02/06/2014 antropología

La palabra indígena en primera persona en el nuevo libro del antropólogo Carlos Martínez Sarasola

En "Toda la tierra es una sola alma", el antropólogo recopila la palabra de líderes, caciques, chamanes y educadores de comunidades indígenas del territorio nacional, en un intento por rescatar frases y reflexiones que traslucen las diversas cosmovisiones de estos pueblos, todas ellas atravesadas por una misma concepción sobre la naturaleza y el universo.

 "El siglo XXI será espiritual o no será", parafrasea el antropólogo las palabras atribuidas al escritor y filósofo francés André Malraux. Es a esa idea a la que apunta "Toda la tierra es una sola alma" (Del Nuevo Extremo): la recuperación del discurso indígena, no en boca de otros, sino en ellos mismos, con el acento puesto, justamente, en la espiritualidad.

"La espiritualidad y la cosmovisión son los ejes de las culturas de estos pueblos. En este libro busqué rescatar las palabras desde el punto de vista en el que ellos sienten la espiritualidad, sus pensamientos y reflexiones", explica en diálogo con Télam Martínez Sarasola, autor también de "Nuestro paisanos los indios", un exhaustivo estudio sobre las comunidades del territorio argentino.

"Los rankeles tenemos una cosmovisión, no una religión", se lee a María Inés Canuhé de la etnia ranquel, una de las tantas voces que reúne el trabajo. Al igual que ella, otro puñado de palabras de varones y mujeres de diversas comunidades dejan en claro que hablar de cosmovisión es hablar de cultura, percepciones, historia, tradición, sabiduría.

"La espiritualidad y la cosmovisión son los ejes de las culturas de estos pueblos. En este libro busqué rescatar las palabras desde el punto de vista en el que ellos sienten la espiritualidad, sus pensamientos y reflexiones"

El antropólogo refuerza esta idea, al tiempo que la separa de la de religión ("hace alusión a lo institucionalizado", subraya): "Por cosmovisión se entiende la visión del mundo de estos pueblos, cómo ven, sienten y perciben la totalidad que los rodea y el eje de esa cosmovisión es la espiritualidad".

"Es algo que trasciende a lo institucional y ese es el valor de los pueblos indígenas. Es una sabiduría que ha trascendido en forma oral por miles de años", dice Martínez Sarasola, que publicó este ensayo etnolinguístico y literario en base a frases que recopiló de sus trabajos de campo desde la década del 70 al presente. "Revisité mis propios escritos, los de colegas y hermanos paisanos", comenta.

Dividido en ocho capítulos, cada uno concentra ideas y percepciones de personas con distintas identidades acerca de la naturaleza, lo sagrado, el sentido comunitario de la vida o el chamanismo. Sin embargo, la lectura de todas ellas, refleja en su conjunto una suerte de totalidad, un hilo conductor que las atraviesa de raíz.

"Existen tantas cosmovisiones como pueblos existen", asegura ante todo el antropólogo pero también advierte: "Hay un sin fin de puntos en común entre distintos pueblos y esto lo pude verificar en todo el trabajo de campo. Un mocoví, wichí o mbyá guaraní hablando sobre su modo de ver el mundo son distintas perspectivas que dan cuenta de una misma forma de estar en él, de concebir la naturaleza y el universo".

Según Martínez Sarasola -y la Fundación Desde América a la que pertenece- se está viviendo un tiempo de "convergencias", un encuentro entre Occidente y las comunidades indígenas. "Vemos que hay una evolución de la especie humana, hay un punto que es el actual donde notamos una confluencia de saberes y tradiciones".

"En su momento -indica este académico especializado en la temática indígena- sucedió con Oriente (tradiciones chinas, hindús) y ahora acá hay una vuelta, porque se descubre que hay una sabiduría ancestral que esta abriéndose no sólo para los pueblos indígenas, sino para el resto de las personas".

"Nuestra sociedades se constituyeron en base a la negación del otro y se perdió la posibilidad de enriquecernos", sostiene el antropólogo. Es ahora, apunta entonces, "el momento en el que se está generando el espacio de convivencia, aunque claro siempre cuesta trabajo porque todo no fluye en forma dinámica".

Esa convivencia de la que habla, "la de compartir un nuevo espacio, un confluir con respeto a las identidades de todos", se asoma como resultado de una apertura tanto de los grupos indígenas como los que no, señala Martínez Sarasola, aunque explica que "en un momento de su historia ellos se pusieron de pie".

"`Acá estamos nosotros, hemos sido muy castigados y ya tenemos que formar parte de la sociedad, porque nosotros somos una cultura particular dentro de esta sociedad`" y en este sentido repara el especialista que "diversidad cultural no tiene que ser dos palabras bonitas sino una práctica concreta, una diversidad de la que todos participan, indígenas y no indígenas".

Como las ceremonias que antes se limitaban a ámbitos rurales y hoy traspasan las fronteras, llegan a los centros urbanos e incluyen grupos de plurales identidades; la participación de indígenas en espacios académicos, la creación de cátedras como la de Idioma Originario Quechua en la Universidad Nacional de La Plata o la publicación de sus escritos, "como un recurso más" y no un sometimiento, además de la tradición oral, fuente principal de transmisión. 

"Dejemos de embromar con las diferencias y pensemos en lo que nos une", propone Martínez Sarasola, "un plantador de semillas", como se define, que con este nuevo libro evidencia una vez más que "las condiciones para reconstruir una sociedad de nuevos espacios y convivencia están dadas, donde lo diverso sea la regla".