25/03/2014 Violencia de género

El hijo sano del patriarcado

Hace unos días una chica denunció por violación a un joven integrante del plantel de Independiente. Sin embargo, y más allá de los ribetes particulares de este caso, sería bueno reflexionar sobre cuáles son las condiciones que hacen que, en determinadas circunstancias, un varón se vuelva un monstruo.

Malena Pichot

Por Malena Pichot



Siempre recuerdo el sospechoso suceso por el cual Alejandra Pradón terminó cayendo del séptimo piso de su departamento en medio de una poco esclarecida reunión con ciertos jugadores de fútbol. Lo recuerdo porque me llamó mucho la atención lo que por entonces se escuchaba mucho: “Bueno, Pradón, vos también! Te metés en un cuarto con jugadores...”. De la misma forma, ante la acusación de abuso por parte del intengrante de los Wachiturros a una menor de trece años, a quien habría manoseado en el interior de una combi, la pregunta generalizada era: “¿Qué hace una nena en una camioneta con hombres?¿Por qué se metió ahí?”. La primera condena entonces, la primera culpable siempre es la víctima Ella debería haber sabido dónde se estaba metiendo.

Esta reflexión sólo puede ser el resultado de una cultura que plantea al varón casi como un animal que ante la posibilidad de introducir su pene en algún lado, no tendría que cuestionarse absolutamente nada, porque una fuerza mayor, propia del varón, no lo deja razonar. Por esta  razón, la mujer debería estar al tanto de esta incapacidad del hombre y cuidarse un poco más. La prueba de que una buena parte de esta sociedad sostiene esta concepción del varón es simple: todos juzgamos ferozmente y condenamos a las prostitutas, las mujeres que cobran por sexo forman parte de un escalafón muy bajo en el imaginario social, en la hipócrita jerarquía moral de nuestro mundo; incluso las strippers en un boliche son condenadas bajo la misma moralina, ¿Pero cuánto se juzga a los hombres que las consumen? Nada. No solo no se los juzga, muy por el contrario, se los premia. Ser “putañero” es ser un campeón. “Buenos Muchachos” el programa que puede verse en C5N es sin lugar a dudas la representación arquetípica más perfecta del macho argentino, y tan perfecto es este programa para ejemplificar lo que es una cultura que hasta uno de sus conductores, el adorable y carismático Bambino Veira , fue condenado por abusar de un menor.

"El hombre que viola no es un enfermo mental aislado, no debe ser comparado con un paria, un psicótico que ha quedado fuera de las normas de la sociedad. El hombre violador no es un hijo enfermo del mundo, es un hijo sano del patriarcado."



El hombre que viola no es un enfermo mental aislado, no debe ser comparado con un paria, un psicótico que ha quedado fuera de las normas de la sociedad. El hombre violador no es un hijo enfermo del mundo, es un hijo sano del patriarcado. Vivimos en una cultura que le avala al hombre una actitud de dominación sobre el cuerpo de la mujer en toda instancia, y por esto, un pibe que jamás cometió ningún tipo de delito o locura puede, envalentonado por alguna circunstancia grupal, convertirse en un monstruo, como podemos ver en este corto francés que intercambia los roles en la sociedad y que se ha hecho viral hace unas semanas.

"Mayoría oprimida".


Hace unos días la noticia de los tres jóvenes jugadores de Independiente que se ven envueltos en el “supuesto” abuso sexual lamentablemente no sorprende a nadie  (y digo “supuesto” únicamente porque la causa no ha sido caratulada aún). Benítez dormía en un cuarto con su novia, Zárate entra al cuarto, se mete en la cama mientras su amigo duerme y viola a la novia de su amigo. Esto dice la víctima, la declaración de Benítez concuerda y los mensajes de texto lo dejan más que claro, pero bueno, la causa no ha sido caratulada todavía. En fin.  Los medios, mientras tanto, se desviven en aclarar imbecilidades conceptuales propias de la primaria como si la chica era o no era la novia de Benítez o cuán oficial y serio era el compromiso que mantenían, como si esto de alguna manera modificara la gravedad de la violación. También están los inentendibles periodistas deportivos que se rasgan las vestiduras a favor del club, “Por el amor del cielo, que esto no manche al club! ¡Por favor, por favor, tomemos conciencia! Este escándalo no es de Independiente!”. Ojalá pudiera entender de dónde carajo sale esta indignación estúpida de preocuparse por un club, cuando la integridad de una mujer (les recuerdo a algunos, un ser humano) se vio vejada de esta manera. La palabra “escándalo” no es aleatoria tampoco, la misma no remite a violación, no remite a crimen, no conduce a delito. La construcción “escándalo sexual” remite a fiesta, y en ese sentido está utilizada en todos los zócalos de todos los programas. Muy poco puede escucharse o leerse en la tele la palabra “violación”, quizás porque remita demasiado a lo que ocurrió realmente.

Un problema más tendrá la víctima si encima de todo es bella, entonces ahí sí no caben dudas de que se la estaba buscando. Esta cultura violadora postula que las mujeres bellas deben esperar ser acosadas y abusadas así como también las mujeres fuera de los cánones de la belleza deben sentirse agradecidas por los acosos. El hombre que viola es un problema de educación, el hombre que viola es el resultado de una cultura que pone a la mujer en un lugar de objeto sin voluntad propia, esto es doloroso de aceptar porque, en un punto, nos volvería responsables a todos de las violaciones; y lo lamento, pero así es.

En palabras de Mary Pipher: “Los jóvenes deben ser socializados de tal manera que la violación sea considerada un acto tan impensable como el canibalismo”.