10/10/2014 economía colaborativa

Movilidad sustentable: compartir viajes y autos

El 10 de octubre se celebra en todo el mundo el Día Internacional de los Viajes Compartidos. En un mundo con mil millones de autos, las plataformas para facilitar el carpooling (compartir trayectos) y los sistemas de carsharing (autos compartidos, accesibles a través de alquileres flexibles) crecen como la única alternativa razonable. Las automotrices ya se subieron a esta ola, que empieza a avanzar en Argentina.

Marcela Basch

Por Marcela Basch



1.000.000.000. Según un estudio de la consultora especializada Ward, hace ya más de tres años, en agosto de 2011, la cantidad de coches en las calles superó los mil millones. En un mundo de siete mil millones de personas (y contando), un auto cada siete personas no parece tanto. Pero los números engañan; es conocida la definición de estadística como esa ciencia que considera que si un hombre come un pollo y otro pasa hambre, han comido medio pollo cada uno. En el caso de los autos, según estadísticas recopiladas por el Banco Mundial, en el principado de San Marino hay más de un auto por cabeza; en Estados Unidos; ocho cada diez personas; en Australia y Nueva Zelanda, siete, y en la mayor parte de Europa, uno cada dos humanos. Estos números se compensan con los de África, entre 0,2 (Togo) y 1,35 (Mauricio) autos cada diez. En Argentina estamos en el medio: uno cada tres.

Otra vez: en los “países desarrollados” hay en promedio un auto cada dos personas, incluido ese 30 o 40% de la población que son los chicos, y no manejan. Un coche, con espacio para cuatro o cinco personas, cada una y media.

El transporte terrestre causa hoy el 25% de los gases de efecto invernadero del mundo. Las grandes potencias emergentes, China, India y Brasil, incorporan millones de autos a su parque cada año. Según el International Transport Forum, si seguimos así, para 2050 habrá 2500 millones de vehículos en el mundo. Es hora de reconocer que tenemos un problema.

La buena noticia es que los pronósticos no son destino. Hay miles de personas pensando en cómo encontrar la vuelta para poder trasladarnos por el mundo de forma más eficiente, responsable y feliz. Y en esto la economía colaborativa tiene mucho que proponer.

La base de la economía colaborativa es desterrar la idea de propiedad como imperativo, e instalar en cambio el acceso como ventaja. Dicho de otro modo, lo que necesitamos es trasladarnos, no poseer un coche. Ser dueño de un auto trae un abanico de problemas: primero hay que juntar dinero para comprarlo, después hay que pagarle patente, seguro y garage,  encontrar lugar para estacionar, pagar fortunas cada vez que se descompone… para usarlo, ¿dos horas por día? ¿Quince, veinte horas por semana? ¿Por cuánta gente a la vez? Y ni hablar de los efectos de los embotellamientos sobre el humor individual y social, de los accidentes y, en un nivel macro, de la emisión de gases de carbono que empujan al cambio climático global. ¿No sería genial poder moverse por el mundo con comodidad sin necesidad de poseer -tantos- autos?

La mejor opción en términos de eficiencia energética lleva más de un siglo inventada: es el transporte público, sean colectivos o trenes. Pero los autos ofrecen una autonomía y comodidad con la que el transporte público no siempre puede competir. ¿Cómo acceder a las ventajas de andar en auto, sin las penurias de ser su dueño?

Compartir trayectos


El modelo más amigable en términos de sustentabilidad, ecología e interacción social es el “ridesharing” o “carpooling”, que propone agruparse para sacar el máximo provecho a un viaje en auto, que gasta lo mismo con un pasajero o con cuatro.
¿Cuántos vecinos viajan todos los días a la misma hora desde el mismo edificio al centro de la ciudad? ¿Por qué no ir juntos, ahorrar dinero, contaminación y estrés? Este sistema no es nuevo; lo usan desde hace décadas los padres que organizan “pools” para llevar y traer a sus hijos de escuelas, fiestas y clases de natación. En su vertiente rutera, de grandes distancias, es heredero de la tradición vagabunda del “dedo”. Pero la tecnología hoy permite escalar la dimensión de estos acuerdos con formas menos rústicas (y mucho más seguras) de encontrar compañeros de viaje. En todo el mundo florecen las plataformas que ofrecen buscar online quiénes viajan en la misma dirección, coordinar con ellos detalles y reparto de costos, y hasta elegir los compañeros por perfiles de red social, lo que agrega una capa esencial: la de la confianza. Después de cada viaje, los participantes califican a aquellos con los que compartieron el trayecto, y generan así un ecosistema que descansa en la recomendación entre pares (p2p).

En Europa el pionero fue el sistema alemán Mitfahrzentrale.de, creado en 1998, que más tarde se asoció a la red internacional Carpooling. Un camino similar recorrió la plataforma francesa Covoiturage, hoy parte de BlablaCar.  Hace unos años, solo conectaban a los usuarios, como una cartelera de avisos; hoy se sofisticaron e incluyen el pago anticipado de la parte del costo a compartir, para mejorar el compromiso de los viajeros al acordar el viaje. En todos los casos, el precio es puesto por el dueño del vehículo. Según difunde Carpooling, su sistema ya transportó a 70 millones de personas, con lo que ahorró 750 millones de litros de combustible y salvó a la atmósfera de un millón y medio de emisiones de carbono. En Estados Unidos, el sistema más popular es Zimride, impulsado por las universidades y las grandes empresas. Todas estas plataformas crecieron exponencialmente al dar el salto de las pantallas de las computadoras a las aplicaciones para teléfonos inteligentes.

Mañana 10 de octubre se festeja en todo el mundo el International Ridesharing Day, o Día Internacional del Viaje Compartido. La iniciativa nació hace siete años en Suecia, y hoy es un evento global, que podrá seguirse en redes sociales a través de las etiquetas #Internationalridesharingday y #DíadelViajeCompartido. También en Argentina.

Viajar con cebador de mate


El carpooling empezó a desarrollarse en Argentina a principios de esta década; hoy cuenta con media docena de plataformas.
Ninguna de ellas cobra porcentaje a los usuarios; los intercambios de dinero quedan en manos de los viajeros.

Las pioneras son Coviajero y Vayamos Juntos, que funcionan como carteleras electrónicas de publicación de viajes, tanto urbanos como interurbanos, conectando a conductores con pasajeros.

Desarrollada por la ONG STS Rosario, Carpoolear sumó a estas facilidades la posibilidad de integrarse con Facebook para elegir al compañero de viaje entre los amigos o contactos de esta red social, como una forma de reforzar la confianza. Hoy tienen más de 12.000 usuarios, interconectados por una aplicación en la red social. Su próximo objetivo es llegar también a los dispositivos móviles, y para eso acaban de iniciar una campaña de financiación colectiva.

“Las grandes automotrices del mundo están cambiando su modelo de negocios: reconocen que lo central ya no es vender autos, sino servicios de movilidad”.



Más reciente es Hagamos Pool, una plataforma que ofrece como diferencial segmentar los viajes en categorías: facultad y colegios, eventos y deportes, trabajo, barrios y countries, y viajes y ruta. La más popular es la de larga distancia, donde el ahorro se hace más evidente; tiene muy buena recepción entre grupos de mochileros. Cada mes se publican unos 120 viajes, y se logran alrededor de diez acuerdos de conductor y pasajero.

Un caso interesante es el de Vamos a la cancha, dedicado a los partidos de fútbol. Hoy tiene 2500 hinchas registrados, muchos de ellos socios de clubes de fútbol, principalmente los más grandes. Se comparten un promedio de diez viajes por fin de semana, muchos de larga distancia, en los casos en los que el encuentro permite la asistencia de público visitante.

La vertiente empresarial está representada por Sincropool, que organiza  carpooling para grandes compañías, como beneficio para empleados. También ofrece una optimización en el servicio de taxis y remises corporativos, para ahorrar dinero y huella ecológica. Tienen más de 30 clientes, entre ellos Techint, General Mills, Volkswagen, Santander Río, MercadoLibre y Telefónica de Perú, que les aportan 15.000 usuarios. Calculan que hasta el momento llevan ahorrados unas 277.000 kg de emisiones de carbono, el equivalente a 160 vueltas al mundo. El verano pasado crearon para Volkswagen una plataforma piloto de carpooling abierto, RutaThinkBlue, que podría mantenerse todo el año en 2015. Y aunque no quisieron dar nombres, adelantaron que otras automotrices locales están estudiando la idea. 

Estas plataformas se suman a la celebración del Día Internacional del Viaje Compartido, con eventos y campañas en redes sociales, bajo el hashtag #Compartomiviaje. Carpoolear propone además un concurso donde sortea un kit de viaje.

Aprovechar mejor los coches


Otra idea para optimizar la movilidad es el “carsharing”, creado en Suiza en 1987: que muchas personas distintas puedan manejar el mismo coche. Hoy este sistema funciona en 600 ciudades de 18 países, principalmente en Europa y América del Norte.

La vertiente más colaborativa de este sistema es la que propone la plataforma estadounidense RelayRides: alquilar autos entre particulares, p2p. Así, la enorme capacidad ociosa de coches en desuso, que cuestan plata a sus propietarios, puede volverse productiva, y al mismo tiempo reducir la cantidad de vehículos en las calles. Este no es un fenómeno marginal:
RelayRides está asociado desde 2013 con General Motors, la automotriz más grande del mundo.

Hay otra forma de sumarse al “carsharing”: la que proponen compañías como Zipcar, que alquilan autos pero de un modo mucho más flexible que el tradicional, por períodos de una hora en adelante. Zipcar es tan exitoso que fue comprado por Avis, una de las compañías de alquiler de autos más grandes y tradicionales del mundo. 

En París, el municipio tomó el control y desde 2011 ofrece Autolib’, un sistema de pequeños autos eléctricos que pueden rentarse por períodos breves; cada unidad se alquila en promedio siete veces al día, por un costo no mayor a cuatro pasajes en transporte público. Se retira en ciertos puntos y se deja en otros; es una extensión del programa de bicicletas públicas Velib’, que inspiró las ecobicis del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Lo mismo sucede en las ciudades más importantes de Alemania, un país pionero en carsharing, que ya suma un millón de usuarios para esta modalidad.

Mercedes Benz participa del carsharing desde hace años con su sistema Car2go, presente en 26 ciudades. Ford presentó el programa Ford2Go, basado en una encuesta que asegura que el 56% de los europeos “consideraría” usar un auto compartido.
Las grandes automotrices del mundo están cambiando su modelo de negocios al esquema “producto como servicio”: reconocen que lo central ya no es vender autos, sino transporte. Aquí en Buenos Aires, Hernán Dietrich, hermano del funcionario y titular de la reconocida concesionaria que lleva su apellido, asegura que su negocio hoy es proveer “soluciones de movilidad”. Es adaptarse a los cambios, o morir.

Y la manera más inteligente de adaptarse, en un mundo superpoblado de gente y cosas, es compartir.