17/06/2014 teatro

Empeosa puesta de "La chinche" de poeta sovitico Maiakovski

Un elenco mayormente juvenil logra algunos momentos verdaderamente teatrales en su versión musical de "La chinche", de Vladimir Maiakovski, que se ofrece en la sala El Cubo de esta Capital

Por Hctor Puyo

La acción se desarrolla en una ciudad rusa apenas comenzado el cambio de régimen, donde las contradicciones de clase se hacen ver más que nunca aunque las pautas circunscriban las conductas al proletariado triunfante.

Así, una mujer burguesa se desespera por la compra de unos arenques mientras algún obrero la reta en nombre del Estado por no comprender los nuevos tiempos de austeridad y sobre todo igualdad, lo que no evita que más de uno quiera sacar su ventaja.

El elemento humano se sobrepone por lógica a las pautas políticas y por eso un individuo cansado de la grisura de su vida se casa con la hija de un comerciante, aunque en la fiesta de bodas se produce un gran incendio donde mueren todos.

Por alguna razón más cercana a la imaginación que a la lógica -Maiacovski adhería al futurismo ruso y su obra es lindera de la ciencia-ficción-, el hombre queda congelado a gran profundidad y es rescatado 50 años después para testimoniar lo que el autor pensaba que iba a ser el régimen.

El poeta y dramaturgo, firme defensor de la Revolución rusa, había nacido en 1893 en la actual república de Georgia, el mismo territorio donde lo hizo Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, también conocido como José Stalin y quien habría tenido algo que ver con la decisión de quitarse la vida en 1930.

Hay por supuesto una parte neblinosa donde lo ideológico no alcanza felizmente el habitual linchamiento sobre la ex URSS y su fallido proceso revolucionario, árbol del que todos hacen leña, sino que la versión más bien apunta al humor, a la música y aun al disparate.

Por fortuna hay una lectura previa que reivindica la lucha de los bolcheviques y sus aliados que triunfa en 1917 como "la primera epopeya universal de los obreros por su liberación" -la cita es de memoria- y deja en claro la transparencia de las intenciones. 

En lo formal, hay momentos donde el elenco se embarca en ritmos casi murgueros y en otra se lo ve disfrutar con una versión muy local de "Money, money", ya que el dinero es uno de los motivos centrales de esa comunidad en transición.
"La chinche" tiene un inicio bastante caótico, con una pista sonora grabada que sobrepasa las voces y con la que se sustituye un agradable cuarteto de chelo, violín, acordeón y guitarra que interpreta algún título tradicional -"Kalinka"- y prácticamente desaparece.

Esa pista sonora empleada de allí en adelante es casi protagonista de los números siguientes, que tienen en Diego Castro un animador ejemplar, sobre todo en la primera parte, cuando demuestra un manejo físico y una presencia que le hacen liderar la escena.

Hay también un buen trabajo de Lucía Juana Castro como la novia, encantadora y de buen futuro, Nara Carreira -también directora- como su madre, lo mismo que Claudio Amato como el protagonista y Pablo F. Maini como presidente, en un elenco de casi dos decenas.

Espectáculo en ciernes aunque asumido con entusiasmo, muestra algunos intérpretes bastante bisoños, algo nerviosos y con dificultad para lanzar la voz.