22/07/2014 Psicoanálisis

Las voces de la psicosis

En Voces de las psicosis. Lecciones introductorias, el psicoanalista Marcelo Mazzuca retorna sobre el estatuto de la voz como objeto, escapando de pensar la estructura del sujeto como afectada por un déficit mecánico (que daría lugar a un anonimato) para centrarse en la alucinación auditiva como paradigma del síntoma psicótico.

Por Pablo E. Chacón


El libro, publicado por la editorial Letra Viva en los próximos días, representa uno de los intereses fundamentales de su autor, quien incluso ha publicado un libro sobre la relación de Charly García a su voz.
 
Mazzuca también es docente en la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA) y publicó Una voz que se hace letra, La histérica y su síntoma y Ecos del pase, entre otros registros.
 
Esta es la conversación que sostuvo con Télam.
 
T : Este nuevo libro pareciera completar una serie con otros dos libros suyos, Una voz que se hace letra y La histérica y su síntoma, en torno al objeto voz en psicoanálisis, ¿cuál es la dirección que toma este nuevo trabajo al hacer de la alucinación auditiva el paradigma del síntoma psicótico.
 
M : Es cierto que los tres libros tienen como denominador común la temática de la voz en psicoanálisis, aunque el tema de las voces de las psicosis no completa la serie sino que la inicia. Porque si bien como libro es el último, el trabajo en torno a este tema fue más bien el punto de partida de una reflexión personal sobre el asunto. Está en los inicios de mi interés por el psicoanálisis. Incluso, el núcleo de lo que desarrollo en el libro ya estaba presente en un curso sobre el tema del diagnóstico y el tratamiento de las psicosis que dicté hace ya bastante tiempo. Por eso, diría que para mí la alucinación auditiva no es solamente, como afirma Lacan, el paradigma del síntoma psicótico; es, además, el caso que permite apreciar más nítidamente la dimensión de objeto que puede adquirir la voz en la experiencia psicoanalítica, tanto en las neurosis como en las psicosis. En este sentido, creo que es un punto de partida más que un punto de llegada. Seguro hay una cuestión de experiencia personal. De hecho, desde mis primeras lecturas de los primeros textos de Freud me llamó la atención que el rasgo que permitía distinguir el síntoma obsesivo del síntoma paranoico, es que las voces interiores se sonorizaran. De allí en más se abren unos cuántos problemas clínicos que creo se esclarecen solo a partir de que Lacan introduce la voz en la lista de sus denominados objetos a. Los temas de psicopatología fueron para mí una puerta de entrada. Luego me interesé en la incidencia de la voz en la clínica de la histérica, y por último en los vínculos entre las artes y la práctica analítica, en particular la música y la poesía. En ese sentido, mi trabajo de investigación sobre Charly García es ya un punto de llegada, y mí único interés tenía que ver con la pregunta acerca del vínculo entre la voz y la letra.
 
T : La cuestión de la voz pareciera resonar en el libro sobre su propia experiencia en el dispositivo analítico, Ecos del pase. Si bien este último libro toma de forma privilegiada los sueños, ¿en qué punto también la voz participó de este análisis?
 
M : Es cierto que se puede reconocer el mismo rasgo en Ecos..., y no creo que sea una casualidad. De hecho, no solo elegimos esa expresión para el título del libro sino que además decidimos que fuera el primer número de una colección publicada por el Foro Analítico del Río de la Plata cuyo título es Voces del Foro. Pero en ese caso lo importante es entender que se trata de la dimensión de la voz que interviene en el procedimiento del pase, que es un dispositivo propio de una Escuela de Psicoanálisis tal como la pensó Lacan, en este caso de la Escuela de Psicoanálisis del Campo Lacaniano. Y que los foros, que giran alrededor de una Escuela que es internacional, son como una suerte de caja de resonancia de lo que se puede elaborar a nivel de la Escuela y sus dispositivos, el cartel y el pase. Por eso, en tanto libro, no es una publicación mía; cuenta en la serie y a la vez no cuenta. De hecho, ni el título del libro ni el de la colección fue elegido por mí, aunque, por supuesto, no fue sin mi consentimiento. Lo que pude elaborar y transmitir de mi experiencia en los dispositivos del análisis y del pase no fue escrito en forma de libro, no tiene el mismo estatuto que los otros tres. Fueron ponencias presentadas en actividades de Escuela realizadas en foros de distintas ciudades. Allí, y en ningún otro lugar, hay que ubicar la incidencia de la voz. Es en ese nivel que interviene; luego vienen los ecos y las voces del foro, pero eso ya es otra cosa. En cuanto a mi experiencia como analizante y como pasante, si bien es cierto que los sueños fueron aquello que funcionó como huella y camino, por así decir, de la elaboración propiamente analítica, sin ninguna duda la subjetivación de la mirada y la voz (sobre todo esta última), fue lo que estuvo en juego a la hora de resolver el análisis y tomar partido por el ejercicio de la profesión. Como sostengo en mis testimonios, ciertos sueños pueden cumplir en un análisis la función de indicar la relación del sujeto a la causa de su deseo, ya sea esta causa de carácter escópico o invocante. En cualquier caso, la voz o las voces siempre intervienen.
 
T : De regreso al libro, una hipótesis de su ensayo es ubicar la particular posición subjetiva del psicótico, a expensas de cualquier teoría del déficit (por ejemplo, al pensar que al psicótico le faltaría la neurosis), ¿cuál es el alcance de esa apuesta?
 
M : Es un tema controvertido y, a mi gusto, no siempre bien encarado. Que el sujeto psicótico en muchos casos padece por las consecuencias de un déficit en el nivel de la simbolización, es un hecho clínico verificable, y no me parece que tenga mucho sentido desconocerlo. No son solo los familiares, que en muchos casos no entienden qué le pasa al psicótico, quienes sufren las consecuencias. Muchas veces es el psicótico mismo quien lo padece y pide ayuda, y eso nos habilita a escucharlo y eventualmente a ofrecerle la posibilidad del psicoanálisis. Y creo que tanto esa escucha como esa oferta tienen que tener en cuenta ese déficit en la simbolización provocado por lo que Lacan denominó forclusión de la función significante del padre, por esa falta de simbolización del deseo paterno en su carácter legislativo respecto del deseo de la madre. Por mi parte, nada que objetar a esa primera tesis de Lacan. Lo que creo el propio Lacan intenta corregir es la idea de que al psicótico le faltaría la neurosis, y que por lo tanto el déficit es evaluable en esos términos. Así pudo entenderse inicialmente, pero eso tiene que ver con el hecho de que el dispositivo analítico fue inventado para tratar la neurosis, no la psicosis. Para el neurótico también hay una dificultad en la simbolización, y por esa razón Lacan amplió su perspectiva con el correr de su enseñanza, intentando siempre situar el modo en que cada quien, psicótico o neurótico, responde con su deseo y su síntoma al padecimiento de una dimensión de un real imposible de soportar. Más que déficit es suplencia del lapsus y la no relación entre el cuerpo, el viviente y la lengua.
 
T : Desde el mismo punto de vista, está clara su intención de no reducir la psicosis a un mecanismo, punto en el cual recurre a los primeros textos freudianos para demostrar cómo ubica un conflicto en el desencadenamiento psicótico. Ergo, una elección, ¿qué riesgos encuentra en la reducción del sujeto a una estructura anónima?
 
M : Ese es un punto verdaderamente importante. Ni Freud, ni Lacan, a pesar de haber dedicado mucho esfuerzo para precisar los mecanismos en juego en la formación de los síntomas, redujeron la psicosis o la neurosis a una cuestión mecánica. Más aún, para ellos ni siquiera el mecanismo es lo decisivo. Volviendo a la referencia princeps de Lacan, el significante nombre-del-padre no es, estrictamente hablando, un significante que pueda escucharse en la mecánica asociativa del relato neurótico, como tampoco puede localizarse en su discurso la sustitución de significantes que Lacan llama metáfora paterna. Se trata más bien de una manera de nombrar un elemento mítico y una operación que también lo es. En síntesis, la forclusión del nombre-del-padre no es la fórmula de un mecanismo, sino de la consecuencia de una toma de posición frente al deseo encarnado por un padre. Es un decirle que no a la posibilidad de que dicho deseo, por así decir, legisle las condiciones de lo deseante. Y así como suponemos una toma de posición del hablante, es decir del deseante, en el tiempo primero de la constitución subjetiva, también podemos reconocer una toma de posición semejante frente a los conflictos que afectan la vida del psicótico. Incluso haber rechazado el acto de nominación proveniente del padre, hace que algunos psicóticos encuentren una mayor libertad a la hora de procurarse o inventarse un nombre propio. No se trata, entonces, de abordar la psicosis como una estructura anónima.
 
T : De su libro podría desprenderse una tesis fuerte: no sólo hay un riesgo en la psiquiatrización del psicoanálisis, sino también en el psicoanálisis mismo cuando olvida su inspiración en el sujeto, ¿hasta qué punto existe una psicopatología psicoanalítica?
 
M : Depende qué se entienda por psicopatología psicoanalítica. Como dije anteriormente, mis primeras reflexiones sobre el tema del objeto voz en las psicosis, y parte de mi formación inicial en psicoanálisis, se la debo a mi participación en una cátedra universitaria que pretende enseñar una psicopatología psicoanalítica. Trabajo y enseño allí hace ya más de quince años, y puedo asegurar que más allá de los riesgos que existen en la transmisión del psicoanálisis en esa materia en particular y en la universidad en general (entre los cuales está el de borrar la dimensión del sujeto de la experiencia analítica y el de deslizar la enseñanza hacia la compresión de una semiología psiquiátrica con terminología psicoanalítica), la enseñanza se produce. En definitiva, la categoría psicopatología psicoanalítica quizá no sea más que una puerta de entrada para que el discurso analítico pase. Que el discurso universitario produce al sujeto, lo sabemos gracias a Lacan. Creo que todo depende de bromear con él y lograr trasladarlo hacia otros discursos. Y pienso que allí las voces son parte interesada en el asunto. Sería un buen tema de investigación.
 
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