08/07/2014 Historia

Cul fue la posicin argentina durante la Gran Guerra?

En 1914. Argentina y la Primera Guerra Mundial, el historiador, docente y escritor Ramón Tarruella despliega una serie de argumentos para entender la posición argentina durante ese conflicto, que también explicaría la puja interna de los partidos políticos locales y el lugar del país en la nueva división social del trabajo abierta a posteriori de la firma del Tratado de Versalles.

Por Pablo E. Chacn


El libro, publicado por la editorial Aguilar, también da cuenta de la actitud de los inmigrantes europeos que habían llegado al país del ganado y de las mieses y la de muchos intelectuales, entonces figuras más notorias.

Tarruella nació en 1973 en Quilmes, vive en La Plata, coordina talleres literarios y es editor. Publicó, entre otros libros, Mitos y leyendas de La Plata, Balbuceos (en noviembre) y Allá, arriba, la ciudad.

Esta es la conversación que sostuvo con Télam.

T : Es muy conocida la lamentable posición argentina durante la segunda guerra mundial, pero mucho menos durante la primera. ¿Cuál fue esa posición?

RT : Se conoce poco de la relación de Argentina con la primera guerra mundial, algo que me llevó a escribir el libro. Se conoce mucho menos que la posición respecto de la segunda. La posición oficial de la Argentina fue de neutralidad, tanto del gobierno conservador de Victorino de la Plaza como del radical Hipólito Yrigoyen. De todos modos, quien debió llevar con mayores tensiones esa postura, sin dudas fue Yrigoyen. Con los atropellos de las potencias y las agresiones de Alemania, a partir de 1915, hubo una mayor presión para que la Argentina se sumara al bando de los aliados. Y fue el gobierno radical quién debió amortiguar esas tensiones. Y las mantuvo a pesar de las presiones políticas de ciertos sectores dentro del radicalismo, de algunos partidos políticos, de las protestas callejeras. La  neutralidad llevó a Yrigoyen a posturas ambiguas: sostener la decisión y luego mostrar gestos de subordinación con algunas potencias europeas. Una ambigüedad propia de futuros gobiernos radicales. Creo que la posición de De la Plaza es más entendible y cómoda, ya que le quedaba poco en el gobierno al estallar la guerra. No hay que olvidarse que la presencia alemana en el país era importante, desde capitales trascendentes hasta una colectividad fuerte, como también los asesores militares del país germano. La neutralidad de Yrigoyen, creo que se debe a una convicción y a cierta impericia. Tomar la presidencia en plena guerra era mucho para el debut. Hay que tener en cuenta que Yrigoyen, cinco años atrás, estaba más cerca de las barricadas que de la presidencia, y asume en medio de la guerra. Y eso se notó, por ejemplo, en una legislación en varios aspectos favorable a los sectores bajos, y por otra, en no poder evitar la represión ante las protestas sociales.

T : ¿Cuáles eran las querellas sobre la cuestión entre los partidos políticos?

RT : La guerra obligó a una disputa interna de los partidos políticos que en algunos casos, provocó divisiones. Forzó a un debate para el que no estaban preparados. El radicalismo, por ejemplo, sobre todo a partir de 1917, debió enfrentar una feroz interna entre el oficialismo que estaba aprendiendo a gestionar, y un sector que seguía el termómetro de la sociedad proaliada. En el socialismo también se dio un debate parecido, incluso forzó a Juan B. Justo, el patriarca del partido, a gestos autoritarios. En ese contexto, la figura de Alfredo Palacios cobró una dimensión mediática fuerte, como una suerte de paladín de los proaliados y víctima de las arbitrariedades de Juan B. Justo. Quien lo acompañó en ese periplo fue Leopoldo Lugones.

Para agregar, en 1917 se fundó la génesis de lo que luego sería el Partido Comunista, una fracción sublevada que venía mostrando disidencias con la dirigencia del socialismo. Los conservadores la tuvieron más sencilla, dejaron el poder en 1916 y cuando buena parte de la sociedad se puso a favor de los aliados, siguieron el cauce de esa movilización. Incluso varios de los que demandaban apoyar a los aliados fueron quienes defendieron la neutralidad durante el gobierno de De la Plaza. La guerra, de alguna manera, ocupó la agenda de los partidos políticos, al menos desde 1915, y creo que fue un debate donde hubo mucha improvisación, cierto testeo de lo que ocurría en la sociedad, como para no perder margen popular, si acaso algunos de ellos lo tenía. No había herramientas teóricas, como podía pasar con otros debates, como por ejemplo, con la ley electoral o la cuestión obrera.

T : La ley Sáenz Peña, ¿es un efecto de la Gran Guerra?

RT : No, en absoluto. La ley se sancionó en 1912, dos años antes de la guerra y se trató de un síntoma de desgaste del modelo político conservador. La presión de los levantamientos radicales, de un gobierno desgastado llevó a que un mismo conservador, Roque Saénz Peña, en acuerdo con Yrigoyen, renovara las prácticas electorales. Cierta occidentalización del modelo político, desde fines del siglo XIX, complotó contra los conservadores, ya que esa misma occidentalización puso en evidencia lo arcaico del sistema electoral argentino. Tampoco se puede decir que el triunfo radical de 1916, en plena guerra, se debió al conflicto. La decadencia conservadora venía arrastrándose desde antes de la Gran Guerra.

T : Los inmigrantes italianos y españoles, en su mayoría eran anarquistas, comunistas, socialistas. ¿Cómo los afectó la posición argentina durante la guerra y cómo la revolución de Octubre, que ocurre durante la guerra?

RT : Yo no aseguraría que la mayoría de los españoles e italianos eran de izquierda. Sí es verdad que anarquistas y socialistas, originalmente, surgieron de sectores inmigrantes. Pero para 1910 había una gran cantidad de españoles e italianos y por lo tanto, una gran variedad. Muchos, sin duda, tenían un compromiso político, pero a otros, poco les importaba la política. En los italianos se vio un gran entusiasmo cuando su país ingresó a la guerra, en 1915. Fue una conmoción que atravesó a casi todo el país. Sociedades, entidades, clubes italianos salieron a la calle a festejar el hecho. La revolución de Octubre disgregó definitivamente al partido socialista. Digo definitivamente porque el partido ya venía de una crisis, en parte por la guerra. La fracción sublevada, en la que participaban futuros dirigentes comunistas, es separada del partido (socialista). Luego, ellos fundan el PC. La revolución de Octubre profundizó esa crisis. Yo creo, igual, que las repercusiones de la revolución en la política argentina se verán tiempo después. Los sectores más politizados ya estaban en pie de batalla, ya habían generado huelgas importantes, como la de los ferroviarios a fines de 1917. Había síntomas de politización antes de Octubre. Lo que sucede es que ese hecho puso a la clase dirigente ante la eventualidad de perderlo todo. Pero no hay que olvidar que las leyes discriminatorias se dieron antes de 1917, la de Residencia y la de Seguridad Social.

T : Los intelectuales, la opinión de los intelectuales ¿pesaba realmente entre los trabajadores o pesaba, si pesaba, entre conservadores, radicales, militares?

RT : Había una relación más estrecha entre la clase intelectual y la política, con antecedentes importantes en la historia argentina. Sarmiento, presidente y tal vez uno de los primeros cronistas argentinos; Avellaneda, que le escribía los discursos; Mitre, periodista, historiador. En las primeras décadas del siglo son varios los intelectuales que formatean el pensar nacional (Miguel Cané, Ricardo Rojas, Leopoldo Lugones, Joaquín V. González). Cuando estalla la Gran Guerra, Lugones está en Francia. Y los artículos que escribe para La Nación de alguna manera influyen a la clase dirigente. La idea, sostenida por Lugones desde el principio, es que tanto Francia como Inglaterra se ven obligadas a movilizarse por la agresión imperialista de Alemania. En otro bando ideológico, Roberto J. Payró, que está en Bélgica, dice lo mismo. Seguramente los argumentos de la clase dirigente tienen una autonomía, no responden directamente a la intelectualidad, pero dan argumentos a esas ideas, clarifican o marcan un rumbo. Lo mismo sucede con las publicaciones partidarias. Los debates a favor o en contra de la neutralidad se vieron reflejados en las publicaciones anarquistas y socialistas. La Vanguardia dedicaba páginas enteras a esos debates, y desde 1905 se vuelve diario. La figura del intelectual tenía una suerte de legitimación, era una figura respetada y leída. Tal vez como una herencia de la Modernidad, el hombre de letras era hombre de conocimiento. Durante la Gran Guerra hay varios intelectuales que cobran un protagonismo único. Por ejemplo, Lugones, nuevamente Lugones.

T : ¿Qué papel, respecto de la Argentina, jugó Inglaterra? ¿Cómo pensar la semana trágica sin relacionarla con el avance de la izquierda en Europa?

RT : Me animo a dos respuestas. Inglaterra ejercerá una presión mayor en el país desde 1915, para romper la neutralidad, pero la guerra llevaba tal intensidad que se dedicó a sus problemas internos. Inglaterra cortó la exportación de productos fundamentales para la Argentina sin contemplar la situación del país. De todos modos, ese vínculo tan fuerte con Inglaterra aceleró las demandas de la clase dirigente para romper la neutralidad. Las clases dirigentes, sobre todo los que venían del régimen conservador, temían por el distanciamiento de Gran Bretaña, que el amigo poderoso se enojara; eso era una herencia de las relaciones carnales con Inglaterra. De todos modos, no hay que perder de vista a los Estados Unidos, que cuando ingresa a la guerra, en 1917, convoca a los países del continente a imitar su posición. Incluso manda agentes, presiona desde las embajadas, amenaza. Y la Argentina, que se mantiene fiel a la neutralidad, será un blanco repetido para Estados Unidos, una suerte de nación rebelde. Con respecto a la Semana Trágica, es verdad que el avance la izquierda en el mundo ejerce una influencia muy importante. Pero también se debe tener en cuenta la crisis de la posguerra, la fuerte sindicalización que había en el país desde los primeros años del siglo, la falta de maniobras del gobierno de Yrigoyen frente a las luchas obreras, ya que permitió mucha libertad a sectores reaccionarios y eso provocó represiones feroces. No hay que olvidar que en la Semana Trágica hace su debut La Liga Patriótica, matando a mansalva. Por otra parte, emerge un nacionalismo muy fuerte en diferentes sectores ante una crisis de los valores occidentales. Esos nacionalismos resultan una suerte de alternativas a los modelos occidentales ahora en decadencia. Nacionalismos de derecha, La Liga Patriótica, y nacionalismos populares. La figura de Manuel Ugarte es muy interesante, resulta de los más lúcidos a la hora de analizar la guerra, un mentor de FORJA, que llegará años después. El nacionalismo emerge de esa crisis occidental, digamos que se buscan soluciones regionales ante los modelos europeos caducos. 
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