28/06/2014 riesgo

Irak, entre los jihadistas sunnitas y la guerra civil

Nadie puede asegurar que los esfuerzos de Estados Unidos e Irán para apuntalar al gobierno de Nuri al Maliki den rápidos resultados en Irak, un país que vuelve a enfrentar el riesgo de una guerra civil.

Por Alberto Galeano

Once años después de invadir Bagdad, bajo el gobierno del republicano George W. Bush, Estados Unidos no sabe qué hacer para enmendar su error de haber derrocado al presidente Saddam Hussein, a quien acusaba de poseer armas de destrucción masiva que jamás fueron encontradas en suelo iraquí.

Ese fracaso norteamericano es también responsable de la actual incursión de los yihadistas del Estado Islámico en Irak y en Levante (EIIL), cuyo objetivo es construir un califato entre Siria e Irak para aplicar la ley islámica más primitiva, según opinan algunos analistas.

A los fundamentalistas sunnitas le han salido al paso varias milicias chiitas (la mayoría religiosa que gobierna el país tras el derrocamiento de Hussein), temerosas de que lleguen a Bagdad luego de conquistar Mosul, la según ciudad de Irak.

Al Maliki, sin embargo, se niega a aceptar los consejos de Estados Unidos para que integre a las minorías de ese país, sobre todo a los sunnitas y a lo kurdos que habitan el norte iraquí.

Esta semana, el premier iraquí rechazó un pedido del secretario de Estado norteamericano, John Kerry, para formar un gobierno de unidad nacional junto con las fuerzas políticas opositoras.

Al Maliki lidera una coalición que ganó las elecciones de abril pasado, aunque con una leve mayoría que le impide gobernar sin formar alianzas. El Parlamento iraquí deberá elegir el próximo primero de julio a un nuevo presidente.

La situación se agravó en el norte de Irak, luego de que el EIIL conquistara uno de los tres pasos fronterizos con Siria, Al Qaim, pero los fundamentalistas sunnitas fueron bombardeados por aviones del gobierno sirio de Bachar al Assad.

El EIIL, que controla también posiciones en el noreste de Siria, fusiló entre 160 y 190 soldados iraquíes que habían capturado, según la organización Human Rights Watch, con sede en Washington.

Estados Unidos no oculta su preocupación por la irrupción del EIIL, un desprendimiento de Al Qaeda.

Por ese motivo, esta semana llegaron a Bagdad la mitad de los 300 militares prometidos por Washington para asesorar a las fuerzas iraquíes en la contrainsurgencia.

La Casa Blanca admitió que realiza entre 30 y 35 vuelos de vigilancia y espionaje diarios con cazas F-18, turbohélices P-3 y drones.

Si bien los drones sobrevuelan Bagdad con misiles, el presidente estadounidense, Barack Obama, desestimó la posibilidad que vaya a ordenar ataques contra los yihadistas del EIIL. Pero otros políticos, como el ex primer ministro británico Tony Blair, consideran que Occidente "debe intervenir en Irak".

“Está en nuestros intereses detener a este grupo de extremistas jihadistas en sus pistas (...) No son simples luchadores iraquíes, porque ellos están dispuestos a pelear contra nosotros si no los detenemos”, dijo mediados de junio Blair, informó el diario The Guardian.

A pesar de que tanto Teherán como Washington están dando apoyo militar al gobierno iraquí, ambos países observan con mucha cautela lo que ocurre en Irak, pues Irán compite por el liderazgo en la región tras el derrocamiento de Hussein.

“Estados Unidos destruyó la política, la economía y la infraestructura social de Irak. No hay forma de intentar sacarlo de su agonía. Esto no es un apocalipsis jihadista", dice Graham E. Fuller, en un artículo en el diario The Christian Science Monitor.

Para este analista, las fuerzas del "EIIL están estableciendo las bases para que surja una estructura federalista del árabe sunnita, del árabe chiita y de las regiones kurdas, la única manera de que Irak pueda sobrevivir en el futuro inmediato".

Los yihadistas del EIIL, por el contrario, tienen diferencias con otros grupos de esta corriente religiosa como el Ejército de la Orden de Naqshbandi, una milicia fundada por Izzat al Duri, quien era el número dos de Hussein, informó el diario español El País.

Además de la guerra que destruyó la economía de Irak, considerado uno de los países con más reservas de petróleo del mundo, la invasión de Estados Unidos desmembró al ejército iraquí y al entonces gobernante Partido Baath que apoyaba a Hussein, quien fue juzgado y ahorcado por crímenes de lesa humanidad. 

Sin duda, la organización y el robustecimiento de las fuerzas armadas iraquíes sigue siendo uno de los grandes desafíos que afronta Irak para volver a vincularse al cambiante mundo de Medio Oriente.