11.05.2014 12:36
etiquetas esta nota tiene
  • Foto
periodismo científico

Del sabio al nerd, un recorrido por la historia de la inteligencia

11.05.2014

Un recorrido histórico por las dificultades para definir y descubrir qué es la inteligencia, tema que empezó a ser objeto de la ciencia cuando los Estados hicieron masiva la escolarización, es recreado en un apasionante libro del periodista científico Marcelo Rodríguez en un tránsito desde el sabio al "nerd".

Se trata del libro "Historia de la inteligencia", publicado por la editorial Capital Intelectual como parte de la colección "Estación ciencia", dirigida por el periodista científico Leonardo Moledo.

"El valor de la inteligencia se ha desplazado a una cuestión operativa, y la inteligencia artificial ha facilitado este desplazamiento", consideró Rodríguez en diálogo con Télam.

La reflexión que propone el libro establece un recorrido por la sabiduría y la intuición, la caza de brujas, los intentos de medir la inteligencia, el trabajo "inteligente", las neuronas, las computadoras y el fin de la sabiduría.

En opinión del autor, la tradición científica de Occidente se centró casi exclusivamente en la operatividad y el razonamiento lógico cuando se decidió a estudiar la inteligencia.

"Apunto a revisar cómo se construyó el concepto de inteligencia a través de diferentes épocas y culturas, cómo lo construyó la ciencia y qué cosas pensamos sobre ella hoy"
Hablar del fin de la sabiduría refiere a "la reducción de la inteligencia a la cuestión de la computabilidad de datos, el ponderarla meramente por su valor de mercado y despojarla de cuestiones más primarias que pueden tener que ver con cómo vivir", cuestionó.

"En esta revisión histórica, apunto a revisar cómo se construyó el concepto de inteligencia a través de diferentes épocas y culturas, cómo lo construyó la ciencia y qué cosas pensamos sobre ella hoy", planteó Rodríguez, quien escribe en el suplemento "Futuro" que publica los sábados el diario Página/12.

“Historia de la inteligencia” consigna que las mediciones de inteligencia y del coeficiente intelectual nacen con fines claramente discriminatorios, en épocas que estaba instituida la eugenesia y su proyecto de “mejoramiento de la raza” humana.

Eso no niega que los procedimientos para cuantificar la capacidad de pensar y resolver “hayan servido para descubrir la influencia de la educación y otros factores en el desarrollo de la inteligencia, cuando se pensaba que ésta era una especie de número mágico dictado por los genes”.

Pero abonó la idea de que la inteligencia de las personas es algo que se puede “medir” por fuera de un contexto social.

El autor planteó que, a diferencia de otros objetos científicos como el gen o el sistema nervioso, que existen independientemente del sujeto, a la hora de definir qué es la inteligencia “hay una enorme mediación social relacionada con lo que esperamos de ella”.

“Me dio urticaria cuando falleció este genio de la computación que fue Steve Jobs, quien es el inventor de un modelo de negocios que no favorece la distribución igualitaria de los beneficios de la ciencia y la tecnología, y que fue igualado a genios como un (Albert) Einstein y un (Charles) Darwin”, opinó el escritor. 

Rodríguez comentó que, “aunque el racionalismo ha desterrado la visión religiosa, es imposible no identificar algunas cuestiones dogmáticas en nuestras creencias sobre la inteligencia”.

“La visión racional y científica es más eficaz que las demás y los logros de la ciencia están fuera de toda discusión, pero tramitar todo lo diferente como inferior me parece un gran error”, criticó. 

Para Rodríguez, los conceptos de inteligencia dicen mucho del mundo en el que vivimos: “El tema de la inteligencia me interesó porque pone en juego conceptos en los que hay mucho conflicto ideológico y entre lo individual y lo social”.

Estas tensiones se hacen evidentes “en la comparación de la inteligencia del hombre y la mujer, donde los estereotipos son meramente estadísticos”.

“Es cierto que hay bases biológicas, pero muchas veces se busca en este tipo de estudios hacer hincapié en las diferencias, con argumentos que ahora son científicos y antes religiosos, pero son los mismos que en la Edad Media”.

Otro notorio prejuicio, señaló, sería el que asegura que “cuanta más inteligencia, mejor”.

"George Cantor (1845-1918), creador de la Teoría de Conjuntos, estaba convencido de que Dios le dictaba las fórmulas; su inteligencia perfectamente racional y la locura parecían ir de la mano", contó.

La inteligencia racional también se identificaría profundamente con el ansia de poder, lo que según este autor explicaría "la paranoia de que las máquinas, que no son seres sino cosas, algún día nos dominarán: pareciera que a la inteligencia la queremos para dominar no sólo a la naturaleza sino también a los otros". 

"No sé si pensar en otros tipos de inteligencia, como hacían los monjes taoístas: el gran problema de nuestra sociedad es cómo aceptar la diversidad, y el trabajo como periodistas de la ciencia debería tender a aceptar la diversidad aceptando también los beneficios de la ciencia, y que puedan ser para todos", propuso.