01/12/2014 edición en español

Cuando la persuasión culinaria todo lo puede

La influencia de la comida en la gente, pero sobre todo la persuasión a niveles maquiavélicos son las mejores armas de conquista de Conrad Venn, el magnético protagonista de "El cocinero", la novela firmada por el misterioso seudónimo Harry Kressing que salió por primera vez en 1968 y ahora se edita en español, poniendo sobre la palestra un libro considerado de culto.

Por Leticia Pogoriles

Con elementos de la sátira, el thriller y la fábula, en este libro publicado por La Bestia Equilátera, donde reina la estética victoriana de amos y sirvientes, se extiende a lo largo de 250 páginas un ritmo 'in crescendo' de poder, astucia y manipulación en la mente de un inolvidable personaje que orquesta los destinos de todos desde la amabilidad, el buen gusto y sus influyentes platos.


La historia arranca como un cuento de hadas. Conrad, un desgarbado de dos metros, llega en bicicleta a Cobb, un pueblo entre colinas y valles con un gran castillo, conocido como La Prominencia, que emerge majestuoso y cuyas puertas están cerradas hasta que dos miembros de las familias más importantes, los Hill y los Vale, se unan en matrimonio.

La premisa de la boda parece imposible por el momento, ya que Daphne Vale, la joven destinada a desposar a Harold Hill, ha engordado tanto que ni siquiera sale de su casa. Este y otros datos del cotilleo pueblerino son los que registra Conrad apenas arriba al lugar, donde se empleará en la mansión Hill como cocinero.

Entre ollas y recetas cuidadosamente ordenadas, Conrad organizará su centro de operaciones para controlar no sólo la familia, sino a un pueblo que quedará a su merced en cada nueva idea que se le ocurra. Manejador, carismático y conocedor al dedillo de los paladares, este chef persuasivo no tendrá frenos a la hora de conseguir lo que quiere.

Pero lo que desea nunca será explícito y, aunque todo parezca simple y la narración fluya al compás de exquisitos diálogos, el lector se adentrará en las profundidades de una mente compleja y veloz que maquina al ritmo de un plan narrativo ejemplar.

La gastronomía será el arma central, pero Conrad se irá convirtiendo poco a poco en tutor de cocina, consultor nutricional y asesor financiero. Enseña a cocinar, a poner la mesa y convence a todos de la importancia de pesarse regularmente en una suerte de juego interactivo contra las calorías. Entre tanto, las transformaciones físicas y psíquicas se hacen cada vez más evidentes entre quienes degustan sus platos metódicamente elaborados.

Los gordos adelgazan, los flacos engordan con rapidez, los amos se convierten en servidumbre y los sirvientes se rebelan contra los empleadores, mientras que Conrad permanece relamiéndose al ver cómo esos simples mortales hacen su voluntad, y tramando suspicazmente sus verdaderos deseos magnánimos.

Temido y admirado a la vez -vale destacar sus parlamentos- este hombre del que poco se sabe influye en todo lo que lo rodea sin que se le mueva un pelo, algo que también le sucede al lector, que va cayendo deliciosa y compulsivamente bajo la magnética trampa de Conrad, un ser tan abarcativo y necesario como divertido y misterioso.

Y si de enigmas se trata, el autor de esta obra en sí mismo es toda una incógnita, lo que hace todo más sustancioso. Harry Kressing es el seudónimo de un hombre nacido en Nueva York en 1928, abogado, oficial de la fuerza área e investigador de economía en Londres, una identidad que tardó en descubrirse muchos años después de la publicación de este libro en 1968.

Murió en 1990 en Minnesota, pero antes dejó unas par ficciones como "Are we going to Roz's party tonight" y "The other size of the lake", publicadas en "Married Lives". También "El cocinero" fue llevada al cine con el filme "Something for Everyone" (Algo para cada uno) dirigido por Hal Prince y protagonizado por Angela Lansbury y Michael York.

Considerado de culto, este libro que no se consigue en inglés y que en la web es objeto de deseo de muchos, fue publicado en Argentina con la impecable traducción de Laura Wittner, pero sin encontrar a los herederos de Kressing, el creador de una obra que viene a subrayar de forma alegórica que la comida excelentemente ejecutada sigue siendo un arma de conquista y persuasión, porque Conrad, al parecer, siempre logra obtener lo que quiere.
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