01/09/2014 "Cbala criolla"

Un rescate de Lorenzo Amengual a la adivinacin rioplatense

Con una intensa reflexión sobre el dibujo, el arquitecto e ilustrador Lorenzo Amengual, uno de los nombres más respetados en el arte gráfico argentino, presenta "Cábala criolla", un catálogo donde cada número de la quiniela rioplatense tiene su correlato en imágenes esgrafiadas o recortadas en papel, dando un nuevo sentido a la ancestral tradición adivinatoria de los sueños y el azar.

Por Leticia Pogoriles

"No me quería morir sin haber hecho dos o tres proyectos que tenía en mente", dice Amengual a Télam y, tras publicar un libro sobre el dibujante olvidado Alejandro Sirio, se embarcó durante 18 años en "Cábala Criolla", una "smorfia adulterada", como define a esta pieza de cien ilustraciones, una por número cabalístico derivado del sistema adivinatorio creado en Nápoles y reversionado por los inmigrantes que arribaron al Río de la Plata.

"La clave que une las figuras y los números es una creación colectiva de los napolitanos y una joya de su cultura popular: la smorfia, (derivado de Morfeo) que guía al soñador a interpretar su destino afortunado", explica Amengual, quien estudió este oráculo sincrético, con una genealogía simbólica griega, fenicia y cataginesa.

"Como todo sistema adivinatorio es delirante, ahí se pone la fantasía de hacerte rico y para que no falle tiene que ser lo suficientemente complejo para que el que parezca que se equivoca en la interpretación es uno mismo", reflexiona este artista que con 75 años recién cumplidos, es considerado un pilar en la escena del arte gráfico nacional.
 
Con una "debilidad" por la cultura popular, Amengual persigue con lupa "todo aquello que produce la gente, siempre he seguido temas como los santos populares, la Difunta Correa, San La Muerte, Bairoletto". Por eso, en este libro -publicado por la editorial de la Universidad Nacional de Quilmes- recrea una creencia tan arraigada como mitológica y popular: la quiniela y los sueños. 

Lorenzo Amengual explica cmo surge Cbala criolla


 Pero este volumen -donde a cada número se le asigna un tema del cancionero rioplatense- es potente por razones históricas, ya que Amengual rescata una parte del rosario popular de creencias a lo largo de los años; estéticas por el trabajo impactante en cada ilustración y semánticas, gracias al valor agregado de corte social y personal que le asigna a sus reinterpretaciones.
 
"Creo -dice- que esto que hice, que es dibujo nada más, ayudaría a fijar un momento. No es lo que fue hace 50 años atrás cuando la quiniela era clandestina, pero es un registro. Ahora está más diseminado, antes Riverito cantaba el significado", dice.

El primer chispazo sobre el ejemplar es una fiesta visual, exquisita y personalí-sima con reminiscencias a artistas como Robert Crumb, Antonio Berni y a la grabadora alemana Käthe Kollwitz, pero si uno "mira con detenimiento cada dibujo", podrá encontrar otras respuestas a esa "smorfia" inmigrante con cien destinos consultados desde el inconsciente.
 
Como en el 1, "el agua", representado por una pareja que se enamora en el reflejo de un charco, algo que pendula entre "lo erótico y algo medio horrible de una villa"; o el 2, "el niño", que Amengual lo dibujo aspirando pegamento, mientras al lado se lee el tango "Si se salva el pibe", de Celedonio Flores.
 
"La sangre", el 18, es un muerto desangrado y tapado con diarios; "la mujer", el 21, es un sensual contorno femenino de negros plenos a la luz de la luna; un cartonero va a caballo en el 24; un mano a mano entre ladrones de guante blanco que "se autochorean" representan al dinero en el 32 y una zapatillas colgadas de los cables de luz, marcan la zona liberada del 42.
 
"Le di un sentido que habla un poco del momento de uno, hay mucha reflexión sobre el dibujo. Por ejemplo, el 63 -el casamiento- es un chiste a mí mismo porque pensé en los gringos de mi pueblo cuando se casaron los de la familia Dadone con los Dominotti" recuerda mientras señala la ilustración en la que dados y fichas de dominó contraen nupcias.
 
Amengual, a pesar de sus años en Buenos Aires y sus viajes por el mundo, conserva el acento de su Córdoba natal. Nació en 1939 en Marcos Juárez, no sólo la tormenta de Santa Rosa azotaba esa noche, sino que Alemania invadía Polonia, marcando el comienzo de la Segunda Guerra Mundial.

"Me crié dibujando aviones, era el tema en un país que era otro, donde había 50 autos en un pueblo, cocinas a kerosene y se compraba el hielo en verano. Vi toda esa evolución", recuerda.

Aviones en un pueblito de escasos autos es parte de la mistura que mamó Amengual, que creció en el seno de una familia de inmigrantes "muy libre", alejada de la educación religiosa y cercana a la música, donde se escuchaban cuentos cruzados de españoles e italianos. "Cuando empecé a dibujar todo el mundo se puso contento", dice.
 
El destino sincrético lo siguió marcando y mientras estudiaba arquitectura en La Docta, trabajaba en la fábrica de autos IKA. Con el título bajo el brazo, Buenos Aires le abrió las puertas y él, de apenas veintipicos y dos hijos, comenzó a hacer humor gráfico la mítica revista Confirmado.

"Fui reconocido durante un tiempo como humorista gráfico de cierto renombre. Se me acabó el humor en los 80. Ahora me di cuenta que me pasó algo interesante, no en esa época", reconoce y agrega: "Dejé de dibujar en público, entre otras por razones políticas, y empecé como diseñador. Tomé otros caminos, pero no dejé de dibujar nunca".
 
Trabajó para la Fundación Antorchas y viajó por muchas ciudades del mundo donde vio el arte en primera fila, "quien mastica lo que ve, algo termina aprendiendo", suele decir Amengual, quien en definitiva se considera como "un hombre de imprenta, empecé con linotipo, pero ahora si no tengo seis horas de Mac por día, no me siento realizado".

Amengual es un observador profundo de la realidad, quizás por ser una cualidad de aquellos que sintetizan un momento en un trazo. Se alejó de la fama que supo cosechar muy temprano, pero siguió trabajando en el silencio de los creadores y "con toda esa formación llegué acá", dice, sonriente por esta "Cábala criolla", que mezcla viajes, investigaciones y su propia historia.
 
"La cultura popular es la que no está escrita en libros, sino en refranes, dichos, observaciones, son muy útiles para la supervivencia, se transmiten oralmente y tienen un reflejo en un sistema de imágenes", concluye el hombre que nunca jugó a la quiniela, el dibujante que no recuerda sus sueños y el artista que advierte: "el día que asumió Bergoglio como Papa, salió el 88 y miles de personas ganaron". Creer o reventar, dirían los cabuleros.