23/11/2014 Loyds

Cocana y odio: un coctel clasista

En Merca, el narrador y poeta Loyds construye un personaje, una suerte de prototipo de época, consumidor compulsivo de objetos de lujo, cocaína y mujeres generosas para lo mejor y lo peor, activado por el odio en general y a su clase en particular (de la que depende) hasta el punto de una indiferencia que exaspera.

Por Pablo E. Chacn

El libro, publicado por la colección novela de la editorial Alto Pogo, también funciona como una recorrida o tour por los lugares más caros y supuestamente mejor provistos de la Buenos Aires contemporánea.
 
Loyds nació en 1972, ha vivido entre Madrid y Buenos Aires, escribe sobre viajes, turismo, ocio y espectáculos, conduce un programa de radio y tiene publicada una colección de poemas.
 
Esta es la conversación que sostuvo con Télam.
T : ¿Cómo aislar un personaje de una masa capaz de representar tan bien a una clase social? Esta clase de personajes ¿existe en Buenos Aires?
L : No creo que el personaje esté aislado, de hecho se sigue moviendo todo el tiempo en un círculo determinado y nunca exterioriza intenciones de salirse de él, por más que en alguna forma lo desprecie. Y entiendo que sí, que existen estos personajes en Buenos Aires y hay muchos. El otro día un amigo me decía: si habrá johnnys...
 
T : Si toda novela fuera una autobiografía desplazada, ¿algo de ese orden hay en este texto? Podría decirse también que no toda novela es una autobiografía desplazada.
L : Más que autobiografía desplazada, yo diría que hay mucho de autoficción en este personaje, aunque no hablando estrictamente en singular. Me refiero a que he tomado para la construcción de Johnny un montón de anécdotas o cuentos o vivencias de gente amiga o que he conocido a lo largo de mi vida y que una vez que apareció el personaje fueron nutriéndolo permanentemente hasta el final de la historia. Por supuesto que todo está exacerbado para que funcione.
 
T : Merca es una novela con un crescendo dramático. ¿Pensaste en eso mientras la escribías? Tiene momentos que transmite mucha angustia.
L : No busqué generar ese crescendo dramático. Tampoco me propuse transmitir angustia de ninguna manera. Mi intención siempre fue que la historia tuviera agilidad, que sea dinámica, que nunca parara, que sea directa y al hueso, por eso las frases cortas, crudas, concisas, acaso hirientes.
 
T : El odio que Johnny parece menos un acto de autoafirmación que de defensa, como si odiara incluso el mundo que él se creó. ¿Esto es así o es psicología amarilla?
L : Es exactamente así. Johnny odia prácticamente a todo el mundo, pero especialmente a su propia clase, a su seno, del que sin embargo nunca reniega. Podría verse, entonces, aunque no lo había pensado, como un mix entre autoafirmación y defensa propia.
 
T : La relación con los otros es sólo instrumental. ¿Se necesita en la literatura argentina contemporánea un entusiasta de la cocaína para retratar ese modo del lazo social?
L : No lo creo. Me refiero al entusiasmo por la cocaína en sí misma. Por lo menos lo que a mí me interesaba es que el tema de la novela fuera más la clase retratada que la frula en sí misma (lo que muchos creen con este título, que no era el original). Entiendo que esa adicción es un poco el combustible para que el personaje siga para adelante sin control y se vayan generando situaciones. Pero la adicción también es instrumental, de hecho podría haber sido a cualquier otra sustancia. Lo importante es el corte trasversal a una clase poco abordada aquí y ahora en la literatura.
 
T : El episodio cardíaco (que se ve venir), ¿no tiñe la narración de un aire- aunque sea en sorna- algo moralista?
L : No lo creo. Incluso el final podría haber arrancado para ese lado y no ocurre así para nada. De hecho Johnny en ningún momento se arrepiente de nada, ni siquiera se asusta, ni siquiera puede responder si tiene miedo o quiere morirse o le da igual o le importa. No veo nada moralista, por el contrario, el sermón moralista del padre aparece totalmente caricaturizado.