22/10/2014 teatro

"Terrenal", otra incursión de Kartun en lo mitológico y en la identidad argentina

El actor Claudio Rissi cumple otra composición admirable en compañía de sus tocayos Claudio Da Passano y Claudio Martínez Bel en "Terrenal", escrita y dirigida por Mauricio Kartun, que vincula temas bíblicos con una afilada crítica al capitalismo, en Teatro del Pueblo.

Por Héctor Puyo

"Terrenal", otra incursión de Kartun en lo mitológico y en la identidad argentina


En la obra, que se ve en la sala de Roque Sáenz Peña 943, los viernes a las 21, sábados a las 21.30 y domingos a las 20, Kartun toma el relato de Caín y Abel contado por Flavio Josefo, un historiador judío del siglo I dC.

Josefo toma a aquellos personajes del origen de los tiempos y personifica en ellos la creación de la propiedad privada y sus iniquidades versus la libertad de espíritu y el aire fresco, respectivamente.

Así, supone que Caín, el que luego asesinará a su hermano, fue el inventor de las pesas, la acumulación de riquezas y los cercos para rodear los campos -con lo que se adelantó en varios siglos a Federico Engels y otros pensadores-, en tanto Abel se dedicaba a disfrutar de la naturaleza, recolectar escarabajos para pesca y, eventualmente, el ocio.

Si bien lo que "Terrenal" -expresión a la que se le ha retirado el sustantivo Paraíso- cuenta es eso, como pieza teatral es otra vuelta del sustancioso trabajo que Kartun viene desarrollando por lo menos desde "La Madonnita" (2003), donde concibe el texto y la dirección como un todo y donde la palabra es la carta de navegación.

Así es que junta a "Abel" (Da Passano) con "Caín" (Martínez Bel) como los hermanos que nunca van a entenderse y más tarde incorpora a "Tatita", el todopoderoso que Rissi plantea con acento norteño -por momentos muy santiagueño- y una pinta de patrón rural cuya sola presencia empuja a la hilaridad.

Es que Rissi -que desde hace tiempo viene pateando para jugar en primera división y tiene que ser obligatoriamente observado por los jurados teatrales que pululan por Buenos Aires- tiene el don de la gracia, eso que no se compra ni se aprende.

Eso no disminuye los méritos de sus compañeros de escena, efectivos y justos en el diálogo y en el hálito del humor, pero hay que reconocer que la obra es una antes y otra después de la aparición de Rissi con su contundente personaje.

Hay otros datos en escena, como el destartalado retablillo del frente, algún objeto de utilería y sobre todo un vestuario -de Gabriela A. Fernández, también responsable de la escenografía- que revela el abandono en que Tatita (¿Perón?) dejó a sus hijos en tierra durante dos décadas.

Hay una parte mística, sí, porque el materialista Kartun incluye las lecciones éticas o morales, como el sombrero de pobres cómicos que utilizan los hijos, Abel con aceptación de un ser superior y el oportunista Caín como una forma exterior que le permita conservar sus bienes.

La redondez de "Terrenal" deriva entre otros motivos de la elección de ese terceto, porque el humor de retruécanos y juegos de palabras de Kartun van de lo ingenioso a lo simple, a veces con recursos de los viejos cómicos de balneario, por lo que su efectividad es similar a la ejercida por Les Luthiers: dichos por ellos provocan hilaridad y admiración intelectual, en otras manos la perderían.

Es que el autor se especializa en una cierta orfebrería del lenguaje, que aúna lo popular con lo culto sin olvidar expresiones que pueden resultar arcaicas pero que pertenecen a una memoria generacional con la que puede hablar también de sí mismo.

Como en "Chau, Misterix", como en "Salomé de chacra", por más universal que parezca el tema termina remitiéndose a la historia y a la identidad local, por lo que con el paso del tiempo algún curioso se dará cuenta de que Kartun sólo escribió una larga obra, dividida en segmentos generalmente dichosos.