30/08/2014 Juan Arabia

Una posdata a la Generacin Beat

En Posdata a la Generación Beat, el poeta, crítico y traductor Juan Arabia configura una serie de ensayos sobre los autores que le dieron forma al célebre movimiento contracultural estadounidense, a partir de la obra de ciertos poetas clásicos, como Whitman y Coleridge, que ya en su época vislumbraron los procesos de dominación de las sociedades civilizadas.

Por Juan Rapacioli

 
El libro, publicado por la revista y editorial independiente Buenos Aires Poetry, traza un arco temporal que abarca poetas clásicos como Walt Whitman, William Blake y Samuel Taylor Coleridge; analiza la obra de John Fante y J.D. Salinger; y aborda el aporte de los escritores beat, sobre todo el de Jack Kerouac, para entender a las sociedades contemporáneas. 

Además, el ensayo establece una relación con el texto Posdata sobre las Sociedades de Control, donde el filósofo francés Gilles Deleuze retoma a una figura clave de la Generación Beat, William Seward Burroughs, quien afirmaba que el lenguaje es un virus. “Control es el nombre que Burroughs propone para designar al nuevo monstruo”, escribe Deleuze.

- ¿Cuál es el punto de partida del libro?
- De alguna manera, esto es una continuación de mi libro sobre Fante (John Fante. Entre la niebla y el polvo) donde se abordan varios autores beat. Acá traté de seguir con el tópico del crecimiento en la literatura norteamericana, que reúne a los poetas clásicos -Jefferson, Whitman, Emerson-, y sigue con la generación perdida -Hemingway, Scott Fitzgerald, Thomas Wolfe-, y termina con los beats. Es una forma de despedida.

El libro ejerce un fuerte empuje sobre todo lo que es la sobredeterminación, en el sentido marxista. La falencia que tuvo el marxismo en materia de crítica literaria es que se basaba mucho en la determinación económica. Después, con la apertura de los estudios culturales (Raymond Williams), se empezó a trabajar con la sobredeterminación, más allá de las clases sociales. Se trata de un concepto mucho más esclarecedor para entender las contradicciones y la versión corriente de la dialéctica. 

- ¿Cuál es el aporte de los beats en la obra de Foucault y Deleuze? 
- En Posdata sobre las Sociedades de Control, Deleuze trata de diferenciar a las sociedades disciplinarias de las sociedades de control; las primeras son las que trabajó Foucault, donde el individuo sale de la escuela, entra al ejército, va a trabajar... Para Deleuze eso cambió, modificando los términos de disciplina por control. El control abarca todo, son estados coexistentes de una misma modulación. El ciudadano no puede elegir.

Deleuze, quien leyó mucho a los beats, abarca todo esto, pero dejó a la posteridad la tarea de averiguar cómo se reproducen estas formas. Y una forma de seguir estudiando a las sociedades de control es volver a los autores que las denunciaron desde otros lugares.

El texto de Deleuze, si bien es precioso, es complejo y académico, y por tanto sólo accesible a unos pocos. Lo que hicieron muchos de los beats fue plantear estas cosas en términos más comprensibles. Un ejemplo es Kerouac: abandonó el camino del erudito y eligió la experiencia de la calle y de la carretera. 

Lo interesante es ver que muchos de los pensamientos académicos más ilustrados, como el de Foucault o Deleuze, se basan en la literatura experiencial de personas que abandonaron la universidad.

Algo importante, además, es diferenciar a los autores de la generación beat, hay muchos ejemplos en el libro: Jack Kerouac dejó la facultad, Lawrence Ferlinghetti la terminó, Gregory Corso no fue nunca a la facultad porque estuvo preso y aunque no parezca, son diferencias que influyen en la obra de cada uno.

Gran parte de las ciencias sociales, los estudios culturales y de la sociología de la lectura, intentan comprender o esquematizar regularidades culturales. Al hacerlo, olvidan qué es lo específico de cada autor, sus propias historias y simbolismos personales. 

El peligro que se corre es no diferenciar un autor de otro, una novela de otra: sobre todo cuando se trata de una literatura verdadera o, como decía Sartre, una literatura que lo es todo; es decir, una época aprehendida por su literatura. Estoy convencido que Moloch no es Urizen, precisamente porque Ginsberg no es Blake ni es Milton, y porque Dios no es un sistema represivo sino una modalidad -específica y localizada- de destrucción. 

- ¿Por qué vuelve a los poetas clásicos para entender a los beats?
- La idea es rastrear a dónde estaba el germen de lo que serían los beats. Creo que ya se puede ver en el poema “El Ruiseñor” de Coleridge, que establece un contrapunto con el poema del mismo nombre de Keats. En Otras Inquisiciones, Borges habla del texto de Keats, y se refiere a un ruiseñor universal, atemporal, que es todas las cosas a la vez.

El de Coleridge, en cambio, habla de algo específico, fue siempre un crítico de la civilización; el poeta, filósofo, político, periodista refiere en el poema a un ruiseñor concreto, que representa la imagen de la barbarie. Hay una relación entre niñez, crecimiento, salvajismo y control. 

En Memorias de los poetas de los lagos, Thomas De Quincey anota que la adicción de su amigo Coleridge al opio responde a la necesidad del autor de regresar a su espíritu infantil, bárbaro o natural. En los primeros versos del poema de Coleridge leemos: “…Y un bosque yo me sé, vasto, muy cerca de un castillo enorme, que su señor ya no habita… Mas nunca supe de un lugar tan lleno de ruiseñores”.