25/12/2014 Leonardo Huebe

La noche americana de Emilio Teno

En 1973, François Truffaut estrenó “La noche americana”, un filme cuyo título alude a la técnica cinematográfica que permite emular la luz nocturna durante la filmación diurna. Filtros oscuros sobre el lente de la cámara buscan recrear la noche en el día.

Por Leonardo Huebe

De esa interpelación lumínica, de la artificialidad o el despojo con el que miramos y nos apropiamos del mundo, habla La noche americana de Emilio Teno (Bahía Blanca, 1978), uno de los dos títulos (junto con El punto suspensivo de Fabián O. Iriarte) elegidos por la editorial Letra Sudaca para inaugurar su colección de poesía.
 
El autor
 
Teno estudió Filosofía y Letras en la Universidad Nacional de Mar del Plata. Entre los años 1999 y 2008 vivió en distintas ciudades de Europa. En 2004, en España, Editorial Renacimiento publicó su primer libro de poemas: El tiempo que nos toca. Además de trabajar en poesía, narrativa y teatro, es autor de letras de canciones que han grabado artistas locales. Algunos de sus poemas, cuentos y artículos han sido publicados en diferentes medios gráficos argentinos y españoles.
 
En la revista “El Cultural” del diario “El Mundo” de diciembre de 2004, Francisco Díaz de Castro reseñó: "...son muchos los aciertos de Teno en sus mejores poemas: su facilidad para suscitar emociones cuando no las cuenta, su claridad de espíritu, su tino expresivo y logros tan distintos como Exilio, El puerto, Buenos Aires y, sobre todo, la sección De la forma en que me inventas, donde intimidad e historia juegan con acierto contra la facilidad."
 
La noche americana
 
La noche americana se abre con una serie de cuatro poemas (Simulación de la noche, 07:00 PM, La mañana, Ciertos días) que marcan la sucesión de una noche imaginaria y atemporal hacia una mañana turbia. La transparencia, la luz diáfana, está puesta en la sensación de lo vivido y ahí todo es presente. Como en un travelling, las imágenes se suceden: vemos una terraza bajo un cielo amenazante donde todo parece temblar ante la lluvia inminente, los objetos se animan, toman la hondura de lo que los toca. El tono elegido es reflexivo; si bien enuncia desde un yo poético definido, no es confesional.
 
En los poemas Troya y Odisea, las alusiones al universo cultural clásico se articulan con una marcada urbanidad y con un lenguaje frecuente. Las referencias literarias o musicales son muchas veces el disparador de una reescritura, como en el díptico Cervantes en el infierno y Don Quijote en el infierno.
 
La ciudad es omnipresente, es el paisaje elegido. Los edificios y el cemento, la aglomeración, el sonido urbano incesante son el marco geográfico y sonoro de casi todo el libro. Esa música interna es la que estructura y da sentido de pertenencia a cada uno de los poemas.
 
Este nuevo poemario despliega un tono narrativo que va acentuándose conforme avanza la
lectura. Como en un palimpsesto, las huellas del pasado asoman y se mezclan con discursos
cotidianos, como ocurre en Catábasis:
 
Fumaba y discutía
con demonios de cuarta
apuñalado por el fluorescente
de la pizzería
una mano
en la copa
de cerveza tibia
y la otra
infructuosa
buscando en el bolsillo
el óbolo extraviado
que reclama Caronte
 
En otros se ilumina un objeto, se lo descubre, se le arrebata la inocencia:
 
El guante
Tendido sobre el lomo
de un libro pagano
jurando
quién sabe qué ficciones
ignora
el verano que arrecia
los días que lo alejan
de la mano
que lo hará vivir
 
Cada poema tensa una cuerda por la cual desfilan las obsesiones, la música, el humor, el cine. Los poemas de Teno tienen variedad de registro e intensidad. En la sección final y a modo de addenda, tres poemas breves cierran el libro. En el último de ellos, el artificio y la máscara parecen dar paso a una luz natural:
 
III
 
Ya se quebró
la madera que apuntalaba
el fuego.
Un montón de cenizas
sobre el borde del mundo
en algún lugar del sur.
Y, sin embargo,
algo brilla,
verdaderamente.
 
En definitiva, la trama poética del libro propone y conduce al lector a un viaje desde una noche simulada a los destellos de un fuego casi extinto pero verdadero. De lo nocturno a lo diurno y viceversa, cada palabra está empujándonos a ese viaje. El conjunto es una lograda urdimbre de voces que dialogan o se apropian del discurso, que se afirman en los intertextos para surgir con una nueva mirada.
Palabras como imágenes veladas o alumbradas recorren La noche americana. Vale la pena adentrarse en ella.
 
Para concluir, una opinión de Ricardo Arriagada sobre el autor, que forma parte de la contratapa del libro: Emilio Teno pertenece a una generación –en cuanto a edad y a gustos- que no ha privilegiado el pertenecer a “escuelas” o “tendencias” sino que más bien ha preferido toser con el polvo de los caminos de la vida, la soledad, el azar, la muerte. Impregnarse, llorar y reír.