas de manera indeleble en su memoria.

"Uno siempre quiere saber de uno mismo. Y en ese sentido se puede decir que mis películas son una investigación sobre mi misma. Yo siempre me preguntaba quién era realmente y qué ve la gente cuando me mira. Porque todos me decían lo mismo: que inteligente o que linda, siempre elogios… y yo quería saber qué veían en mí", reveló la artista hace un año, en una entrevista con Télam.

En su pequeño departamento de la zona de Congreso, donde vivía austeramente rodeada de papeles, medicamentos, llaves, máscaras, espejos y recuerdos, esta admiradora de Werner Herzog y Andrei Tarkovski se definió en aquel momento -en la entrevista que sigue abajo- como "una cineasta experimental" para quien el cine "es una investigación continua, pero ahora ya no, porque no tengo más cámara".

-Siendo usted una artista que venía de la fotografía, ¿cómo se convirtió en cineasta?
-Hace 20 años que pasó todo esto y no me acuerdo mucho de las cosas. Sé que me metí en cualquier lado aunque no me invitaran porque quería hacer algo. Pero ya no soy la misma, esa ya se fue.

-¿Y cómo era esa otra mujer?
-Linda, decían… y me recibían en todos lados. Aunque una vez Werner Schoeter me dijo que no me había invitado a un rodaje, pero a mi no me importaba y fui igual. En Iquito, con Werner Herzog, tampoco estaba bienvenida, pero me toleraron digamos. "Dejala, que está loca", decía Herzog.

-¿Y usted en esa época ya había filmado varias películas?
-Sí, ya había filmado pero no tenía idea de que alguien quisiera ver mis películas. No era como ahora, que todo el mundo quiere verlas. En aquel momento todo el mundo nos puteaba, nos decían: "Los del Goethe son tan ignorantes, ¡no saben hacer cine!"

-¿La idea era siempre filmar lo que sucedía espontáneamente?
-No, buscaba ciertos temas. Por ejemplo, la vida en el campo o la vida en la ciudad, la gente que pedía en la calle, lo que pasaba en la calle y todo lo que se podía ver o gente que me gustaba mucho.

-Todas sus películas trabajan un poco con usted misma…
-Sí, ¿quién más? ¿Hay alguien más? (risas) No, uno quiere saber de uno mismo. Se puede decir que mis películas son una investigación sobre mi misma. Yo siempre me preguntaba qué ve la gente cuando me mira. Porque todos me decían lo mismo: que inteligente o que linda, siempre elogios…

-¿Cómo ve este interés renovado en usted y otros cineastas experimentales de su época?
-Yo lo tomo bien, aunque no quiero obligar a nadie a que vea mis películas. Sin embargo, creo que muchos deben pensar qué pavada que hicieron, porque se aislaron tanto. El verdadero cine yo no sé hacerlo, hice el cine que hice porque era más fácil, no necesitaba narrar historias largas ni trabajar con demasiada gente.
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