25/06/2014 Crtica literaria

"Una verdadera correspondencia no tiene fin"

En Cuerpos textualizados, los escritores Natalia Litvinova y Javier Galarza sostienen una correspondencia dividida en tres zonas donde ponen en cuestión la potencia de la escritura, el deseo que la anima y la ausencia de respuestas definitivas que empuja a seguir con una práctica que carece de utilidad, valor y equivalencia: el arte como don o parte maldita.

Por Pablo E. Chacn


El libro, publicado por la editorial Letra Viva en la colección Literatura y Psicoanálisis que dirige el también escritor y psicoanalista Nicolás Cerruti, entre otras cosas, es una travesía espiritual que se hace de la mano de Rilke, Celan, Mandelstam, Miguel Angel Bustos, un linaje leído en clave singular.

Litvinova nació en Bielorrusia en 1986, es traductora y poeta. Galarza nació en Buenos Aires en 1968. Es profesor asociado de la Fundación Centro Psicoanalítico Argentino, dedicado a la enseñanza y a la investigación literaria.

Esta es la conversación que sostuvieron con Télam. 

T : Javier, me llamó la atención el nombre de su correo electrónico. Luego, leyendo el libro, creo que usted piensa que hay algo inabarcable en la poesía. ¿Es así? Si fuera así, ¿qué sería eso, lo inabarcable?

G : Tal vez lo inabarcable sea ese caudal de vida que nos excede, eso que, como decimos en la introducción a una de las cartas del libro, nos desborda por todos lados. En la Primera elegía de Duino, el poeta Rainer Maria Rilke, escribe Se alzaba/ en el pasado una ola hacia ti, o cuando pasabas/ por una ventana abierta, se te entregaba un violín. / Todo esto era una misión, ¿pero fuiste capaz de cumplirla?/ ¿No estabas siempre distraído por la esperanza…? Creo que la poesía da cuenta de ese resto de sentido que nos huye, eso que Hölderlin llama los signos de los dioses y Baudelaire las correspondencias. Es inabarcable porque está allí, pero se sustrae, y como el sentido de los poemas, nos interpela desde lo que se retira.

T : ¿A qué se refieren cuando hablan del no saber de la escritura? ¿Saben más después de este libro, o permanecen en la incertidumbre?

L : Recordamos las palabras que Lacan le dijo a Marguerite Duras: Usted no debe saber que ha escrito lo que ha escrito, porque se perdería. Y significaría la catástrofe.

G : Ponemos la escritura del lado de la búsqueda y no de la certeza. Sabemos algo más después de escribir este libro. Pero sólo el tiempo o los trabajos posteriores podrán decirnos de qué se trata. Mientras tanto, continuamos con el diálogo y con nuestros respectivos proyectos. Es decir, seguimos buscando.

T : ¿Existe una oscuridad propia del este de Europa, de los países bálticos, que nada tiene que ver con el malditismo de Occidente? ¿Cómo sería esa cuestión para uno y otro?

L : Rusia es una nación sufrida, se percibe algo de letanía en la lengua, en la canción popular, incluso en el cine. El carácter religioso del pueblo eslavo lo describió Rilke en El libro de las horas, luego de pasar las pascuas junto a Lou Andreas Salomé. Escribió Rilke: Rusia es el único país que cargó sobre sí la infinitud del sufrimiento para regenerarse. Es difícil imaginar en qué se convertirá luego de haber sobrevivido, pero en todo caso, será distinta, diferente a Occidente, que sólo trata de pasar de largo. Esto lo dice antes de la Revolución Rusa.

G : La oscuridad de los poetas malditos, desde Verlaine, tiene que ver con los excesos, pero también con la videncia que Rimbaud describe en sus cartas. El mismo Osip Mandelstam ve que el siglo XX nace con la espina dorsal rota. No lo hace mediante el desarreglo de los sentidos sino con la lucidez acmeísta de estar en el tiempo y por lo tanto, leer su época.

T : La idea de testigo, testimonio, ¿a qué refiere? Si se habla de Celan, Rilke, Holderlin, Juanele, Heidegger, seguramente no hablan de un dispositivo jurídico. Les agrego una palabra, quizá emparentada: herencia.

G : Paul Celan tiene un verso que dice nadie testimonia por el testigo. Dice el filósofo Alain Badiou que hay una ciclo que arranca con Hölderlin y se cierra con la escritura de Celan, apenas posterior a Auschwitz. Tal vez sea el fin de la era de los poetas en tiempos de indigencia de la que habló Hölderlin. Paul Celan se suicida en 1970. En la Argentina también se cierra una época, quizás con  El Himalaya o la moral de los pájaros de Miguel Ángel Bustos, escrito pocos años antes de que el poeta fuera secuestrado por un comando paramilitar, en 1976. Si pensamos que Pizarnik murió en 1972 y Juanele en 1978, vemos que en efecto, un tiempo ha terminado. Nos toca a los poetas ver qué se hace con esta herencia, cómo se escribe después de los totalitarismos.

T : ¿Qué cosa es el mar, para uno y para otro?

L : El mar representa para mí la parte paterna y la desilusión. En el libro cuento que llegué con mi familia a las orillas del Mar Negro, y corroboré que en realidad no era del color que su nombre indicaba. Comencé a dudar de la lengua, de la palabra. El mar como un ser encantado, que está bajo un hechizo, que también me hace recordar a mi padre, lo cuento en el mismo capítulo del libro. Durante esas vacaciones en Ucrania, me perdí por primera vez. Al no conocer el camino de regreso a la cabaña, fui a la playa y me senté frente al mar, acepté que posiblemente me había perdido para siempre. Fueron a buscarme los hombres de la familia, mi padre y mi hermano.

G : Para mí es el ciego que se queda oyendo frente al mar en la canción Los libros de la buena memoria de Spinetta, ese verso que dice Parado estoy aquí, esperándote, todo se oscureció, ya no sé si el mar descansará.

T : ¿Cómo seguir escribiendo después de la intensidad de esta experiencia?

G : Seguimos escribiendo fortalecidos. Paul Celan dice en un discurso: El poema es un diálogo. A menudo un diálogo desesperado. Seguimos con ese diálogo y con esa desesperación. Una verdadera correspondencia no tiene fin.

L : Como dice Claudia Masin en el prólogo, este libro no es una correspondencia entre dos: es una correspondencia entre vivos y muertos, entre poemas ya escritos y otros por escribir…

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