25/06/2014 lanzamiento

Un mundo atravesado por las estadsticas

Para mostrar la incidencia crucial de las estadísticas en la vida cotidiana, el econometrista Walter Sosa Escudero escribió "Qué es y qué no es la estadística", una obra sobre los alcances de un fenómeno que pone al descubierto los usos y abusos de esta disciplina cuya influencia se ha agigantado en los últimos años porque responde "a una necesidad social de ponerle orden al caos".

Por Julieta Grosso

¿Brasil ganará el Mundial? Hay un punto en el que la estadística se funde con la obviedad y la ligereza: año tras año, el actual anfitrión de la Copa del Mundo es favorito recurrente de encuestas que muestran el costado más banal y antojadizo de una herramienta matemática que aplicada a realidades complejas orienta el trazado de políticas públicas y facilita la constatación de tendencias.

"La estadística es más útil cuanto más complejo es el fenómeno. Si sabemos que un candidato va a ganar con más del 80 por ciento de los votos, tiene un rol anecdótico, marginal. Pero se pone interesante cuando no está claro quién va a ganar"

"La estadística muchas veces se utiliza para predecir tonterías -dispara Sosa Escudero en entrevista con Télam-. Nadie se inquieta porque se diga que el Mundial lo va a ganar Brasil; si uno toma elementos como que ganó en otras cinco oportunidades, que es local y que tiene jugadores muy cotizados, es fácil apostar por Brasil".

"Por eso, la estadística es más útil cuanto más complejo es el fenómeno. Si sabemos que un candidato va a ganar con más del 80 por ciento de los votos, tiene un rol anecdótico, marginal. Pero se pone interesante cuando no está claro quién va a ganar, o cuando se discute si el desempleo sube o no, por ejemplo", apunta.

"En definitiva, la paradoja es que las estadísticas son tanto más urgentes y necesarias cuanto más complejas son. Y obviamente, cuanto más compleja es la realidad que intenta reflejar, requiere más esfuerzo metodológico y es menos confiable", explica Sosa Escudero, que se especializa en econometría aplicada a cuestiones sociales, como la medición de la pobreza y la desigualdad.

El autor, que cursó su licenciatura en Economí­a en la Universidad de Buenos Aires y su PhD en la Universidad de Illinois, en Urbana-Champaign, es docente desde hace casi 25 años en la Universidad de San Andrés, investigador del Conicet y presidente de la Asociación Argentina de Economí­a Polí­tica.

En "Qué es (y qué no es) la estadística" (Siglo XXI editores), Sosa Escudero se las ingenia para sumergir en esta temática a un lector no familiarizado con el mundo de las mediciones a partir de un formato ameno que apela a combinaciones pirotécnicas -en las que irrumpen Sandra Bullock, Jorge Luis Borges, Juan Domingo Perón,  Horangel o Marcelo Bielsa, entre tantos otros- para despejar dudas en torno a los usos y abusos de la disciplina.

El texto no deja flanco de la vida cotidiana en el que esté ausente la estadística, desde las estrategias para medir el rating de un ciclo televisivo hasta los instrumentos para cotejar la evolución del desempleo, la gravitación de la belleza a la hora de luchar por un puesto de trabajo y las especulaciones de los arqueros al momento de tirarse para atajar un penal.

Sin cifras y ni una sola operación aritmética a la vista -una proeza incalculable para un libro que pretende ser esclarecedor acerca de una disciplina que vive de los números- el autor recorre métodos y herramientas para definir un campo de acción impreciso que permite aproximarse a una realidad sin afán concluyente.

"El gran desafío de la estadística es aceptar que no está mirando el todo pero que se está acerca a un fenómeno de una forma científicamente honesta. Toca negociar qué se gana y qué se pierde. Y ahí es donde aceptamos un poco de imprecisión a los efectos de ganar algo de información -ilustra Sosa Escudero-. La estadística no intenta jactarse de que es buena o mala sino de que es útil".

Hoy parece imposible explicar el funcionamiento de la vida moderna sin apelar a coeficientes estadísticos: el colesterol, el desempleo o los resultados del Mundial de Fútbol se miden en términos cuantitativos y hasta fenómenos "ilógicos" como la guerra o el amor pueden ser analizados o explicados desde esta disciplina.

"La estadística es un fenómeno de posguerra que pega un salto muy alto en la década del 50 -señala Sosa Escudero-. Su actual importancia tiene que ver con una necesidad de la sociedad de ponerle orden al caos. La urgencia de tener mediciones de pobreza, de rating o de desempleo tiene que ver con que dejemos de opinar en forma subjetiva y podamos tomar decisiones sobre bases concretas".

"En ese sentido, la estadística hace dos favores: le pone orden al caos y le presta una pátina científica a los fenómenos, aunque la estadística no el único campo al que la gente acude en busca de validación: también se da el caso de la publicidad, que toma como recurso frecuente a un científico todo vestido de blanco y con un tubo de ensayo para hablar de las virtudes de un producto", apunta.

"Y es cierto que hay abuso o trampa en torno a la estadística, pero cuando hay un uso malicioso se trata ante todo de un problema ético -analiza-. Se pueden tergiversar las estadísticas pero también las interpretaciones, en el mejor de los casos por diversión y en el peor, para manipular. A veces la estadística está bien y la interpretación está mal, y otras están mal las dos cosas".

¿Hay territorios más amigables que otros para la estadística? "La ciencia con lo que más dificultades tiene es con los fenómenos disruptivos. El ser humano, como el resto de los seres vivos, está diseñado para reconocer patrones. La única manera estratégica que uno tiene de confundir al otro es generar un patrón y cambiarlo sobre la marcha", sostiene Sosa Escudero.

"En esa línea, las guerras son un fenómeno que le complica mucho la vida a la estadística y a la ciencia. Hay mucha literatura sobre el tema que intenta predecir conflictos, pero no dejan de ser predicciones en torno a algo que es fortuito -indica-.

Ejemplos de la dificultad para predecir lo complejo son los terremotos y las hiperinflaciones: son fenómenos que ocurren con mucha más frecuencia de lo que querría uno vivir pero con mucho menos frecuencia de lo que querría uno para estudiar".