24/02/2014 junio de 2013

Una retrospectiva de Pez Vilar en Tigre con sabor a despedida

Bajo el título "El color de mis noventa años", en junio del año pasado, el artista -que murió en su casa de Punta Ballena (Uruguay)- presentó una retrospectiva en el Museo de Arte de Tigre, localidad donde además construyó una casa que funciona como correlato arquitectónico de su célebre Casapueblo.

"Son muchos años, da escalofríos pensarlo, pero vamos a ganar el partido, vamos a prepararnos con aquella valijita de cartón que me regaló mi madre para llevar la merienda al colegio", aseguró el artista durante su recorrida por la muestra de cien obras que bajo la curaduría de María Deluziani sintetizó su versátil legado artístico.

 
"Vamos a llenarla con colores y pinceles y vamos a enfrentar ese largo callejón interrogante que nos espera en un viaje sin regreso, y decirle a la vida que se fue: chau, querida, gracias por haber vivido lo que viví, gracias por estar hoy junto a ustedes, y gracias por Dios que siempre me apoya cuando digo el padre nuestro", apuntó.

La ocasión fue un pretexto para que Páez Vilaró -quien realizó la recorrida inaugural en compañía del músico Horacio Guarany- diera cuenta de la génesis de sus obras, atravesadas por la fuerte impronta de la naturaleza y un tributo a los fondos blancos.

"Yo vivía en Montevideo, en una casita blanca de techos colorados, muy cercana a la playa. Todos los días bajaba a la arena, miraba hacia el horizonte y creaba en el espejismo la ciudad de Buenos Aires, `cómo me gustaría conocerla`, me decía. Eso nos pasa a todos los uruguayos, es el primer puerto que tocamos".

"Un día tomé coraje y decidí hacer un largo viaje, entonces me acerqué a la playa con este dedo pulgar gordo, saqué un copo de espuma de la cresta de la ola, me hice la señal de la cruz, y me dije: `esta es la tuya Carlos, tenés que partir`", recordó el artista.

"Ahí comenzó mi largo viaje hacia los países, los dialectos y los idiomas; me enredé con todos ellos en las selvas africanas, en los mares del sur, donde fuera que pisara quería dejar un testimonio", evocó.

Páez Vilaró se refirió también al hallazgo del predio que derivaría en la construcción de su residencia Casa Bengala, planteada en continuidad estética con Casapueblo, el complejo arquitectónico que construyó en Punta Ballena (a 14 kilómetros de Uruguay) a fines de los 60.

 
 "Con mi mujer, recorriendo las callecitas de Tigre, detrás de un matorral descubrimos una antigua casa de madera, muy caída de hombros, y nos dijimos mirándonos a los ojos que esa casa era digna de Hemingway. Hicimos lo imposible para adquirirla y, teniendo de testigo a un perro de tres patas y a un búho que me miraba con un solo ojo, la construimos e hicimos una familia", recordó.

"Casa Bengala", la residencia que construyó en Tigre a partir de los cimientos de una pequeña vivienda de estilo ferroviario que data de 1889, ocupa una superficie de 700 metros cuadrados repletos de arte y fragmentos de las historias vividas por este aventurero.

"Tigre es un lugar tocado por la mano de Dios -señaló alguna vez Páez Vilaró-, pero no sólo por su geografía, sino también por los seres que habitan esta tierra, tan únicos, tan fraternos. Más que las islas, es el abrazo con la gente lo que vale, la solidaridad, el hecho de poder tocar un timbre y que se abra una puerta mágicamente para atenderte. El Tigre mantiene ese señorío que sólo se hereda".