21/02/2014 Castro Barros

El Castillo de Dionisio en La Rioja mezcla arte y senderismo

El pueblo de Santa Vera Cruz, el último del departamento de Castro Barros en el norte de la provincia de La Rioja, guarda en sus entrañas una de las más enigmáticas y singulares construcciones, tanto por su arquitectura como por su particular historia: el Castillo de Dionisio.

Por Alejandro San Martn

Para llegar hasta el sitio se recorre un camino enmarcado por cerros, el verde de los nogales y las figuras casi humanas de los cardones, a unos 2.000 metros sobre el nivel del mar.


El castillo es una particular interpretación de mitos y leyendas con reminiscencias budistas, hinduistas, cristianas e islámicas que se confunden en figuras geométricas producto de la imaginación sin límites de Dionisio Aizcorbe, un santafecino que hace 40 años se instaló en la zona para vivenciar su filosofía de vida.

Hoy el lugar es el hogar de Pedro Armando Fernández, un bonaerense que apostó a recuperar el sitio y ponerlo al servicio del turismo, ofreciendo el atractivo de visitar un lugar encantado así como la posibilidad de realizar actividades de trekking y excursiones por el majestuoso paisaje del cerro de Velazco.

"Es un lugar mágico lleno de esculturas de distintos tipos, donde se mezcla el mito y la realidad. Dionisio lo tuvo hasta 2004, año en que fallece, y el lugar queda abandonado durante 5 años hasta que lo compré y me mudé para preservar esta maravilla", contó a Télam el actual propietario del castillo.

Entre los laberínticos senderos se pueden observar, por ejemplo, un monumento que homenajea a la mujer, una parrilla donde se adivina la serpiente que sostiene a Buda, y una imagen de Osiris en roca, entre otros elementos alegóricos.

"Dionisio, que era carpintero, no inventó nada, sino que lo trasladó todo al arte. Vino acá a los 53 años y siguió con su obra hasta que murió a los 84 años. Hizo todo esto por una cuestión filosófica", detalló Fernández.

Santa Vera Cruz es el pueblo más verde y con más agua de la zona. Actualmente, este poblado donde los picapedreros de un siglo atrás recogían la materia prima de un suelo generoso en rocas, y con el que fueron construidas las iglesias y casas de otros pueblos vecinos, cuenta con un poco más de 100 habitantes.

La abultada vegetación de los cerros del cordón oeste de Velazco, que sirven de escenografía natural al castillo, invitan a realizar distintas actividades de senderismo, trekking, o a la meditación y la contemplación.

Para poder estar aún más cerca de la naturaleza, Pedro Fernández ofrece una serie de actividades de trekking o senderismo que van desde un circuito corto -de aproximadamente una hora de duración-, conocido como el Sendero de los Morteros, y un circuito largo -unas 2 horas de caminata-, al Peñón del Cóndor, donde se asciende a las alturas hasta llegar a las condoreras.

También se ofrece la posibilidad de realizar un circuito nocturno donde, en un descanso en el camino, los visitantes se reúnen alrededor de un fogón bajo un cielo iluminado por infinidad de estrellas, disfrutando de una ronda de mate y de las hstorias que bien sabe contar el siempre amable anfitrión.

"A todas estas ofertas turísticas le podemos agrgegar las clases de yoga, que dicta una profesora en la materia, y la visita al pequeño museo que he conformado con muchos de los objetos que ha juntado Dionisio a lo largo de su vida en el castillo", precisó Fernández.

Será el momento de franquear nuevamente la entrada de este castillo surrealista, pasar junto al inmenso barco de piedra estilo vikingo construido por Dionisio, y pensar en volver a disfrutar de una experiencia única y energizante.
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