13/02/2015 transemiótica

La obra de arte como disparador de la creación literaria

A lo largo de la historia numerosos pintores y artistas plásticos se han animado a plasmar sobre la tela en blanco las fantasías e historias pergeñadas por escritores en sus novelas y cuentos pero ¿Qué ocurre cuando son los literatos quienes utilizan las obras de arte como disparador de su escritura?

Por Mercedes Ezquiaga

 

Se sabe que Xul Solar ilustró los cuentos de su amigo Jorge Luis Borges, que el maestro Luis Felipe Noé realizó ilustraciones para textos del uruguayo Eduardo Galeano e incluso Antonio Berni imprimió grabados inspirados en Hojas de hierba de Walt Whitman, por citar sólo algunos ejemplos que escasean al hacer el ejercicio de pensarlo a la inversa.

En el Museo Nacional de Bellas Artes se exhibe por estos días y hasta el 15 de marzo “La seducción fatal”, con 65 obras entre pinturas, esculturas, grabados, fotografías e impresos de artistas europeos y argentinos del siglo XIX, que sobrevuelan el erotismo, el desnudo, el voyeurismo y la seducción, con epígrafes de sala que corrieron por cuenta de escritores.

La muestra fue organizada en conjunto con la Biblioteca Nacional y su director, Horacio González, tuvo la iniciativa de convocar a veinte literatos a escribir con las obras de arte como disparador, lo que dio por resultado textos que funcionan en la sala como epígrafes alargados que suman un estímulo intelectual al relato desarrollado.

En este sentido, se animaron a la experiencia escritores como María Moreno, Aníbal Jarkowski, Silvio Mattoni, Guillermo David, Daniel Mundo, Osvaldo Baigorria, Selva Almada, Diego Tatián, Christian Ferrer, José Emilio Burucúa, Gonzalo Aguilar, Luisa Valenzuela, Esteban Buch, Mario Ortiz, Pablo Gianera, Raúl Antelo, Mirta Rosenberg, Julián López y Andrea Giunta.

“La experiencia fue bellísima y los textos iluminan aspectos de los cuadros que me parecieron en muchos casos originales y bellos”, dice a Télam Laura Malosetti Costa, curadora de la exposición, quien definió esta experiencia como una antigua tradición: “Antes de que existiera la historia del arte o la crítica, en Grecia, los que escribían sobre obras eran escritores. Lo que sabemos de las imágenes que conocemos es por lo que de ellas escribieron”.

Así, Mirta Rosenberg optó por la elaboración de un poema sobre la “Joven oriental” de Juana Romaní (“Te miro. La distancia entre los dos/ hace que crezca el incendio del deseo..”) mientras que Luisa Valenzuela delineó los trazos de un diálogo entre entre las protagonistas de las pinturas de Alfred Philippe Roll y Juan Manuel Blanes (“¿me oyes? Estoy acá, muy cerca de tí..”).

El resultado es un combo variopinto: varios eligieron la misma obra, unos investigaron y contaron secretos del momento creativo del autor, otros dieron detalles descriptivos de la temática de la obra. Algunos se volcaron por el ensayo y otros por la ficción, como el caso de Selva Amada, quien seleccionó también “La cautiva” de Blanes como la escena de un sueño de una pobre muchachita. 

“El tema de la cautiva siempre me pareció narrativamente muy poderoso: una mujer desarraigada y obligada a vivir lejos de los suyos, a adoptar otras costumbres, otra lengua, otro universo (uno temido y odiado en esa época y contexto)", cuenta Selva Almada a Télam

Y continúa: "Pero a la luz de la muestra se me apareció como posibilidad el erotismo, la idea de la mujer blanca cuyo destino entre los blancos se presenta como un panorama pobre; y entonces el otro, el salvaje aparece como la promesa de una liberación, de un destino incierto pero mucho más seductor para una jovencita, para una mujer con deseo de autonomía y con deseos, con hambre de aventura”. 

En este proceso creativo ¿el escritor intenta relacionarse con el lenguaje museístico? “Yo no tuve para nada en cuenta lo museístico -dice la autora de El viento que arrasa-. Me interesó lo que esa escena podía sugerirme como cualquier escena de una novela o de un cuento. Quién era esa mujer y qué pasaba por su cabeza y por su cuerpo antes de la escena de la pintura y cómo eso que le pasaba, la mostraba, en la pintura, rabiosamente sensual sobre el lomo del caballo”.

“No quería un texto acartonado ni reflexivo ni completamente narrativo -dice Almada-, sino lograr algo lírico, fragmentado, y húmedo: la humedad del deseo, de la calentura de una mujer en la plenitud de su vida contrastando con la pampa reseca, con esa vida desértica y sin horizonte”.

Algunas similitudes pueden encontrarse con la exposición “Amor” en la Casa Nacional del Bicentenario, un recorrido por este tema universal desde diversas disciplinas y lenguajes a través del aporte de 50 artistas visuales, ilustradores, fotógrafos, cineastas, videastas y humoristas gráficos, con textos del sala a cargo del novelista Marcelo Figueras, autor de los guiones de los filmes Plata Quemada y Kamchatka.

“El desafío más grande -asegura Figueras a Télam- fue revisar la noción del amor, tan atravesada por la historia y los clichés, desde el presente de nuestro país. Algo así como: ¿de qué hablamos hoy, qué tratamos de decir, cuando aludimos al amor o decimos actuar en su nombre? ¿Tiene sentido pensar hoy en el amor, en el contexto de una sociedad donde se otorga tanto valor a la figuración y el dinero, o se trata de una noción superada? Integrar las obras de arte fue menos arduo que esta elaboración, precisamente porque los artistas se habían adelantado, desde la intuición, a las explicaciones que buscábamos”.

Para Liliana Piñeiro, directora de la Casa Nacional del Bicentenario, en el trazado de una muestra, uno de los mayores desafíos es la elaboración de los textos de sala y “un escritor tiene la capacidad de traducir información dura por momentos árida y facilitarle al visitante su comprensión, darle un hilo conductor rico y ameno  a lo largo de todo el recorrido de la exposición. Suma y aporta además su calidad literaria”.

Irónicamente, en dos exposiciones cuyas temáticas podrían pensarse en las antípodas -el amor, el erotismo- se recurre al mismo recurso para que cual Malosetti Costa ensaya una explicación: “Hoy hay una suerte de fascinación con la imagen, con el arte y con lo visual, que tiene que ver con el avance de la imagen en los medios electrónicos. Los escritores, los antropólogos, los sociólogos, los politólogos, etcétera, se están ocupando del tema de la imagen. Y además, se están ocupando del arte que se volvió más atractivo y más glamoroso", concluye.