19/06/2014 narrativa

La estrategia de la paciencia

En Lento regreso, Peter Handke transforma el arte de narrar en un módulo de la paciencia, el nomadismo y el silencio, como en Carta breve para un largo adiós, donde su alter ego recorre un país que no es el suyo, anota, registra, dibuja con un trazo que recuerda a un dibujante zen, los casi imperceptibles cambios en las estaciones, día tras día, y los más espectaculares de las conductas, de las cuales este hombre parece desinteresarse cada vez más.

Por Pablo E. Chacn

El libro, publicado por El Cuenco de Plata, está inscripto en un programa de recuperación de la obra del también guionista y dramaturgo, que con toda probabilidad incluirá la publicación de su último libro, La noche del Morava.

Handke nació en Austria en 1942. Trabajó con el cineasta Wim Wenders en Movimiento falso (quizá su mejor película), en Las alas del deseo y en París, Texas, donde la combinación con la música de Ry Cooder y el paisaje desértico de Nuevo México, se supone inspiraron uno de los más hermosos monólogos de la historia del cine.

La literatura de este hombre -que va del teatro experimental a novelas y ensayos políticos complejos y libros de reflexiones cortas-, a pesar de haber ganado el premio George Buchner, no condesciende a ninguno de los protocolos de la trama, la diversión y el marketing. Handke, que vive en el campo, cerca de París, detesta a su país.

Entre sus libros figuran Los avispones, El miedo del arquero al momento del penal, La repetición, Historia de un lápiz, El chino del dolor, La tarde de un escritor -dedicado a Francis Scott Fitzgerald-, Ensayo sobre el cansancio, Ensayo sobre el jukebox y Ayer, de camino.

Lento... es un recorrido por los Estados Unidos, desde Alaska hasta Nueva York, donde el narrador, trastornado en su identidad (si se la entiende como una suma de identificaciones inconscientes) se asoma al peligro del vacío que implica cualquier regreso. Sin demoras psicologistas, el texto puede considerarse un bildungsroman (una novela iniciática), sin importar la edad del protagonista.

Padre ausente y madre suicida, episodios contados en Desgracia impeorable, el joven Handke es un misántropo, un caminante y un provocador. Alguien deshecho para el consenso y acaso para la vida en común. Alguien que siempre se está yendo. Alguien con paciencia para el acontecimiento.

El acontecimiento también recuperado en su Ensayo sobre el cansancio, en el cual el cansancio es de un orden oscuro, de baja intensidad, de una percepción aguzada para reventar el lugar común del cálculo, el rendimiento y el handicap, avanzadas de una época que prefiere olvidar las tradiciones y perderse en el tráfico global.

Handke camina, hace dedo o anda en ómnibus. La virtud de Lento... es, justamente, ir lento, a la caza de la escucha, del sonido de las placas tectónicas que lo desplazan, lo mueven y comfunden, acaso hasta perderlo y regresar así, iluminado por esa luz cenital, a un planeta donde ya los muertos se cuentan más que los vivos, y aplastan sus cabezas.