13/06/2014 teatro

Luis Pescetti llega con un espectculo para ver en pantuflas

El cantautor dedicado a recorrer el universo musical de los más chicos, se presentará los sábados de junio en la sala porteña del ND Teatro con "Van ocho veces que te lo digo", espectáculo de canciones y humor.

"En la Argentina tenemos un sentido del ridículo muy acentuado y la idea es que la emoción de la familia por el show empiece en sus casas, viendo qué se van a poner o en el viaje en colectivo, pensando cómo taparse para que no los vean así vestidos", explicó Pescetti a Télam sobre su particular propuesta.

"Y si los chicos o sus padres le hacen caso a la invitación, dentro de 20 años los chicos va a acordarse que fueron con ropa de cama al teatro. Son situaciones que se convierten en clásicos instantáneos", reflexionó el músico sobre la idea que viene de presentarse en México ante 7000 personas.

Pero independientemente de las pantuflas y los pijamas, "Van ocho veces que te lo digo" se presenta "más como un show sobre el humor en la convivencia en familia que un espectáculo infantil": es un tema que identifica a los chicos con los padres en forma directa con situaciones cotidianas que son conocidas por todos.

Nacido en la localidad santafesina de San Jorge, Luis es cantautor, escritor y guionista, disciplinas desde las que despliega una obra tan valorada como consumida.

Entre más de 30 libros de su autoría, destacan los referidos a las historias de Natacha, su personaje emblema, mientras que en materia musical ostenta hits gracias a "Qué público de porquería", "El vampiro negro" y "Tengo mal comportamiento".

Acompañado por Martín Telechanski (guitarras), Martín Rur (clarinete y saxo), Diego Pojomovsky (bajo), y Gabriel Spiller (batería), Pescetti continúa apostando a poner el ojo sobre cosas cotidianas con un repertorio que incluye temas de su último disco "El empezó primero", temas nuevos, tradicionales de campamento y juegos.

Durante los shows que se presentarán los sábados de junio y se repondrán para algún fin de semana durante las vacaciones de invierno, se proyectarán las letras de las canciones, lo que lo convierte en una suerte de ritual de canto colectivo.

¿Es importante que la música genere un efecto en los chicos?
Claro. Siempre transmitís mensajes. El problema es cuando te encontrás con malas canciones y el mensaje se parece a una indicación del partido o a una bajada de línea. Y ahí ya no es un mensaje, es un código de comportamiento, un manual de instrucciones y no sirve. En mi caso, mi mensaje es vitalidad y alegría.

Aún tocando temas que parecían excluyentes en el repertorio de música para niños...
Es que con esas cosas los chicos y los grandes se sorprenden: "Uy, me podía reír de esto"; "Ah! Podíamos cantar sobre ésta otra cosa". Por ejemplo, hice un tema que se llama "Dejame acá", sobre la vergüenza que empiezan a tener los chicos de que los vean con sus padres. Y si vos lo cantás con amor, el mensaje es que "le pasa a todos, es normal y además podemos reírnos de eso".

¿Cómo es el chico actual como espectador?
Los chicos urbanos están hiperestimulados. Los ves con 9 ó 10 años y que si no fuera por ese adelanto de tener que contener la emoción tan propio de la adolescencia, estarían estallados de risa. Son todos modelitos apostando a una cara de que nada los conmueve y me dan ganas de decirles: "¡Vamos! ¡Liberen la respuesta de sus emociones!".

"Es la octava vez que te lo digo" se presenta los sábados 14, 21 y 28 a las 20 en el ND Teatro (Paraguay 918, Ciudad de Buenos Aires).