01/11/2014 Maldad, cantidad necesaria

Las formas del amor y el dolor en los poemas de Patricia Gonzlez Lpez

En Maldad, cantidad necesaria, la escritora Patricia González López configura una voz que hace de una serie de poemas una indagación del propio cuerpo que busca reinventarse después del amor, el dolor, la soledad y el desapego, para resignificar su existencia en el acto de la escritura.

Por Juan Rapacioli

El libro, publicado por Milena Caserola, es un corpus textual integrado por diversas formas de poesía, que incluye prosa, verso, recortes periodísticos, redes sociales, reflexiones, memorias y preguntas que hacen de la escritura la única forma posible de explicar el pasado, entender el presente y mirar el futuro.

Patricia González López (Buenos Aires, 1986) es licenciada en Relaciones Públicas por la Universidad de La Matanza y docente e investigadora de esa institución. Como autora, participó en diversas antologías de poesía y publicó los libros Indecible (2009) y Dos de Azúcar (2010).

¿A qué refiere el título? ¿Se trata de una cantidad necesaria de maldad para estar en el mundo?
El título viene como conclusión. Una vez que adquirí el concepto a nivel personal, a partir de ciertas anécdotas y circunstancias, entendí que las cosas que venía escribiendo, de declamación o denuncia, tenían que ver con eso: una cantidad de mal necesaria para defenderse en la vida, porque muchas veces la bondad no resulta efectiva. Tiene que ver con lo que te dolió y te dejó una huella y que después, cuando pasa algo similar, aparece el dolor y el recuerdo del dolor. Se revive ese pasado a través del presente.

Hay muchos textos sobre el desamor, el desapego y la frialdad que puede seguir a una separación.
Eso tiene que ver con el aprendizaje que surge a partir del egoísmo, cuando no importa nada más que vos; algo que idealmente debería ser al revés: salir del dolor abriéndose al otro; pero uno tiene que convivir con las faltas, las carencias, que pueden ser de los vínculos primarios, los padres, el lugar donde uno se crio, la sociedad, las condiciones sociales, todas esas cargas que llevamos.

En ese sentido, en el libro aparece un tema clásico en la literatura: la ausencia del padre.
Es un tema que lo pude reflexionar a través de la escritura. La imagen que yo tengo es: saber que nunca tuve un colchón donde caerme. Vivir con ese nivel de exigencia de saber que nadie me iba a sostener, es asumir la soledad de lleno y decir: estoy sola y tengo amigos, estoy sola y tengo novio, estoy sola y trabajo. Es una multitud de soledades. La falta de un padre es clave porque te puede cambiar la vida para siempre. También es importante a qué edad lo asumas. Hay una instancia que tenés que atravesar, saber que lo que no está no está, y tenés que avanzar.

El cuerpo es una presencia que se impone a lo largo del libro.
Durante mucho tiempo tuve la pose del intelectual bohemio peleado con la estética. Pero con el tiempo me di cuenta que somos un alma alojada en un cuerpo que manifiesta lo que sentimos. Todo lo que nos pasa se transmite físicamente. De alguna manera, el cuerpo emana nuestros sentimientos.

Estos poemas están cruzados por las formas de comunicación que se producen en las redes sociales ¿Cuál es el lugar de la poesía en esta época atravesada por Internet?
Antes del tweet existía el aforismo, pero la verdad es que las redes sociales atraviesan todas nuestras formas de afectaciones y vínculos: lo que entendemos por hablar y por intercambiar experiencia. La poesía resiste todos lo cambios, gracias a su poder de síntesis.

En estos días se producen muchas formas de poesía: hay poemas que parecen ensayos, otros son como cuentos, hay una gran cantidad de espacios donde la oralidad genera nuevas experiencias de transmisión poética.