08/05/2014 Sebastian Chilano

“Mar del Plata no tiene que preocuparse por los demás”

En Tan lejos que es mentira, el escritor Sebastián Chilano ensaya una vuelta de tuerca sobre sus obsesiones para narrar una suerte de viaje iniciático a la inversa, de manera tal que se cuele una primera persona y unos diálogos que a una velocidad que sólo permiten las frases cortas construidas sin estar subrayadas, retrotraen al narrador a un vacío al que acaso estaba decidido llegar.

Por Pablo E. Chacón

El libro, publicado por la editorial marplatense Letra sudaca, escapa a los formalismos de la crítica académica, concentrada su trama en una historia que se pierde: arena en las manos.
 
Chilano nació en Vicente López en 1976, desde muy chico vive en Mar del Plata; estudió medicina en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), y publicó, entre otros libros, Riña de gallos, La cola del lagarto, El geriátrico y En algún otro lugar.
 
Esta es la conversación que sostuvo con Télam.
 
T : ¿Qué relación -si es que la tiene- tiene esta nueva novela con las que habías publicado? ¿Formal, temática, ninguna de las dos, las dos?
CH : No creo que Tan lejos que es mentira tenga relación con las novelas anteriores en la temática. Aunque hay obsesiones que se repiten, según me han marcado las críticas y comentarios recibidos. Recurre el amor disfuncional, aunque no como eje sino como un accesorio más; también vuelvo a la relación con los padres, a la muerte, al viaje del héroe como iniciación de una acción o en este caso, culminación de una vida. En lo estructural repito un narrador en primera persona, capítulos cortos y diálogos que hacen avanzar la historia. También hay una apuesta y un riesgo: la introducción del Dr. Chilano como un personaje secundario pero necesario. Necesario para la historia, y para el morbo del lector.
 
T : ¿Cómo ha jugado tu formación universitaria para la construcción de las tramas, casi siempre relacionadas a alguna zona del discurso médico?
CH : En mis novelas anteriores intenté esquivar los temas médicos, y cuando no lo hice fue de forma superficial y hasta forzando ignorancia o informalidad de temas cotidianos de la profesión. En esta novela quise contar la historia de un enfermo, desde su punto de vista. La primera persona que cuenta esta historia narra desde el punto de vista de un enfermo terminal que evita -espero- los lugares comunes y golpes bajos. Eso lo decide el lector. Soy consciente que muchas veces mi profesión se entromete en mi escritura. Un ejemplo: le di el borrador de mi última novela a Juan Carrá y entre sus devoluciones venía una nota que decíaa algo así como que un contador no puede saber que el ser humano tiene 7 metros de intestino. Releí el párrafo y estaba ahí: información médica puesta en boca de un contador público nacional. En esos detalles se entromete mi profesión, por suerte los amigos me ayudan a cortar esos brotes que afean el árbol.
 
T : Hay toda una tradición de médicos-escritores: Chejov, Gottfried Benn, Stanislav Lem, Thomas Browne, Rabelais. ¿Estás cerca o lejos de esa raza? ¿Creés que los estudios, se ejerza o no su práctica, condicionan la escritura?
CH : Arthur Conan Doyle, Céline, por sumar otros médicos ilustres a la enumeración. Una lista extensa hicimos alguna vez con Juan Terranova en la sala de espera del primer Festival Azabache y la conclusión de esa noche es la misma que ahora al leer tu pregunta. La profesión condiciona algo en la manera de escribir, en la estructura y en el vocabulario, pero no creo que tengan que ver con el estilo y las historias que se cuentan. Cuando terminé de leer la última página del Viaje al fin de la noche (de L.F. Céline) pensé que esa novela grandiosa no podría ser jamás escrita por un médico.
 
T : ¿Cómo opera esa cuestión en tu última novela?
CH : Negar su presencia en mi escritura seria necio, o contradictorio. Quizás esta novela sea una forma de enfrentar ese monstruo que está siempre espiando sobre mi hombro, incluso ahora, y se retuerce cuando niego la medicina occidental, es decir, cuando niego su existencia.
 
T : Mar del Plata, a tu juicio, ¿está en condiciones materiales, editoriales, de ponerse a la altura de Buenos Aires, Córdoba, Rosario, etcétera?
CH : Mar del Plata no tiene que preocuparse por los demás. Dicen que si uno cuenta su aldea, retrata al mundo. En Mar del Plata existen las mismas virtudes y miserias que en esas ciudades. Hay garcas, iluminados y gente muy generosa. Hay tranfugas, remadores, incomprendidos. También hay escritores. Y hay dos o tres editoriales que saben hacia donde van y qué quieren. Una de ellas, Letra Sudaca, me dio la oportunidad de publicar Tan lejos que es mentira; el agradecimiento no me deja ser objetivo. Tampoco importa, en todos lados las reglas de juego también se corrigen por amistad y favores, y el mundo literario de Mar del Plata no escapa ni pretende escapar a esa verdad. Y hablando de verdad, me gustaría decir que no sé nada de las movidas que existen en Córdoba, Rosario, Bahía Blanca o Balcarce. Poco conozco de Mar del Plata. Entonces todo lo que dije podrá ser usado en mi contra.
 
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