25/04/2014 un instante de verdad irreductible

Una muestra desnuda los archivos de cuando todos ramos sospechosos

El Parque de la Memoria presenta “Archivos del Terror - Apuntes sobre el Plan Cóndor”, una video instalación de Carlos Trilnick diseñada a partir de estos expedientes, que registran violaciones sistemáticas a los derechos humanos.

Por Viviana Ponieman

Más de mil documentos que asientan las operaciones del Plan Cóndor, que puso en marcha una estrategia represiva pactada entre las dictaduras sudamericanas, fueron descubiertos en 1992 en el Paraguay.

Archivos del Terror - Paraguay
Archivos del Terror - Paraguay


Hacia 2009 Carlos Trilnick fue invitado a conocer estos documentos, que se albergan actualmente en el Museo de la Justicia del Poder Judicial, en Asunción. Un edificio construido por el dictador Alfredo Stroessner, al final de su mandato, con el objetivo de establecer los cimientos de la autoprotección, como paragua de la impunidad.

Una paradoja que tanto el curador del museo Osvaldo Salerno como Ticio Escobar, autor de los textos de la muestra y del libro editado por el Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino de Rosario, intentan desarmar, en este caso con una propuesta hacia la visibilidad de estos archivos y con ellos las operaciones del "Plan Cóndor".

El resultado de esta visita, se corporiza por primera vez en esta exhibición, que es a su vez la continuidad de un trabajo que refleja los temas que lo interpelan, que le piden ser nombrados. De ese modo Trilnick elabora una estética de su pensamiento, una reflexión donde la combinatoria entre el discurso y el tratamiento, reflejan una poética propia, que es política de la imagen, un caleidoscopio donde toma posición y partido.

Resabios como esquirlas de un dolor y de un miedo que nunca se disuelve, impulsa al artista, a buscar las diferentes maneras de revelar una historia donde todos éramos sospechosos. Recurre aquí a los archivos del terror del Paraguay que a su vez incluyen al Plan cóndor.
Es difícil trasmitir esos tiempos sin sucumbir ante las atrocidades y el latrocinio.

Instalación Trilnick
Instalacin Trilnick


Pero con estos trabajos y algunos anteriores el fotógrafo intenta, sin estridencias, marcar el terreno.
Exponer el sinsentido de los prontuarios, con una puesta en escena donde un viejo escritorio y una también añeja máquina de escribir, comienza a tipear por su cuenta, una y otra vez, la palabra sospechoso, ante la presencia humana. Pero sin papel, para no dejar rastros…

Esta puesta en escena rodeada de paneles, donde recoge palabras extraídas de esos archivos del terror, organizadas alfabéticamente despliegan las “causas” y las consecuencias de esas persecuciones.

El archivo no es todo, es apenas la evidencia, en este caso “el cuerpo del delito” cometido, ya que los cuerpos no están.
Este montaje nos revela toda una maquinaria que funcionaba aceitadamente.

El sonido continuo del percutir de las teclas, invade el espacio, nos lleva al pasado, como si hubiéramos entrado a la comisaría. Una comisaría con su escritorio emplazado en el medio del mapa de Latinoamérica.

La sonoridad de una amenaza, una letanía cotidiana, que si me apuran me animo a pensar también, en el repiqueteo de una metralla ensordianada.

Trilnick no denuncia sino que enuncia.

Y se puede advertir “la banalidad del mal” a través de los reportes acerca de los “sospechosos”; que en tipografía ampliada organiza un alfabeto que no es suyo, sino del enemigo:

A: a punto de asfixiarse/abogado/actividades de vecinos/actitud sospechosa/actividades políticas/actividades teatrales y musicales/ activista/ adoctrinamiento...

El artista desglosa un abecedario del mal. Y para cada letra dispone de las palabras que encuentra: F: frente único/fue detenida/ fue sometido/ Far- montoneros…

Con la S pone: secuestrado/servicio de inteligencia/ sin compasión/simpatizante/…

En el extenso texto del curador critico y gestor cultural, autor de la Ley Nacional de Cultura del Paraguay, Ticio Escobar reconoce en la obra de Trilnick  “la mortificación del lenguaje” referida por Walter Benjamin: a veladuras, desplazamientos, superposiciones y pausas que impiden que la mirada se acerque demasiado y quede así atrapada en la sola veracidad del relato, o se aleje hasta el punto de que pierda de vista su objeto, seducida por la ilusión de los disfraces”.

En este caso esta metáfora se hace alegoría macabra, para quien alude a la mortificación de los cuerpos.
El corrimiento del lenguaje, las transferencias de una realidad trágica y sangrienta, permite a los artistas trasponer el abismo del terror, y trasmitir algo más que el mero hecho, el agujero negro del desgarramiento.

Captura de Video "Informe Confidencial"
Captura de Video "Informe Confidencial"


“Al anunciar la imposibilidad de la poesía después de Auschwitz, Adorno puso el dedo en la llaga. La pregunta acerca de cómo representar lo irrepresentable ha levantado un fructífero debate que tiene alcances cardinales en el curso del pensamiento contemporáneo”.  Advierte el Director del Centro de Artes Visuales del Museo de Arte indígena del Paraguay.

Hay en el espectro de opiniones las que llaman al silencio radical y las que invocan el deber ético de la imagen a intervenir cuando el lenguaje se paraliza, o enmudece ante lo inefable.

Tal vez Adorno exhortaba a que después de la masacre sólo se puede hacer arte a partir de la herida, afirmaba en su presentación en la Sala PAyS del Parque, quien fue Ministro de Cultura en la Presidencia de Lugo.

“Es más, ante el horror de Auschwitz sólo la poesía (el arte) es capaz de actuar en cuanto, impulsada por la ausencia que guarda, habla desde el lugar de la falta. Sólo el hacer poético puede nombrar lo que no tiene nombre, dar una imagen al silencio” disparó Ticio.

Porque el silencio clausura y mantiene las ataduras del miedo.
El arte como ejercicio de memoria surge de esa grieta de la civilización.


Y Trilnick se enfrenta a esos temas, a ese abismo dando rodeos, intercepta el relato, desarma el discurso.
Que en una producción desarrollada en los años 90, cuando “lo político” la toma de posición y las referencias directas eran poco menos que maldiciones.

Cuando el fin de la historia echaba su sombra también sobre el arte y le sustrajo cualquier intención, exigiéndole tanto el desapego como el “Pensamiento débil” que describe Vattimo. Un paquete bien anudado que deberíamos revisar.

Pero también estas interrupciones e intercepciones del relato, están ligadas o se manifiestan como la ruptura del sentido-político- social y de la vida misma.  Y aquí Trilnick habla o no habla, digamos que oculta, a lo largo de su obra en primera persona.

Es posible que también esa forma del lenguaje, acuse el síntoma del silencio incorporado a fuerza del terror.
Eludir, mimetizarse y ocultar-se  es un reflejo de supervivencia, que te envuelve, que se adhiere y se hizo carne durante la dictadura y después. 

Captura de Video- Trilnick
Captura de Video- Trilnick


La ruptura del lenguaje también es memoria.

Trabajar con archivos reales, y de un peso dramático tan fuerte, es a veces agobiante, donde el autor sólo atina a mostrar, exhibir y de ese modo desnudar. Como la serie de recortes de diarios “Nosotros no sabíamos” de León Ferrari.
 
Pero a pesar del bolero, aquí el tiempo y la distancia operan contra el olvido.  
Y Carlos logra mediatizarlos, agiganta en un abecedario lo primario de ese vigilar y castigar en fichas y prontuarios, en esas operaciones de persecución y espionaje.

Deja al descubierto la jerga básica de la iniquidad, en  esas anotaciones mezquinas, que dicen tan poco y mataron tanto.

Por otra parte en “Informe confidencial” -Video instalación de 3 pantallas y 16 minutos de 2014-  el artista expone en la pared central, en simultáneo una verdad desnuda de archivos fílmicos: cruza el último discurso emitido por radio de Salvador Allende, con un desfile del ejército en Chile en 2012.

“200 años en 60 segundos”, un comercial del City Bank con los ejercicios militares en Perú de 10 países en 2010. EL discurso de Videla en el mundial 78, con la ronda de las Madres de Plaza de Mayo.

Y en las dos paredes a los costados, un “abrazo” de palabras tomadas directamente de los Archivos del Terror de Asunción, que atraviesan las paredes, que se enfrentan y enmarcan al espectador.

Una convivencia temporal que nos alerta a partir del montaje.

El archivo no nos dice nada de las víctimas, documenta una terrorífica realidad, que sólo quienes vivieron y sobrevivieron pueden llenar de humanidad.

La mirada del artista es imprescindible, la posibilidad de expresar y trasmitir la  experiencia de un pasado traumático, que sigue siendo presente, con la voz de quien fue parte, es invalorable y necesaria.



Carlos Trilnick (Buenos Aires, 1957) se fue del Rosario convulsionado al exilio en Israel donde pudo estudiar fotografía y medios. 
A su regreso emprendió un largo camino a dos vías, su producción artística y la docencia, actualmente es Director de la Carrera de Diseño de Imagen y Sonido en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA.

Siempre con una toma posición y una claridad para señalar el territorio. Como parte de una generación diezmada, que necesita dejar testimonio, porque nunca es igual la mirada de quien toma la represión como objeto de estudio, y quien estuvo allí.

Que con un hilo invisible une las piezas, esquirlas de una memoria derrotada, cuando todos fuimos sospechosos.

De ese modo el artista puede ofrecer un “instante de verdad” (Hanna Arendt) capaz de iluminar el abismo como lo haría un relámpago.

La exhibición sigue hasta el 1° de Junio, por el interés despertado en las visitas escolares. En la Sala PAyS del Parque de la Memoria.
Av. Costanera Norte - Rafael Obligado 6745 (adyacente a Ciudad Universitaria), todos los días de 11 a 18.