09/02/2014 Argentina, fuera de los Mundiales

Un mundo sin cracks criollos

Desde hace 40 años los argentinos nos acostumbramos a participar en los mundiales y a ser candidatos al título. Pero hubo un tiempo en el que la selección no era tan importante para los dirigentes y en varios mundiales nos convertimos en los grandes ausentes. .

Eduardo Cantaro

Por Eduardo Cantaro



¿Qué pasaría si la AFA decidiera no enviar al equipo a Brasil 2014? ¿Es posible pensar siquiera que jugadores como Messi, Higuaín, Agüero o Di María se queden afuera de un Mundial? Hoy es inimaginable que Argentina decida no concurrir a la gran cita teniendo, además, un  plantel plagado de cracks, sin embargo, durante muchos años en el fútbol argentino las cosas fueron bastante distintas.

En 1936 Jules Rimet, presidente de la FIFA, junto a otros dirigentes connacionales con mucha influencia en el fútbol, decidieron que la Copa Mundial de 1938 se iba a jugar en Francia, aún cuando la Federación Francesa de Fútbol no estaba de acuerdo con organizarla.

En la pugna estaba Argentina, que había dejado de lado su candidatura para organizar la primera Copa, en 1930, porque se había acordado hacer los mundiales de manera alternada entre Europa y Sudamérica. Cierto es que nada se había firmado, y de eso se agarraron los franceses para llevarse la tercera edición del torneo.

También es cierto que en aquel entonces, y con los cañones listos para el comienzo de la Segunda Guerra, Rimet suponía que ese podría ser el último mundial y utilizó todos los poderes que la envestidura presidencial de FIFA le daba para quedarse con la sede. En la elección realizada el 13 de agosto de 1936, tras los Juegos Olímpicos de Berlín, Francia obtuvo 19 votos mientras que Argentina apenas 4.

Los dirigentes argentinos se retiraron ofuscados y anunciaron que no participarían del Mundial. Tal negativa se hizo oficialmente el 3 de abril de 1937.  El público argentino, sin embargo, quería al equipo en la competencia internacional: un conjunto del cual estaba enamorado y que había ganado el Sudamericano unos meses antes.

“No le puedo asegurar que vayamos a ganar la Copa', le dijo Valentín Suárez a Juan Domingo Perón. Había que contestar el pedido desesperado de los brasileños que deseaban la participación argentina."


Las protestas no se hicieron esperar y la puerta de la AFA se vio invadida por cientos de hinchas que pedían a los gritos ir al Mundial de Francia. La protesta terminó como terminaban todas las protestas en la década del 30: llegó la policía y empezó la represión.

No fueron en vano los pedidos de la gente porque los dirigentes reconsideraron la renuncia y se inscribieron el 26 de octubre de se mismo año.

El 7 de noviembre la FIFA aceptó la inscripción de Argentina, pese a que llegó fuera de tiempo. La condición era jugar un partido eliminatorio con Cuba, en París.

El 4 de febrero de 1938 se conoció el nombre del DT que se haría cargo del equipo: Hemérico Hirschl. También la nómina de jugadores argentinos, entre los cuales había cracks de la talla de Carlos Peucelle, José Manuel Moreno, Adolfo Pedernera, Vicente De La Mata y Antonio Sastre. Sin embargo, los clubes de primera división, que no querían entregar a los jugadores, empezaron a presionar para que se revocara la inscripción. Así, después de varias idas y vueltas, y tras una votación que finalizó 25 a 6, Argentina decidió no participar del Mundial.

Esa generación de jugadores deslumbró a Sudamérica en los torneos que se jugaban de este lado del mundo, el lado que no sufría la guerra. Mientras en Europa los muertos se contaban de a millones, los torneos Sudamericanos coronaban a una selección albiceleste que arrasaba a sus rivales, ganando cuatro de las cinco Copas América entre 1941 y 1947.
Cuando la paz volvió a reinar en el Viejo Continente, la FIFA se reunió en un Congreso en Luxemburgo, en 1946, para reiniciar la máquina de los mundiales. Allí se decidió que Brasil, el único candidato que se había presentado, organizara la cuarta Copa Mundial en 1949, fecha que luego se rectificó para el año 1950.

Argentina vivía la década dorada del fútbol y si hubieran existido los mundiales de 1942 y 1946, seguramente estaríamos contando la historia de algún título brillante. Pero además había ruido de reclamos por parte de los jugadores, que no eran atendidos por los clubes.

Juan Domingo Perón había adoptado al deporte como ariete para su gobierno y se relucía con orgullo la medalla dorada que el maratonista Delfo Cabrera había traído desde los Juegos de Londres, en 1948. Eran conocidos los créditos que el estado le entregaba a los clubes, tal vez por eso se sintió traicionado cuando Futbolistas Argentinos Agremiados “le hizo” un paro cuando faltaban 5 fechas para terminar el campeonato de ese año. Los futbolistas, liderados por Adolfo Pedernera y Fernando Bello reclamaban entre otras cosas, un sueldo mínimo y el reconocimiento del gremial.

A principios de 1949, la Dinmayor, que era en ese entonces la liga profesional de Colombia, aprovechó esta crisis y se llevó a los mejores “players” del fútbol argentino, tentándolos con onerosos sueldos y sin pagarle a los clubes argentinos. La Dinmayor no era reconocida por FIFA y generó un éxodo enorme; más de 50 argentinos que eran figuras en sus equipos, ahora eran parte del campeonato colombiano. Nadie hizo nada para detener esa sangría que perjudicaba a todos, excepto a los jugadores que se iban.

A comienzos de 1950 la AFA decidió renunciar al Mundial. La razón oficial fue “la inamistosa actitud de los clubes brasileños, que no permitieron que el club Bangú (que estaba de gira) se enfrentara con clubes argentinos.” Pero en realidad la selección había quedado diezmada después de la ida masiva de jugadores. Si bien quedaban algunas figuras como Norberto “Tucho” Méndez, Ángel Labruna y Félix Loustau;  una larga lista  de cracks, Alfredo Di Stéfano, José Manuel Moreno, René Pontoni, Rinaldo Martino, Adolfo Pedernera y Pipo Rossi, ya no podían ser convocados.

“No le puedo asegurar que vayamos a ganar la Copa”, le dijo Valentín Suárez a Juan Domingo Perón. Había que contestar el pedido desesperado de los brasileños, que en un último intento, habían enviado al Secretario de la CBD, para convencer a los argentinos que participaran. El brasileño se volvió a Rio de Janeiro con una nueva negativa.

Para Suiza 1954 directamente no hubo inscripción, pero conscientes de que había que ver cómo estaba el fútbol mundial, los dirigentes enviaron al DT, Guillermo Stábile, a sacar conclusiones sobre los posibles rivales de la siguiente Copa. “Podemos ganarle a cualquiera”.

Esa fue la última negativa dirigencial a los mundiales, que ya empezaban a concitar el interés mayúsculo que hoy tienen.
En Suecia 58 y Chile 62 las actuaciones fueron de discretas a malas, sin pasar la primera ronda; en el 66 el mito nacional del ganador moral tuvo uno de sus capítulos más célebres con la eliminación en cuartos de final contra el local Inglaterra. El fracaso en la eliminatoria para  México 70 y la pobre actuación en Alemania 74, marcarían también, el fin de un ciclo vinculado a la relación de los jugadores con la selección nacional. Otros serían los aires  que soplarían a partir de allí

Pero hubo un tiempo -remoto ya, y hasta inconcebible- en que jugar los mundiales no era prioridad y en el que, aunque Argentina contaba con futbolistas que estaban entre los mejores del mundo, en la fría mesa de una reunión de dirigentes, se decidía no participar.