24/08/2014 salud

La sexualidad de personas con discapacidad, en camino para derribar prejuicios

Las personas con discapacidad tienen derecho a ejercer su sexualidad en libertad, desafiando los estereotipos que no permiten integrar el placer sexual con las diferentes realidades físicas, mentales o sensoriales, un proceso que en Argentina “se está transitando”, analizó para Télam Silvina Peirano, especialista en la temática.

Por Silvina Molina

Peirano es profesora en educación especial, orientadora sexual en discapacidad y fundadora de la organización Sex Asistent, con sede en Barcelona, España, país del que regresó a su Argentina natal, donde las personas con discapacidad “están en el tránsito de visibilizar y validar su sexualidad”.

“No hay un modelo, hay opciones variadas, como variadas son las personas y su sexualidad”, resaltó la especialista, que explicó que la asistencia es para quienes conviven con una diversidad funcional, término que ella utiliza porque condice con la filosofía de vida independiente, que postula la inclusión social del colectivo con los apoyos humanos y tecnológicos adecuados.

“Los profesionales no tenemos que decirle a las personas con diversidad funcional qué hacer. Lo nuestro es una propuesta que debemos construir en conjunto, donde ellas y ellos elijan, acompañando sus decisiones”, explicó la profesional.

No tener privacidad para un encuentro sexual o no poseer autonomía física son algunas de las realidades cotidianas de quienes conviven con discapacidad severa, por eso “es importante el respaldo, la compañía, porque son en general madres y padres quienes se preguntan qué hacer, y nos interpela como sociedad”, analizó Peirano.

“Hay vidas, gente que la pasa mal; familias, profesionales y sobre todo, personas con discapacidad que quieren ejercer su derecho en un lugar seguro, cuidado, sin maltrato, con aceptación, sin discriminación”, agregó.

La asistencia sexual en discapacidad “existe hace más de 30 años, con particularidades según las culturas, y una de las opciones es acudir a las trabajadoras sexuales, que cubren una necesidad, pero no un deseo”, aclaró la dirigente que compartió un encuentro organizado por la Asociación Mujeres Meretrices de la Argentina, en la Legislatura porteña.

“El contacto de ellas con las personas con discapacidad es una realidad. Muchas veces son los amigos o padres quienes generan el encuentro, pero ellas necesitan saber cómo hacerlo. Por ejemplo, cómo trasladar a una persona de su silla de ruedas a la cama o cómo actuar si utiliza sonda”, argumentó la especialista.

Otras opciones de la asistencia sexual son los profesionales de distintas disciplinas “que colaboran con las personas para definir qué quieren y cómo hacerlo”, y los acompañantes sexuales “que no intervienen en la relación, siguen pautas marcadas por la pareja, desde acompañarlos a un lugar privado, hasta ayudarlos a movilizarse en el encuentro”.

Peirano insistió en que su tarea “es apoyar, acompañar y facilitar los intereses y las necesidades sexuales y afectivas” ya que las parejas de personas con discapacidad son una realidad, por lo tanto el afecto también es parte de la sexualidad.

Otro aspecto importante es que “no hablamos sólo de genitalidad. Se trata del encuentro libre de dos adultos que pautan cómo encontrarse”, valoró.

También es real que las mujeres con discapacidad “tienen mas dificultades aún que los hombres para vivir libremente su sexualidad”, como lo es también “la medicalización que anula y niega el deseo sexual”.

La negación de la sexualización de la discapacidad “no puede existir, no se puede negar un derecho”, enfatizó Peirano, quien dicta cursos, capacita y asesora sobre una realidad con la que convivimos, a pesar de lo costoso que resulta, para parte de la sociedad, verla, ponerle palabras y respetarla.