09/01/2015 Fernando de Leonardis

Ciencia ficcin, marxismo y literatura minimalista

En su libro Un palito ortega por cada millón de tucumanos hambreados, el sociólogo y escritor Fernando De Leonardis configura un artefacto literario compuesto a partir de la poesía y el ensayo, donde se pone en diálogo la ciencia ficción, el marxismo y la literatura minimalista, para establecer una tensión entre la voluntad y la estructura.

Por Juan Rapacioli



El libro, publicado por Añosluz Editora, es un novedoso trabajo ensayístico y poético que pone el foco en las prefiguraciones de la ciencia ficción, los textos del marxismo, los modos de producción capitalista y donde se cruzan Marx, Lenin, Bukowski, Carver, Cheever y Rodrigo Fresán, entre otros autores, teóricos y actores sociales. 

De Leonardis, sociólogo, escritor, editor y crítico literario, autor de Entre la tristeza y la nada y otros incidentes e intervenciones textuales de ultraizquierda y Diamantina, habló con Télam sobre el origen, estructura y formato de este nuevo libro, publicado en la colección “lieder” de la editorial.

Telam: ¿Cómo pensaste este libro?
De Leonardis: Pienso los libros en función de un programa de escritura. En principio, quería hacer un entrecruzamiento entre la poesía y el ensayo; son poemas ensayísticos y ensayos poéticos. Creo que son dos géneros que, a diferencia de la investigación científica o la estructura del cuento, te permiten trabajar con otros materiales de una manera más laxa y decir lo que querés decir desde otro lugar.

Ambos géneros son, de alguna manera, la especialización sin la especialidad. Me puse como programa hacer hablar a las tradiciones de escritura que me interesaban: ciencia ficción, marxismo y literatura minimalista. 
El eje que atraviesa todo el libro, lo que yo pensé como programa, es esta tensión entre voluntad y estructura. Cuando pongo a dialogar imaginariamente a Carver y a Bukowski es eso mismo. Bukowski es la pura voluntad, lo dice en un poema, y Carver te dice todo lo contrario, cuando recién se liberó de sus obligaciones pudo empezar a crear.



T: ¿Por qué se te ocurrió emparentar la literatura de ciencia ficción con los textos del marxismo?
D. L: Creo que toda la escritura que se plantea nuevos modos de superación de los existentes tiene un componente utópico insoslayable. Cuando Platón escribió La República vivía en el modo de producción antiguo, pero estaba prefigurando de alguna manera una sociedad diferente. Si vamos a algunos tratados del Medioevo también sucede lo mismo, y si te parás en el capitalismo ni hablar, desde Charles Fourier hasta el Marx mismo.

El joven Marx hablaba mucho de esto cuando todavía era un filósofo de la historia, y también lo plantea el último Marx, cuando se pone a discutir el porvenir de la comuna rusa, en unas cartas que tiene con Vera Zasulich, donde ella le dice que sus discípulos sostienen que deben pasar por el capitalismo. La única teoría científica que hizo Marx fue El Capital, lo demás son especulaciones, ficción. En el último texto del libro hago dialogar la tensión que hay en el mismo Marx, entre el peso de la voluntad, que sería la lucha de clases, y el peso de la estructura que todo lo determina.

El propio Lenin llegó a decir en una entrevista que si se comprueba la vida en Marte, habría que revisar el sistema filosófico con el que se venía trabajando. Hay un componente de locura utópico. La utopía nos permite crear mundos, por eso me gusta decir que Marx era también un poeta. 

T: La ciencia ficción sería, digamos, la literatura que más explica el futuro…
D.L: La ciencia ficción prefiguró muchos de los avances tecnológicos que estamos viviendo ahora. No es casual que los llamados nerds de las matemáticas o la computación sean fanáticos de la ciencia ficción o escritores del género sean científicos. La división de la ciencia como algo duro y las teorías utópicas no es tan clara. De hecho, lo ha demostrado la física cuántica cuando te dice que en esta misma mesa donde hablamos hay materia que se está moviendo.

T: ¿Cómo se explica el título en la obra?
D.L: El título piensa, de una manera brutal, la cuestión del sujeto. Ahora la psicología moderna nos ha dicho que la resiliencia es este concepto que dice que un tipo hambreado vino acá como limpiador de botas y se convirtió en un empresario de la industria musical. Ahí creo que opera el deseo: es uno cada tantos. Efectivamente, la voluntad deseante de ese sujeto (Palito Ortega) se impuso a la estructura, ¿pero cuántos tucumanos están estructuralmente determinados a pasar hambre durante el resto de sus vidas?
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