13/03/2014 libro

"Romance de la negra rubia" cierra la triloga de Cabezn Cmara

Con "Romance de la negra rubia", nouvelle sobre una okupa santificada que crea un imperio, Gabriela Cabezón Cámara cierra la trilogía que abrió con "La virgen cabeza", la historia de una travesti que organiza una villa de emergencia, y siguió con "Le viste la cara a dios", el relato de una joven secuestrada por una red de trata de personas.

Por Dolores Pruneda Paz


En un clima exacerbado -policías, helicópteros, sillones lanzados por el aire- una poeta se quema a lo bonzo frente a cámaras de TV para resistir el desalojo del edificio que habita con su comunidad de artistas, y así comienza este relato oscuro que publica el sello Eterna Cadencia.

La narración puede remitir a cualquier barrio urbano, cualquier nota emitida a diario en radio o televisión, pero en esta nueva vuelta de Cabezón Cámara adquiere cualidades míticas y bizarras, de humor negro, cuando la mujer, con su cuerpo deformado por las llamas, se convierte en heroína del pueblo, gana poder y, además de enamorarse de una gringa rubia, construye un imperio inmobiliario para darle tierras a los suyos.

La historia -que incluye jueces, políticos, performances sociales, Bienal de Venecia, instalaciones humanas y mucho arte- comenzó hace más de 12 años para su autora, cuando en el marco de la denominada crisis de 2001 vio en un diario la foto de un joven prendido fuego en medio de un desalojo.

"El estaba en el centro de la imagen y a ambos lados, saliendo de cuadro, se veían botas de milico. Ese es mi recuerdo", cuenta a Télam la escritora.

"Alguien -reconstruye-, imagino que un juez, imagino que por un juicio que habrá iniciado el Estado, porque eran viviendas sociales, ordena desalojarlos; en ese momento ese pibe, que se llamaba Rubén Arias, 31 años, canillita, dice `si entran me prendo`, la cana entra igual y la foto es cuando salen corriendo porque el tipo está en llamas".

"Imagino que el tipo habrá andado unos metros y lo habrán apagado con una frazada como ocurre siempre" y lo cierto -continúa- "es que lo llevan al hospital, agoniza 13, 14, 15 días... y cuando se muere hay una batalla campal entre la Policía y los desalojados pero al tiempo la Justicia decide darles las casas a esas mismas personas, con la condición de que formalicen sus vínculos".

La segunda foto -la que termina de obnubilar a Cabezón Cámara y le da esa impronta escénica a toda la nouvelle- muestra unos tablones con caballetes "con mucha gente y como arroz cayendo".

"Un delirio -dice todavía con cara de sorpresa-; los funcionarios se portaron como Zeus y Apolo, como un dios antiguo que dispone algo y como hay sacrificio humano graciosamente acepta la ofrenda y otorga el don", en este caso las viviendas.

Lo que hay en este libro "son impresiones salvajes, un registro de clima contemporáneo, no soy analista, veo que todo sigue funcionando como en la antigüedad y que el sacrificado, la víctima, el cadáver -en ciertos casos, porque en muchísimos otros no tiene ningún valor- es tomado como símbolo, y hay una lucha entre distintos sectores para apropiárselo y darle significado".

El libro reproduce el mito de origen en un contexto contemporáneo y describe la construcción del héroe popular .

institucionalizado, el que responde a su comunidad y a algún sector de los poderes de turno pero que no es contracultural.
Ella, la protagonista, dice, "es una especie de descerebrada, está pasada de rosca, reloca y va aprendiendo cómo construir poder político para beneficiar a su comuna y a sí misma con el tiempo; así como de qué se trata el amor de la comunidad, de esa gente que la espera y cuida".

Pero es su condición de sacrificada, remarca, la que la vuelve valiosa en ese mercado de símbolos y afectos, "eso la vuelve solicitada y le permite negociar", reflexiona sobre el cierre de la trilogía que recupera la sustancia del romance y lo mítico como una sonoridad casi cantada.

"Me gusta esa cosa popular de contar historias en verso, una palabra lleva a la otra y queda un ritmo y una música sonando en la cabeza", dice la autora sobre el juego que enunció con los versos de la ópera cumbia de "La virgen..." e instaló en los octosílabos de "Le viste..".

Pero en esta última historia no hay arrepentimientos ni éxtasis místico; hay redes sociales -Facebook, Twitter-, puesta en escena para la exposición pública masiva y personas que se dan cuenta de cuánto les conviene el martirizado: "La pregunta es cuánto valen estos muertos y de quién son -subraya Cabezón Cámara-; cuánto vale el show en esta sociedad del espectáculo; qué vale tu vida si no te están mirando".